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Ricardo Zamora, un ilustre en la portería

Palomita. Ricardo Zamora, en una parada espectacular en un partido disputado en Mestalla. / desfilis/javier iranzo
Palomita. Ricardo Zamora, en una parada espectacular en un partido disputado en Mestalla. / desfilis/javier iranzo

PACO LLORET

Algunos años después de que el conjunto musical Los Mismos popularizara el tema de 'El Puente', una canción que hizo furor en el verano de 1968 y que hablaba de la posibilidad de comunicar Valencia con Palma sin necesidad tomar el barco o el avión, Ricardo Zamora cruzó la distancia entre ambas ciudades para enrolarse en el club de Mestalla procedente del conjunto balear. Su llegada resultó providencial para ambos, el guardameta vivió en Valencia sus mejores años de una dilatada trayectoria profesional que inició a temprana edad y, por otro lado, el club valencianista halló la estabilidad entre los palos que perseguía en un momento crucial, cuando se disponía a debutar en las competiciones continentales.

Hijo del legendario guardameta que se convirtió en el primer gran futbolista español de la historia, apelado 'El Divino', antes de fichar por el Valencia, se enfrentó al que iba a ser su equipo en una eliminatoria de la Copa correspondiente a los octavos de la temporada 61-62, resuelta con autoridad por los de Mestalla que se impusieron por 0-2 en el Lluís Sitjar y sentenciaron en la vuelta con una goleada por 4-1. Aquellos fueron los últimos encuentros del guardameta con el Mallorca. Al acabar el ejercicio pasó a la plantilla valencianista que tenía pendiente disputar la final de la Copa de Ferias, aplazada por la FIFA para que no coincidiera con el Mundial de Chile. En septiembre, dentro ya de la campaña 62-63, se jugaron ambos encuentros contra el Barcelona. El Valencia se adjudicó el título y Zamora fue el portero del campeón continental. Debut soñado.

Sin embargo, en la Liga el estreno no resultó tan afortunado puesto que el Atlético le endosó cinco goles en el viejo Metropolitano. Ricardo Zamora había pertenecido diez años al conjunto rojiblanco tras un breve paso por la UD Salamanca, donde jugó cuando todavía estaba en edad juvenil. Casualidades del destino quisieron que, diez años antes, el debut del guardameta en primera división tuviera lugar en un duelo contra el Valencia en el feudo colchonero que finalizó con empate a tres. Enrique Buqué batió su portería al primer minuto de juego. El encuentro, repleto de alternativas en el marcador, se cerró con el gol de Vicent Seguí al transformar un penalti. Aquella oportunidad en la elite le pilló demasiado joven y sin la experiencia necesaria. Después de pasar por el Sabadell y el RCD Espanyol, alternando la segunda y la primera división, se afianzó en Mallorca desde donde dio el salto definitivo al Valencia, coincidiendo con su etapa de mayor madurez.

Era un guardameta de gran personalidad, notable envergadura y gran intuición del juego

Su presentación liguera en Mestalla se vio acompañada de un triunfo por la mínima ante el Real Zaragoza. A partir de ahí, se hizo el dueño de la portería y fue titular en todos los partidos de Liga, Copa y Copa de Ferias, casi cincuenta presencias que le llevaron a reeditar el éxito continental cuando el Valencia se impuso al Dínamo de Zagreb en la final de la Copa de Ferias de la campaña 62-63. En este ejercicio, el conjunto que entrenaba Alejandro Scopelli estuvo también a un paso de clasificarse para la final copera. El guardameta solo se perdió por lesión un encuentro en todo el ejercicio y su ausencia estuvo a punto de provocar un desastre sin paliativos. Los valencianistas visitaban a los escoceses del Dumfermline a quienes habían vapuleado por 4-0 en Mestalla. Todo parecía resuelto para la vuelta donde las cosas se complicaron. Sobre un campo helado, con Ginesta en la portería sufriendo un calvario, los escoceses vencieron por 6-2, resultado que entonces obligaba a un partido de desempate. Los valencianistas, de nuevo con Zamora entre los palos, vencieron por 1-0 en Lisboa y pasaron de ronda.

Zamora aún permaneció cuatro temporadas más en el Valencia, aunque asediado por las lesiones, ya no tuvo la continuidad del primer año. Por la portería aparecieron jóvenes valores como Pepe Martínez, ascendido del Mestalla, o el canario Ñito, aunque la titularidad siempre parecía pertenecer a Zamora cuando superaba los problemas físicos. Portero de gran personalidad, notable envergadura y una gran intuición en el dominio del juego, se ganó el respeto y la consideración de compañeros, crítica y afición. Zamora caló por su elegante presencia y ágiles reflejos. Más allá de los terrenos de juego, se adaptó a la vida de la ciudad y montó un negocio de restauración en el barrio de Sant Bult, muy frecuentado en aquellos años y conocido como el 'Mesón del Conde', que posteriormente explotaron Roberto Gil y Héctor Núñez, compañeros y amigos suyos.

La salida de Zamora se produjo al final de la temporada 65-66 cuando el equipo entrenado por Sabino Barinaga protagonizó una excepcional primera vuelta para hundirse a continuación. Su último encuentro tuvo lugar en la Copa y en el mismo escenario donde había debutado en primera división. El Atlético se impuso aquel día por 2-1 al Valencia. Ricardo Zamora falleció en enero de 2003 a los 69 años. El destino quiso que Mestalla guardara un minuto de silencio en su memoria en los prolegómenos del partido Valencia-Mallorca que concluyó con victoria local por 1-0 gracias al gol de Mista.