El grupo de amigos del capitán

Rafa Martínez, sonriente, posa con Dubljevic y el trofeo de la Eurocup en el vestuario. / LP
Rafa Martínez, sonriente, posa con Dubljevic y el trofeo de la Eurocup en el vestuario. / LP

Rafa Martínez recibe el consuelo de sus compañeros en la fiesta de celebración | El escolta catalán recupera la sonrisa por las numerosas muestras de cariño tras dejar la pista entre lágrimas al quedarse fuera de la final

JUAN CARLOS VILLENAVALENCIA.

La imagen de Rafael Martínez Aguilera abandonando el parquet de la Fonteta a lágrima viva mientras los 8.000 seguidores que abarrotaban las gradas, y muchos de ellos la pista, le despedían coreando su nombre será una de las que pervivan a lo largo de los años. De esas que cuando se recuerde el título de la Eurocup de 2019 siempre vengan a la cabeza. Los amigos en un vestuario tienen la misma función que los de la vida real. Son un espejo. Los amigos están para consolar al que lo está pasando mal. En cuanto el capitán llegó al vestuario le cambió el rostro y le brotó de nuevo la sonrisa al ver a su segunda familia celebrar a lo grande el cuarto trofeo europeo de la entidad.

Dubljevic prefirió no salir en la foto de la alzada de la copa para que el catalán recibiera toda la gloria

Esa imagen, la de sus compañeros animándole, acompañó el resto de celebraciones tanto en la cena que tuvo la plantilla como en la posterior fiesta. Rafa Martínez es una leyenda del Valencia Basket, y no sólo por sus cinco títulos y diez finales, que también, sino porque todos sus récords numéricos están acompañados por una personalidad cercana, humilde y de familia trabajadora que cautivó a la grade la Fonteta desde el mismo instante que pisó el parquet del pabellón. El grupo de amigos del catalán también está integrado por los aficionados que viven de forma más cercana el día a día del club. Ellos también contribuyeron en la madrugada del martes a que la sonrisa, esa que le caracteriza, volviera al rostro del escolta de Sampedor. «Eres eterno, siempre serás uno de los nuestros», le comentó uno de ellos poco antes de que repitiera el enésimo abrazo con Bojan Dubljevic. La conexión entre el español y el montenegrino es especial. Casi de hermanos, palabras mayores para un Rafa Martínez que adora a los suyos. La iconografía de los últimos títulos del Valencia Basket podía hacer pensar que los dos levantarían el trofeo pero una buena forma de pasar el disgusto fue ver al capitán alzando a la eternidad la copa que acredita al club como tetracampeón de Europa. Sus amigos del vestuario nunca le dejarán en la cuneta.

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