La noche del crimen de los niños de Godella

Agentes de la Guardia Civil y forenses, en el lugar del crimen. /EFE/Manuel Bruque
Agentes de la Guardia Civil y forenses, en el lugar del crimen. / EFE/Manuel Bruque

Los dos pequeños murieron por fuertes golpes en la cabeza y fueron enterrados en dos fosas de poca profundidad junto a la casa en la que malvivía la familia

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

Apenas había cumplido cuatro meses de vida cuando su pequeño corazón dejó de latir. El bebé hallado muerto y enterrado junto a una casa en ruinas de Godella murió como consecuencia de varias fracturas craneales que sufrió por los golpes que le propinó su madre, presuntamente, pocas horas antes del hallazgo de los cadáveres. Su hermano de tres años y medio falleció también de forma violenta como consecuencia de las graves lesiones que presentaba en la cabeza, según los resultados de las autopsias realizadas en el Instituto de Medicina Legal de Valencia.

Tras asumir la investigación el Grupo de Homicidios y dirigir también los interrogatorios, la madre de los menores decidió colaborar y llevó a los agentes a los lugares donde había enterrado a sus hijos tras unas manifestaciones confusas en las que llegó a decir que los niños «tenían que resucitar». Eran dos fosas con muy poca profundidad situadas a unos 50 y 40 metros de distancia de la casa en ruinas donde malvivía la familia.

El drama comenzó horas antes. Sobre las siete y media de la mañana del jueves, Gabriel, el padre de los niños, se despertó y discutió con su mujer cuando vio que los niños no estaban en la casa. Ella salió corriendo y él la persiguió. Ambos iban desnudos. Varios vecinos que presenciaron la preocupante escena llamaron al 112 para alertar de lo que parecía una agresión sexual o un caso de violencia de género. Cuando llegaron los primeros agentes a la parcela, el hombre estaba dentro de la caseta y tenía rasguños en el rostro.

Gabriel contó a los agentes que su mujer había arrojado a una fosa séptica a uno de los niños, pero él lo habría rescatado luego con vida. La noche del crimen, la joven habría sacado a sus hijos de la caseta de madrugada para matarlos a golpes, presuntamente, cerca de la piscina. Tras contar diferentes versiones sobre lo ocurrido, Gabriel dijo a los policías locales y guardias civiles que no debían preocuparse. «Están todos muertos», espetó.

Después de escuchar la terrible frase, la Guardia Civil dispuso un operativo policial para buscar a los dos menores, Amiel e Ichel, y a su madre, María G. M., de 28 años de edad, en esta zona de Godella y otros municipios cercanos. La joven estaba desnuda en posición fetal, con el cuerpo lleno de arañazos y con la mirada perdida, cuando fue encontrada sobre las 13 horas del jueves por 'Scot', un perro de la Guardia Civil adiestrado para buscar personas vivas. Poco antes, un agente había localizado una camiseta con manchas de sangre que llevaba puesta la mujer, supuestamente, tras matar a sus dos hijos.

María tenía cortes en sus pies tras caminar descalza por un camino de tierra y un campo lleno de arbustos. Uno de los guardias civiles se quitó su camiseta para que la joven pudiera taparse durante su traslado al cuartel de Moncada, donde fue interrogada por los agentes del Grupo de Homicidios.

Los agentes que la encontraron en el estrecho bidón de color azul le preguntaron de forma insistente dónde estaban los niños, pero ella apenas hablaba y si lo hacía era para decir solo que le hicieran la pregunta a su marido. Unas seis horas después, María llevó a los guardias civiles hasta los lugares exactos donde había enterrado a sus hijos. Las dos pequeñas fosas fueron cavadas de noche, según las investigaciones.

El macabro hallazgo dejó a los investigadores sumidos en una profunda tristeza. Las dos pequeñas víctimas presentaban golpes en la cabeza, según una primera estimación del forense de guardia de Paterna. La autopsia confirmó a la mañana siguiente que los menores sufrieron graves traumatismos y fracturas craneales.

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