Gestor honesto pero sin aliados de peso

José Ignacio Casar Pinazo. / i. m.
José Ignacio Casar Pinazo. / i. m.

José Ignacio Casar Pinazo recaló en la dirección del Bellas Artes en septiembre de 2015. Fue nombrado de forma provisional pero Función Pública, a través de una convocatoria de provisión de plaza, lo afianzó en la pinacoteca un año después, a la espera de que la Conselleria de Cultura abra el concurso público. Bisnieto del pintor Pinazo, manifestó desde su llegada una firme voluntad de desarrollar una gestión honesta y pronto se encontró con la realidad. Tenía poco margen de maniobra dado la plantilla diezmada, la ausencia de autonomía y la falta de recursos económicos. Su principal valedora fue Carmen Amoraga, pero realmente careció de aliados de peso dentro y fuera de la conselleria, salvo el director del Prado.

Puso en orden los fondos artísticos, reordenó la exposición permanente y buscó la complicidad con coleccionistas privados. Logró el comodato de 'La dama de perfil', una nueva atribución a Velázquez. Esta pieza, de la colección Delgado, se exhibe en el museo.

Arquitecto de profesión, diseñó un plan museológico que generó la crítica de la Academia de San Carlos (con la que las relaciones eran inexistentes) y el rechazo del ministerio. Moduló el discurso expositivo para lograr la aprobación del Gobierno central, titular del museo, pero la hoja de ruta del Bellas Artes aún no está aprobada.

Se va con discreción, la misma que le ha faltado a la dirección general de Cultura para materializar su sustitución.

 

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