Una carretera que discurre entre las últimas huertas de Valencia

Una carretera que discurre entre las últimas huertas de Valencia
Damián Torres

Pilar Almenar reivindica el Camí Vell de Godella

M. LABASTIDA

A menudo nos fijamos en espacios en concreto y despistamos el camino que nos conduce a ellos. Y en ocasiones ese camino puede ser más atractivo incluso que el destino final. Conviene prestar atención a la ruta, disfrutarla, apreciar cualquier detalle. Hemos pedido a distintos profesionales, habitantes todos ellos de Valencia, que compartan un emplazamiento no tan popular de Valencia pero que ellos estiman como si fuese un representativo monolito o un reclamo indiscutible. Y ese enclave puede ser, por qué no, un camino.

Así lo piensa la periodista Pilar Almenar que se inclina por elegir una vía a la que recurre para relajarse, para dejarse llevar, para desestresarse. Ese es su 'secreto' mejor guardado.

«Se trata del Camí Vell de Godella. Es una carretera muy estrecha flanqueada por ramales de la acequia de Montcada y que discurre entre las últimas huertas de Valencia. La carretera está muy cerca de mi casa y la conecta con los pueblos del norte. Desde esta carretera (por la que se puede circular también a pie o en bici) se ve la ciudad inmensa avanzando hacia el campo y la estampa impresiona mucho», revela.

«La utilizo algunas veces a primera hora de la tarde cuando vuelvo de trabajar y en cada estación regala unos colores diferentes: el añil de las coliflores, el verde rabioso de las cebollas... Y olores: desde el polen o la tierra mojada cuando llueve, hasta el estiércol (sí, la naturaleza no tiene por qué oler a ambientador). Me gusta circular despacio (si te embalas te caes al agua), con las ventanillas bajadas y escuchando canciones que me gusten», apunta.

«Un secreto: he llegado a parar antes de empezar la carretera para buscar la canción exacta que me apetece ese día. Ese espacio me conecta con mis raíces, con mi familia trabajando esas mismas tierras cuando yo era una canija. Todavía saludo con la mano a algunos vecinos labradores que me conocen. Esta carretera es un regalo valioso y un secreto bellísimo. Disfrutadla, valoradla y respetadla. No la masifiquemos ahora... por favor. Es un paraíso, no una autopista», confiesa.

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