«Es una vergüenza que no paguen»

Cuatro de los expropiados en la zona donde estaban sus terrenos. / jesús Signes
Cuatro de los expropiados en la zona donde estaban sus terrenos. / jesús Signes

Afectados por las expropiaciones de la ZAL mantienen la esperanza tras casi 20 años | Critican que la conselleria siga sin reunirse con ellos y acusan a Ribó de dejar sin ayudas a los vecinos de La Punta, pese a ser la zona más afectada

M. GUADALAJARAVALENCIA.

Hasta tres e incluso cinco hanegadas llegaron a tener quienes trabajaron las tierras expropiadas hace ya 18 años. «Me crié aquí, esta parte era de mis antepasados, la primera escritura que tengo fue del 1890 y llegó hasta mis manos», relata Ramón. Él, Miguel, Pepe y Jesús, son cuatro de los más de cien propietarios que fueron expropiados para construir la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) del Puerto de Valencia. A ellos les tocó vivir la peor parte, vieron como les quitaban cada metro cuadrado de campo. Desde entonces, no se quedaron callados y a punto de cumplir veinte años desde la expropiación, creen que pueden lograr una indemnización por aquello.

El enfado, la indignación, la vergüenza y hasta el cansancio se percibe en sus caras al contemplar la zona. Estos sentimientos se constatan después con sus palabras. «Nos han maltratado y ninguneado, no se han atrevido a mirarnos a la cara, ni los de antes ni los de ahora, aún estamos esperando que Consellería nos conceda una reunión», dice Ramón. Reconoce y reitera que no está «en contra del progreso, quiero que mi ciudad sea cada vez mejor, pero lo que aquí se hizo no ha servido para todo aquello que se prometió. Ahora La Punta es el barrio más olvidado, pese a ser donde está el 90% de la ZAL, aquí no llegan las ayudas, pero ni al señor Ribó ni a nadie del Ayuntamiento les preocupa».

Tras años de pelea, muchos se han ido quedando en el camino. «Algunos han visto cómo destrozaban su barraca, su casa, sus tierras y todo lo que tenían y ahora ya no están, es una vergüenza que no paguen por lo que se ha hecho», explica Pepe y tras una pausa deja claro que «hemos iniciado un proceso judicial, una sentencia nos da la razón y no vamos a parar ahora».

«Nos han maltratado y ninguneado, por eso ahora no se atreven ni a mirarnos a la cara»

Durante todos estos años, la ZAL ha sido una ecuación inacabada y es precisamente a este hecho, al que se acogen como un clavo ardiendo. En 2017 una sentencia del Tribunal Supremo reconocía una indemnización a dos propietarios de dos fincas expropiadas. El motivo que alegaron fue que pasados más de cinco años sin que se hubiese establecido el servicio para el que fue expropiado el suelo, se debía de reconocer el de derecho de reversión. Como las obras sí habían sido iniciadas y las condiciones de los terrenos no eran las mismas, no podían devolverse, pero sí se obligaría a la administración a pagar una indemnización sustitutoria. Ahora, esperan poder hacer lo mismo el resto de afectados. Pero la vía para reclamarlo ante un tribunal podría variar, ya que tanto la ley como las condiciones han cambiado desde que presentaron las primeras alegaciones.

La Generalitat sería la responsable de asumir el pago de los más de 36 millones de euros por el total de los terrenos. Pero parece incrédula, ante la posibilidad de hacerlo. Según fuentes de la Consellería de Obras Públicas y Territorio, la sentencia a la que ha tenido acceso este periódico, tan solo reconoce la indemnización a dos de los propietarios, por lo que, en este sentido «acatarán lo que dictamine el juez». No creen que el resto de expropiados puedan correr la misma suerte y explican que cumpliran tan solo con los dos propietarios.

Sin embargo, el abogado de los afectados, Francisco Ramón Alabau, exige al magistrado la ejecución de la sentencia, ya que si es favorable, se acogerá al fundamento de derecho quinto de la misma, en el que se asegura que la indemnización se podría reconocería al resto de expropiados, aunque alegando las causas que correspondan.Ya no se puede volver hacia atrás, solo nos queda mirar de frente y seguir diciendo lo que pensamos, sin miedo», dice Ramón mirando al resto. Ninguno de los cuatro, como tampoco muchos de los más de un centenar de expropiados, se plantea para ahora, «pero, qué se pensaban, que nos íbamos a olvidar», se pregunta.