Las sorpresas de las callejuelas que dan a la avenida del Oeste

Las sorpresas de las callejuelas que dan a la avenida del Oeste
Irene Marsilla

Begoña Rodrigo se deja fascinar por las mercerías que sobreviven en Valencia

M. LABASTIDA

Perderse puede ser un placer siempre y cuando no andes apresurado y dispongas de tiempo suficiente para dejarte sorprender por los lugares que encuentras. Lo malo de las rutas completamente estructuradas y diseñadas al milímetro es que dejan poco espacio para las sorpresas. Eso sí, cuando uno es nuevo en una ciudad conviene que pregunte por dónde perderse. Hemos pedido a distintos profesionales, habitantes todos ellos de Valencia, que nos aconsejen zonas que estimen, que bien podrían servir para esta función.

Begoña Rodrigo es cocinera, está al frente de La Salita (en la calle Séneca) y de Nómada (en el centro comercial Bonaire). Cuando su trabajo se lo permite es de las que tiene la costumbre de dejarse llevar por vías menos frecuentadas de la ciudad.

«El lugar donde suelo perderme para desconectar por completo de mi rutina diaria son las callejuelas que dan a la avenida del Oeste, y en concreto las mercerías que por allí hay. Mi madre trabajo desde los 14 años en una mercería. Mi abuela siempre fue modista, no sabía cocinar, pero era capaz de estar sin dormir para que al día siguiente fuera la más guapa de la fiesta. Siempre me impresionó la capacidad de transformación de un trozo de tela , y el hecho de poder tunearla con piezas de mercería me fascina«, explica. 

«Yo suelo hacerlo en mis ratos libres, me encanta tunear zapatos, sombreros, vestidos, bolsos... y por eso me pierdo de vez en cuando. Es un trabajo artesano, por mucho que cambien las tendencias, el modo de operar siempre será el mismo y me fascina la capacidad humana para transformar cosas, creo que son un auténtico reflejo de la personalidad. La mercería va mucho más allá de las lentejuelas y las plumas... créeme«, asegura la chef. 

Más lugares secretos