Vecinos del barrio claman contra la inseguridad en la zona cero del Cabanyal

Detalle del solar entre los Bloques Portuarios y la plaza de los Hombres de la Mar. / lp
Detalle del solar entre los Bloques Portuarios y la plaza de los Hombres de la Mar. / lp

La basura en calles y solares, los ruidos de madrugada, la venta de droga y las agresiones machistas convergen en el barrio marítimo

A. CORTÉS/Á. SERRANOVALENCIA.

El mejor escondite de estupefacientes en el Cabanyal es la normalidad y la rutina de cualquier barrio. A plena luz del día, una vecina de la calle Pescadores ofrece Marihuana rodeada de tres menores de muy poca edad. Solo basta esta palabra para iniciar la transacción. Durante la noche, la oferta se amplía y la cocaína suele ser la estrella.

Entre la calle de la Reina y San Pedro, la zona cero del barrio, los vecinos se enfrentan cada día al incivismo de algunas familias y a las actividades ilícitas. Conforme avanza el día, la suciedad se acumula; y cuando cae la noche, la música, las tertulias a viva voz y las frecuentes peleas se alargan hasta bien entrada la madrugada. Las intervenciones policiales son habituales, pero los vecinos coinciden en que «no siempre bajan del vehículo por su integridad» y que cuando se marchan «se retoma el bullicio». Una de estas intervenciones requirió refuerzos el pasado sábado, lo que ha vuelto a poner el foco en la degradación del barrio pocas semanas después de la disolución de Salvem el Cabanyal al haber «terminado el trabajo».

En los Bloques Portuarios, detrás de las Arenas, la ausencia de respeto de algunos vecinos provoca la presencia diaria de basura y cristales rotos en las inmediaciones del inmueble y en el solar adjunto. Diego Llinares, portavoz de la asociación vecinal de los Bloques, asegura que determinadas familias no utilizan los contenedores ni acatan las horas de descanso. La degradación de las fincas se aprecia a simple vista en los portales y recovecos de la parte trasera, con despojos de gran volumen por rincones y entre coches aparcados.

Invitaciones sexuales o comentarios obscenos son intimidaciones frecuentes, según las quejas vecinales Zero Incívics exige soluciones para poder vivir como «el resto de personas de Valencia»

«Muchos niños escampan la basura y juegan a romper botellas», detalla Llinares, «ni siquiera sus padres les llaman la atención». El portavoz explica que muchas de las familias que no respetan las normas básicas de convivencia son individuos «sin integrar cultural o socialmente». Una parte del conflicto, también estalla a raíz de determinados pisos ocupados.

De hecho, uno de ellos es la pequeña casa aislada que se alza en medio del solar. Sus inquilinos han construido arriesgadas estructuras para ampliar el espacio habitable. Residuos y sillas dan la bienvenida a la parcela.

Los vecinos están hartos de la situación y de la repetida respuesta del Ayuntamiento de Valencia: «no hay fondos suficientes para frenarlo». Según Llinares, la escasez de trabajadores sociales y otras carencias, como la falta de vivienda o trabajo, son los incendiarios ingredientes del choque. La limpieza en el Cabanyal es intensa. Los equipos municipales trabajan en la zona de siete de la mañana a una del mediodía. Además, en la calle Pescadores y en un tramo de la Barraca, los operarios también trabajan a partir de las dos de la tarde. Asimismo, el Ayuntamiento se encarga de la recogida de enseres de gran volumen tres veces por semana. Las fuentes municipales tienen constancia de que la suciedad vuelve a estar presente muy poco después de que los operarios hagan su trabajo.

Ante el hartazgo, ha nacido Zero Incívics para exigir a los servicios públicos que se haga cumplir las normas básicas de convivencia a todo residente del Cabanyal. Lydia Espí, una de las responsables, denuncia la «permisividad» por parte del Consistorio, «que consiente el incivismo de algunos individuos». Miembros del colectivo también han denunciado las intimidaciones machistas en estas zonas y la exhibición genital por parte de algunos menores. Conductas en auge que se suman a la ya existente inseguridad nocturna.

Hasta el momento, han mantenido reuniones con todas las entidades presentes, desde cuerpos de seguridad hasta parroquias. «Obtenemos la misma respuesta, que no hay recursos», cuenta Espí, «no es nuestro problema y sus excusas no nos sirven, queremos vivir como el resto de las personas de la ciudad».