El viaje inolvidable... de Marina Rodríguez

El viaje inolvidable... de Marina Rodríguez

Su intención, además de vivir una aventura, era poder hacer potentes fotografías en plena naturaleza. Lo que encontró en Islandia fue una sucesión de imponentes parajes naturales de belleza sobrecogedora

ELENA MELÉNDEZ

Asia, Europa o América del Norte no tienen prácticamente secretos para Marina Rodríguez. No en vano una de las grandes pasiones de esta instagramer y fotógrafa es adentrarse en países desconocidos y empaparse de culturas ajenas a la suya. Por ello, el pasado mes de octubre decidió lanzarse a la aventura en Islandia, un país donde la naturaleza cobra una nueva dimensión y las condiciones meteorológicas marcan el día a día de habitantes y turistas. «En realidad es como la segunda parte del mismo viaje. Fuimos en diciembre del pasado año para poder contemplar las auroras boreales, que es la cosa más bonita que he presenciado en mi vida. Como en esa época solo hay cuatro horas de luz al día, decidimos volver en el mes de octubre para, de esta forma, completar la experiencia».

Tras su llegada alquilaron un coche y cogieron la carretera principal que da la vuelta a la isla a lo largo de 1.340 kilómetros. El primer día condujeron hacia Reikiavik, capital del país, una de las ciudades más verdes del mundo, y llegaron a Thingvellir, el parque nacional donde durante siglos se reunía el primer parlamento islandés. Un enclave singular donde se unen distintas placas tectónicas y, a modo de curiosidad, el lugar de Europa donde más películas y series se han rodado en los últimos años. De allí se desplazaron hasta Geysir, que es uno de los primeros géisers conocidos de la historia, y que, además, dio su nombre a este fenómeno. Un poco más hacia arriba llegaron a las cascadas de Gullfoss, famosas por las lenguas de agua que brotan a intervalos regulares de las entrañas de la tierra. «De allí fuimos a abastecernos porque esa segunda noche la pasamos en una cabaña en la que duermes en medio de la nada. La sensación de sentir que estás inmerso en plena naturaleza ajeno a todos es indescriptible», explica Marina.

1. Cascada de Gulfoss. 2. Iceberg en Jokursarlon. 3. Marina Rodríguez.

De la parte norte se trasladaron a Akureyri, que es la mejor zona para poder avistar ballenas. Allí les invitaron a subir a un barco para ver de cerca las ballenas jorobadas. «Van en familia y saltan, pudimos contemplar cerca de sesenta que, todas juntas, iban dando vueltas alrededor de un fiordo, donde encuentran el plancton del que se alimentan. La fauna marítima que ves es alucinante, hay muchísimas aves y mamíferos marinos». En el lago Myvatn descubrieron enormes campos de lava y disfrutaron de la belleza que ofrecen los reflejos del paisaje en el agua, la nieve en las cimas de las montañas y la laguna artificial templada de forma natural cuyas aguas minerales tienen propiedades saludables.

Marina se trajo de Islandia unos imanes en forma de puffin, un ave autóctona de la isla, también llamada frailecillo, y cuyo avistamiento es toda una atracción para el visitante

En todos los restaurantes sirven pescado, una especie de cigalas que preparan con mantequilla, patatas arrugadas con cordero y carne de ballena que Marina se abstuvo de probar al no estar de acuerdo con su consumo.

Campos de lava.
Campos de lava.

Marina reconoce que Islandia es el destino perfecto para cualquier amante de la fotografía que quiera dar rienda suelta a su creatividad. «En cada esquina tienes una cosa que ver; hay ríos, cascadas, acantilados, lava de volcanes… solo dependes del clima. Allí vives tu propia aventura, nunca vas a encontrar dos veces lo mismo, es un espectáculo continuo».

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