Consternación, llanto y desconcierto entre vecinos y estudiantes

Un guardia civil inspecciona una papelera en Rocafort. / lp
Un guardia civil inspecciona una papelera en Rocafort. / lp

El rastreo con más de 100 efectivos coincide con la salida de los escolares de un colegio privado de Rocafort

J. A. MARRAHÍ VALENCIA.

Alegría de un día festivo en la antesala de una tragedia. La organización de los dispositivos de rastreo de los menores desaparecidos coincidió, de lleno, con la salida de niños del colegio Cambridge House de Rocafort, que está situado a menos de 200 metros de la vivienda ruinosa foco de la investigación.

«¿Qué pasa mamá», «¿por qué hay tantos policías y bomberos?», «por qué llevan muchos perros?», fueron algunas de las preguntas que fluyeron desde la natural curiosidad infantil. Los niños salían de los festejos propios de Fallas en el centro, donde estudian un centenar de escolares. Algunos iban todavía ataviados con blusones, otros con pañuelos, muchos lanzando 'bombetes'...

Muchos padres tampoco tenían en ese momento una idea muy clara de lo que estaba pasando o de la gravedad del asunto. «¿Oiga sabe usted por qué es todo esto?», peguntaba una madre con dos niñas a un apresurado agente de la Guardia Civil. «No le puedo decir...». A medida que las noticias apuntaban a un caso criminal, los padres caminaban apresuradamente en un intento de apartar a los pequeños de un asunto escabroso.

Y es que el despliegue era inmenso y copaba las afueras de dos términos municipales: Godella y Rocafort. Según el delegado del Gobierno en la Comunitat, Juan Carlos Fulgencio, más de un centenar de efectivos se juntaron muy cerca del colegio y de la casa ocupada de la familia para coordinar las tareas de búsqueda. Guardia Civil y Policía Nacional de los múnicipios próximos, miembros de Protección Civil, policías locales, bomberos municipales y del Consorcio Provincial de Valencia, especialistas en montaña, buceo y perros adistrados... Batieron campos abandonados, matorrales y cultivos en un amplio radio ante la mirada desconcertada de residentes del pueblo de Rocafort, Santa Bárbara y Campolivar.

Sobre las 18 horas, algunos amigos de la pareja se presentaron en el camino precintado de acceso a la ruinosa casa ocupada. «No quiero declarar nada», decía una mujer antes de romper a llorar. Muchos jóvenes de las urbanizaciones se acercaron también a curiosear, móvil en mano, las rateas de investigación.

Crimen de los niños de Godella