La plantilla critica que el 95% de los vigilantes desconocían el anterior plan

Acaip pide una mayor formación del personal penitenciario para vigilar a yihadistas y que el protocolo no acabe «en papel mojado»

Arturo Checa
ARTURO CHECAValencia

Escepticismo y expectación. Son las dos sensaciones en los funcionarios de la cárcel de Picassent al conocer el protocolo especial de vigilancia sobre los presos yihadistas y otros de su entorno que puedan acabar siendo captados por los radicales. «Esperemos que funcione mejor que el anterior plan que existía para monitorizar a estos internos. Más que nada porque el 95% de los funcionarios, por no decir todos, desconocían que existiera un procedimiento especial para controlar a estos presos», según la Agrupación de los Cuerpos de la Administración de Instituciones Penitenciarias (Acaip).

El temor de los vigilantes en prisión es que el dispositivo impulsado por Interior se quede «en papel mojado». Desde Acaip señalan como en 2016, el año en que se puso en marcha el anterior protocolo por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias, ellos ya recibieron formación en un seminario impulsado por el propio sindicato en Málaga con expertos europeos en la lucha contra el yihadismo. «La falta de formación para los funcionarios sobre cómo detectar posibles conductas radicales en prisión y evitar reclutamientos es un déficit importante», fue el comentario lanzado hace unos meses a LAS PROVINCIAS por un funcionario penitenciario con una década de experiencia en la Comunitat.

No es el único obstáculo a su labor. La poca presencia de traductores de árabe vinculados al sistema penitenciario español es un aspecto que dificulta el control de estos islamistas, sobre todo a la hora de indagar si hay algo delictivo en sus conversaciones o para detectar posibles pistas de radicalización. En toda España sólo hay 13 intérpretes con esta especialidad, «un número manifiestamente insuficiente», según los sindicatos. No existen especialistas de esta lengua en Valencia ni en Castellón, lo que obliga a enviar las traducciones a Madrid. Sí los hay en la cárcel alicantina de Fontcalent.

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