Las abejas emigran a la ciudad

Colmenas provisionales situadas en un patio del complejo 9 d'Octubre. / J. J. Monzó
Colmenas provisionales situadas en un patio del complejo 9 d'Octubre. / J. J. Monzó

El Ayuntamiento de Valencia controla en el colmenar de Viveros a 800.000 insectos

PACO MORENO

«Tardaron dos días en sacarlas del tejado, unas 30.000 según nos dijeron». Las abejas han llegado para quedarse en la ciudad en un número que va a más a tenor de los servicios realizados por empresas privadas y Bomberos, junto con las quejas vecinales. En este caso de una vivienda de Patraix, los propietarios se dieron cuenta de la colmena con la que convivían al descubrir cómo entraban algunos ejemplares por el ojo de buey en una habitación.

Dos días y cuatro cajas después, la vivienda quedó habitable de nuevo. Algo tan diminuto y que causa un quebradero de cabeza tan grande, amén del gasto que deben realizar los afectados, dado que el Ayuntamiento ya no se hace cargo de lo que ocurra en propiedades privadas. Las cajas tienen un tipo de producto que las atrae, de tal manera que se pueden transportar con seguridad y sin causarles daños al ser una especie protegida.

El motivo de un incremento de las denuncias, servicios realizados por Bomberos y hasta de las colmenas que controla el Consistorio es variado, aunque uno de los elementos, señalaron fuentes municipales, es el abuso de los pesticidas en las explotaciones agrícolas que ahuyentan a estos insectos. Así quedó constatado por la opinión de expertos en un encuentro celebrado en Valencia hace escasas fechas.

Las instalaciones de Viveros recogieron el pasado año 250 kilos de miel de los panales

De este modo, la ciudad se ha convertido en un refugio de las abejas, lo que ha obligado a los bomberos a cambiar incluso los criterios de intervención, que se limitan a los espacios o edificios públicos. El problema es que un animal tan beneficioso para la polinización y la biodiversidad se convierte en un problema. Tanto los enjambres como las colmenas puede alcanzar dimensiones considerables, como lo relatado en la vivienda de Patraix, donde fueron localizados en dos vigas de meras, ocultas por un falso techo.

El Ayuntamiento desarrolla desde hace cuatro años un proyecto de apicultura urbana que incluye entre otras acciones la gestión de un colmenar experimental de 20 unidades en las terrazas del Observatorio Municipal del Árbol y del Museo de Ciencias Naturales en los Jardines del Real. El año pasado, indicaron fuentes cercanas a la concejalía de Medio Ambiente, gestionada por la edil Pilar Sorianos, se recogieron 250 kilogramos de miel.

El objetivo es doble, dijeron las mismas fuentes. Por una parte se quiere potenciar el colmenar como parte indispensable de la biodiversidad y por otro lado, controlar y reducir en la medida de lo posible las colmenas y enjambres descontrolados como el citado, que aprovechan las cornisas, árboles o cualquier orificio en una fachada.

J. J. Monzó

Ante esta situación, el Consistorio puso en marcha lo que llama red de recuperación de enjambres urbanos. La situación de las cajas se determina por la decisión de los técnicos municipales, o también producto de las quejas vecinales. En toda la ciudad hay 48 colmenas repartidas por estos motivos, mientras que el año pasado fueron 38 y el anterior 21 de estas unidades.

La progresión al alza es indiscutible, con una mecánica que consiste siempre en esperar a que pase una temporada antes de su traslado al jardín de Viveros, donde se encuentra la central. Un caso ha sucedido esta misma semana en el complejo 9 d'Octubre de oficinas de la Generalitat, donde un patio interior ha sido acotado con vallas y cinta de Bomberos para facilitar el traslado de las abejas a dos cajas.

Críticas de funcionarios

«Abejas trabajando, no molestar, gracias», muestra un cartel colocado en una de las vallas. El patio está situado en el antiguo acceso de la cárcel Modelo, donde recaen varias dependencias. Es el caso del retén de la Policía Autonómica, los locales reservados para los sindicatos y hasta una pequeña sala de exposiciones. La colocación de las cajas también ha despertado críticas. «En ese pequeño patio sólo hay dos pinos muy viejos y una acacia común. Ninguno de esos árboles requiere de las abejas para su polinización ya que se hace por el viento», indicó uno de los funcionarios.

Esta persona indicó el riesgo de que se haya colocado en un lugar de paso de muchas personas. «Es un riesgo porque puede picar a alguien alérgico y entonces tendríamos un gran problema», consideró. Esta red de recuperación de enjambres naturales en la ciudad que inicialmente constaba de 22 unidades ubicadas en jardines y cementerios, se instalan de marzo a noviembre y se revisan cada quince días, comentaron desde el Consistorio. Este ejercicio se alcanzará un récord con más de 40 ubicaciones.

En una vivienda de Patraix retiraron 30.000 ejemplares en cuatro cajas durante dos días

De esta cifra, señalaron que suelen recuperarse unos 20 enjambres de media al año, además de los que consigue el personal del Organismo Municipal del Árbol en las oquedades de los troncos o las copas de los ejemplares más grandes. Los bomberos se encargan de responder a las peticiones de los vecinos, que junto a los anteriores se utilizan en parte para reforzar las colmenas municipales. El resto se ceden a un representante apícola de la Unión de Labradores y Ganaderos.

La ubicación de los enjambres controlados por el Consistorio es muy variada, prácticamente en toda la ciudad, aunque destacan lógicamente las zonas ajardinadas. Así, se habla de seis camposantos, el jardín de Ayora, el parque de Benicalap o el parque de Cabecera, entre otros.

También los jardines de Viveros en lugares como un pozo o los restos arqueológicos del Palacio Real, además de las citadas terrazas del Museo de las Ciencias y las oficinas del Observatorio del Árbol. También en el Parque Central o en el de Malilla, abiertos este mismo mandato.

La relación sigue con enjambres colocados en rotondas ajardinadas. Es el caso de las ubicadas en el cruce de la avenida Blasco Ibáñez con Doctor Manuel Candela, así como otra en la confluencia de la avenida Alfahuir con Hermanos Machado.

Para que este proyecto de apicultura urbana llegara a buen puerto se creó el Consejo Asesor de Apicultura Urbana, compuesto por representantes de la Universitat de Valencia y de la Politècnica, el sector apícola de los diferentes sindicatos agrarios y de la Asociación de Defensa apícola, junto a la Sección de Himenópteros del Departamento de Bomberos y el servicio de Jardinería.

Las instalaciones de Viveros suponen una población apícola controlada de 800.000 abejas aproximadamente. La producción de miel que se obtiene de estos colmenas, y que llega a superar los 250 kilos anuales, obtenidos de las tres tajadas de miel que se realizan en primavera, verano y principios de otoño, son destinados a su distribución gratuita como muestra, en botes pequeños de 70 gramos, en eventos divulgativos o actos realizados por el Ayuntamiento.

Hay varios entes municipales y asociaciones vecinales interesadas en la instalación de una o dos colmenas urbanas en sus instalaciones, aseguraron desde Medio Ambiente. Se trata del Centro de Bienestar Social de Patraix o la recién creada Asociación de Apicultura Urbana de Valencia, en vías de solicitar la cesión de una parcela para la ubicación de un huerto apícola. De esta manera, las explotaciones de abejas podrían consolidarse en distintas zonas de la ciudad, beneficiando la polinización en los jardines y contribuyendo a la biodiversidad.

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