Una familia humilde con vida de okupas

Maite y Gabriel. /LP
Maite y Gabriel. / LP

Los servicios sociales habían abierto un expediente por los problemas mentales de los padres y la desatención a los niños

J. A.MARRAHÍ / VANESSA HERNÁNDEZ

Paradójicamente, el lugar es una isla de miseria en medio de dos de las urbanizaciones de chalés de mayor prestigio de Valencia: Campolivar, en el término municipal de Godella, y Santa Bárbara, en el de Rocafort, ambas separadas por la carretera de Bétera a Godella.

El lugar en el que habitaban los dos pequeños muertos este jueves ni siquiera tiene un nombre, como cualquier otra calle. A él se accede por un camino de piedra sólo apto para todoterrenos oculto por un campo de olivos abandonado y una agreste vegetación de matorrales que se eleva más de un metro sobre el terreno. Parte de la calle Ponent y está a muy pocos metros de un prestigioso colegio de enseñanza en inglés de Rocafort. De nuevo, el contraste entre lujo y miseria.

La casa donde vivía la familia.
La casa donde vivía la familia.

La casa linda con una nave abandonada de paredes rotas que se caen a pedazos. En un agreste terreno, los padres habían construido un pequeño patio de juegos en los que se apreciaba un columpio y un tobogán. Sólo una valla metálica y unas ramas colocadas a modo de cerramiento impiden, a duras penas, el acceso desde el exterior. Por en medio, sillas de plástico desperdigadas. Y este era el entorno en el que los niños habitaban.

Los padres eran conocidos en el municipio de Rocafort, que es donde acudía al colegio el mayor de los pequeños. «En realidad no habían llamado la atención por nada en particular. Estaban relativamente integrados, con la niña escolarizada, hasta que dejó de acudir a clase a mediados del mes de febrero. No consta ninguna denuncia, ni delito de lesiones previo, ni denuncias.... nada. Tampoco nadie podía esperar algo así», detallaron fuentes municipales de esta localidad de l'Horta consultadas este jueves.

LAS PROVINCIAS preguntó al Ayuntamiento de Godella si desde el departamento municipal de Servicios Sociales se tenía conocimiento de la situación de esta familia y si se había abierto algún tipo de expediente, bien de atención o soporte hacia estas personas o sobre una posible retirada de la custodia de los niños. El Consistorio declinó hacer ningún tipo de declaración y no llegó a confirmar ni a desmentir ninguno de estos interrogantes. Según fuentes de la investigación citadas por Europa Press, los servicios sociales habían abierto un expediente debido a los problemas mentales de los progenitores y la desatención hacia los menores que podía conllevar a la retirada de la custodia

Algunos vecinos de la zona coincidieron en que el aspecto de los niños «era muy descuidado». Hasta el punto de asegurar que «el carro de la pequeña parecía sacado de un contenedor», como lamentó una mujer junto al escenario de la tragedia. Wen, vecina de Rocafort y con algo de trato con la pareja se llevaba las manos a la cabeza al recordar cómo estaban viviendo los pequeños. «El niño iba comido de suciedad hasta arriba y, a veces, descalzo».

Según fuentes de la investigación, el consumo de drogas también estaba presente en la pareja, una circunstancia que siempre acaba salpicando a los hijos y que, como es lógico, es detonante de las intervenciones sociales más urgentes a la hora de apartar a menores de padres problemáticos con riesgo. Al parecer, el mayor de los hermanos fallecidos había estado escolarizado en un colegio público de Rocafort. Ninguno de los consultados supo aclarar si la familia había solicitado o estaba percibiendo algún tipo de ayuda por la precaria situación en la que habitaban.

Crimen de los niños de Godella