Interior aumenta el control de los 22 presos islamistas para evitar que recluten a otros internos

Policías nacionales, con un hombre detenido por reclutar a islamistas en Valencia. / Irene Marsilla
Policías nacionales, con un hombre detenido por reclutar a islamistas en Valencia. / Irene Marsilla

El nuevo protocolo indica a los funcionarios una especial vigilancia de cambios de conductas de reclusos comunes como rezos, modificaciones de dieta o rechazo a mujeres

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

En agosto de 2016, la Dirección General de Instituciones Penitenciarias distribuyó una circular entre los funcionarios de prisiones de toda España con una consigna: el incremento de los atentados del Dáesh en Europa y las amenazas hacia España obligaban a extremar la vigilancia de los presos por terrorismo yihadista en las cárceles españolas. Dos años después, el terrorismo islamista ha mutado a uno que trata de camuflarse más en la sociedad y que intenta captar a individuos que levanten pocas sospechas. Sus métodos han llegado incluso al interior de las cárceles. E Interior ha tenido que cambiar también sus armas.

Interior, a través de la misma área de Instituciones Penitenciarias, ha puesto ahora en marcha un nuevo protocolo de control de los presos por pertenencia al Dáesh o colaboración con el grupo radical que afecta principalmente a los internos yihadistas, pero no sólo a ellos. Las normas de control se extienden al resto de presos comunes, especialmente los que tengan conductas violentas entre rejas o los que han sido condenados por delitos de sangre. El objetivo es no vigilar sólo estrictamente a los presos que ya han demostrado que secundan y ejercen la violencia islamista, sino a los internos que pueden acabar entrando en ese camino.

Un aumento de la hostilidad hacia las normas penitenciarias es otra señal de alarma

Dentro del primer grupo, los responsables de inteligencia penitenciaria en las cárceles tienen bajo el foco a un total de 22 internos en las cárceles de la Comunitat, en situación preventiva o cumpliendo condena por delitos relacionados con el terrorismo islamista. Se trata de nueve presos en la cárcel de Picassent, ocho en la de Castellón y cinco en la de Alicante, según datos facilitados por el Ministerio del Interior.

El foco sobre presos comunes susceptibles de ser reclutados para la causa islamista es una de las novedades del protocolo impulsado desde el Ministerio del Interior. Las nuevas instrucciones para los funcionarios incluirán la necesidad de estar pendientes de posibles cambios de conductas en los internos que puedan indicar su inclinación a la radicalización yihadista. Por ejemplo, un aumento de la religiosidad o de los rezos de los encarcelados, una variación de su dieta (hacia una alimentación acorde con los preceptos musulmanes), un aumento de la hostilidad hacia las normas de la vida penitenciaria o un cambio de la actitud de los internos hacia funcionarios de sexo femenino.

El personal

150.
Es la cifra de presos islamistas actualmente en cárceles españolas. La cifra ha ido creciendo exponencialmente desde los 41 internos contabilizados en 2012.
Falta de funcionarios.
La escasez de funcionarios en las cárceles valencianas es uno de los handicaps para controlar correctamente a los internos islamistas. Por ejemplo, en Picassent, cuatro funcionarios tienen que ocuparse de vigilar a 20 internos.
Información policial.
Los funcionarios han facilitado a las brigadas de Información de la Policía Nacional y Guardia Civil datos para evitar delitos fuera de prisión.

Los mecanismos de control de los internos yihadistas y el 'cortafuegos' de los funcionarios para anular su capacidad para reclutar a otros internos no ha sido hasta ahora demasiado efectiva. La normativa marca que deben estar aislados para no estar en contacto con otros presos y para que entre ellos no mantengan relación. «No se hace. En Picassent los tenemos por parejas. No se puede aspirar a más con el personal disponible», como denunciaron funcionarios a LAS PROVINCIAS el pasado mes de septiembre.

Y la falta de aislamiento de los yihadistas tuvo consecuencias entre rejas. Hasta siete reclusos que no entraron en prisión por delitos islamistas en cárceles de la Comunitat quedaron vigilados por especialistas penitenciarios al radicalizarse o fanatizarse en su actitud dentro de prisión. Cinco de ellos en la cárcel de Castellón y dos en Picassent. Todos son internos de origen musulmán y la mayoría presos por delitos de tráfico de drogas.

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