Poco estudio y mucho Instagram

Beatriz M. M., el viernes, a su salida de los juzgados de Picassent. /JUANJO MONZÓ
Beatriz M. M., el viernes, a su salida de los juzgados de Picassent. / JUANJO MONZÓ

La acusada de suplantar identidades no acabó Bachillerato pero dominaba internet | La amiga a la que enviaba amenazas como si fuera su exnovio la define como «obsesiva» y se siente «engañada por una gran mentirosa»

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

Capaz de adjudicar mensajes amenazantes a un joven que, en realidad, no los mandaba. Capaz de engañar a la propia justicia. Capaz de hacer que chicas acudan a una tetería a un encuentro a ciegas con un supuesto 'instagramer' italiano para manosearlas. Capaz de usar una tarjeta sustraida para alojarse en un hotel de lujo. Son algunas de las acusaciones que pesan hoy sobre Beatriz M. M., la joven de 22 años cuyas presuntas maniobras telefónicas han hecho que el exnovio de su amiga Julia haya acabado detenido injustamente seis veces en pocas semanas como sospechoso de acosarla.

Pero, ¿quién es Beatriz?, ¿cuál es su historia? La esboza precisamente Julia, la joven universitaria que durante el último año ha sido su amiga íntima. Ahora se siente «engañada» por una persona a la que define como «obsesiva y con una capacidad de fingir propia de una actriz. Una gran mentirosa».

Marc.
Marc. / J. MONZÓ

Beatriz nació en Valencia y tiene 22 años. Es hija única de un padre que falleció y una madre con la que, según Julia, «ya no tenía vínculos». Estudió en un colegio religioso y en otro centro de Valencia, «pero no llegó a completar Bachillerato». Se independizó en plena juventud, sin estudios universitarios, poco dinero en la mochila y un teléfono móvil del que no se despegaba.

En los últimos años ha subsistido residiendo en casas de amigas o en la de una mujer de avanzada edad. Pagando alquiler con lo que ganó con sus trabajos esporádicos en una hamburguesería o en una tetería de Valencia. «Pero actualmente», asegura Julia, «estaba sin empleo».

Según su ya examiga y receptora de los mensajes amenazantes, la conoció en abril del año pasado porque decía ser amiga de un joven 'instagramer' italiano en el que Julia estaba interesada. Es el mismo nombre y rostro virtual que al parecer usó para engatusar a otras jóvenes y llevarlas a la tetería con el supuesto propósito de manosearlas en citas a ciegas, por lo que acabó detenida el año pasado por la Policía Nacional. «Era 'viva la vida', muy poco responsable, pero caía bien a todo el mundo. Aparentaba ser buena chica y muy sociable. Confié en ella».

Beatriz sabe algo de inglés y bastante italiano. Hasta donde Julia conoce «le gustaban los chicos» y decía ser «buena amiga» del atractivo 'instagramer'. La define como «experta» en entresijos de internet y redes sociales. Se maneja con «muchísima soltura» en Instagram o Facebook y «pasaba mucho tiempo enganchada a su móvil, hasta el punto de decirle 'vale ya'». En informática «no está instruida pero decía saber mucho de Iphones».

Julia.
Julia. / J. MONZÓ

En líneas generales, «es una persona vaga y con gustos o 'hobbies' poco definidos», más allá de salir a restaurantes o al cine. Cuando acabó detenida por la policía por los encuentros en la tetería Beatriz no se lo ocultó a su amiga. «Pero decía que la habían arrestado por error y que las denunciantes eran examigas del 'instagramer' que la estaban acusando falsamente como venganza».

De su carácter, Julia resalta «extrañezas y obsesiones» como poner una y otra vez la misma canción o cierta tendencia a «manipular», por ejemplo, «para ir a cenar donde ella quería diciendo que ya estaba pagado cuando no era verdad».

¿Cómo interpreta Julia la conducta de la que fue su amiga con los SMS de acoso? «Beatriz llevaba un mes viviendo en casa conmigo y con mi padre, en Picassent. Él la veía como una buena protectora para mí, una acompañante. Tenía mucho miedo por las amenazas que llegaban al móvil y creía que con ella iba a estar más segura. Después de todo, pienso que su plan era quedarse a vivir con nosotros por su falta de estabilidad». Sus pertenencias, asegura, «eran sólo su inseparable teléfono móvil y su ropa». Su proyecto de vida: «montar una tetería».

Más sobre el caso de Bea

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos