El viaje inolvidable de... Teté Amat

A tan sólo 35 minutos de Zacaltán aparecen imponentes las Cascadas de Tuliman, inmersas en un bosque que irradia paz. /LP
A tan sólo 35 minutos de Zacaltán aparecen imponentes las Cascadas de Tuliman, inmersas en un bosque que irradia paz. / LP

Vivió las caras opuestas de México: el ambiente caótico y vibrante de la capital y el encanto rural de la tradicional Puebla. Una fiesta con mariachis, mezcal y las obras de Leonora Carrington conformaron los días mexicanos de esta arquitecto técnico amante del arte

ELENA MELÉNDEZ

Teté Amat tenía ganas de conocer México desde hacía tiempo, pero fue un acontecimiento familiar lo que la animó a decidirse. Su sobrino Juan había marchado tiempo atrás a trabajar al país azteca y allí conoció a una mujer de la que se enamoró. Al tiempo volvieron juntos a vivir a España, tuvieron una preciosa niña llamada Ada y llegó el momento de volver a México para que la familia materna al completo pudiera conocer a la pequeña. «La llegada de Ada fue una alegría enorme y no quise perderme su fiesta de bienvenida allí. Me apetecía conocer México y además hacerlo de la mano de gente de allí, fueron dos semanas muy bonitas e intensas», explica la arquitecto técnico.

La primera parte del viaje tuvo lugar en Ciudad de México, la capital del país azteca. Una urbe inmensa en la que residen más de treinta millones que habitantes que a Teté le resultó totalmente caótica, vibrante y fascinante. La ciudad está dividida en delegaciones que a su vez se distribuyen en colonias. «Estuve en Coyoacán, que es donde está la casa de Frida Kahlo. También en la Condesa y en Roma, que son muy europeas y seguras, con mucha galería de arte, mercados de artesanía y actividad cultural. La casa de Diego Rivera está en la Colonia de San Rafael».

También visitaron el gran parque urbano de Chapultepec, una impresionante extensión arbolada que alberga el Museo Nacional de Antropología, tres lagos artificiales, una librería, fuentes y espacios deportivos. A Teté le llamó mucho la atención las casas años 50 tipo Bauhaus que puedes encontrar a lo largo de toda la ciudad, «hay muchas que están muy abandonadas, a nivel arquitectónico es una ciudad muy rica e interesante».

Uno de los clichés que pudo desmontar tiene que ver con el tequila, pues allí nadie lo toma con sal y limón, algo que consideran de gringo, sino a temperatura ambiente y sin complementos. También probó el mezcal, una suerte de tequila de lujo muy valorado entre los lugareños y el agua de horchata, la bebida de arroz muy popular que se vende en muchos puestos.

De Ciudad de México pasó a Puebla que está a unos 300 kilómetros y es todo lo contrario de la capital. «Es como si fuera España hace 50 años, hay mucha naturaleza, las casas tienen suelos de tierra batida y hay unas tiendecitas ideales. Los higos chumbos los cultivan en grandes superficies de tierra; los llaman nopal y le dan muchos usos», detalla. Cuando llegaron al rancho en mitad del campo le llamó la atención la bonita luz blanca que baña todo México. El pueblo que hay más cercano al rancho es famoso porque alberga una importante fábrica de bolas de Navidad que venden en puestos todo el año. «Ellos lo denominan 'pueblo mágico'.

Así es Puebla

Puebla tiene bastantes pueblos mágicos alrededor, son pequeñas villas con una arquitectura muy ingenua y delicada y cosas raras como una iglesia con una Virgen de quince metros. La gente es maravillosa y muy amable». La fiesta en el rancho empezó a las once de la mañana y terminó a las tres de la madrugada. Sirvieron comida típica mexicana, actuaron mariachis auténticos del pueblo cercano y cantaron y bailaron alrededor de unas hogueras, «fue precioso. Tras los días en Puebla volvimos a Ciudad de México para ver la retrospectiva de Leonora Carrington en el Museo de Arte Moderno».

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