Un agricultor muere tras sufrir una picadura de abeja en Bétera

Varias abejas revolotean en torno a una estructura de madera, en una imagen de archivo. / Eric Ward
Varias abejas revolotean en torno a una estructura de madera, en una imagen de archivo. / Eric Ward

La víctima de 52 años sufrió convulsiones y se desplomó poco después del ataque del insecto en un campo próximo a una zona de colmenas

J. MARTÍNEZ/J. A. MARRAHÍVALENCIA.

Un agricultor de 52 años de edad y vecino de Moncada perdió el miércoles la vida después de sufrir una picadura de abeja cuando se hallaba en un campo de la vecina localidad de Bétera, en Camp de Túria. A falta de la autopsia, todo apunta a que una reacción alérgica derivada del percance fue lo que le ocasionó una parada cardiaca antes incluso de poder trasladarlo a un hospital. El intervalo de tiempo entre la picadura y su fallecimiento fue muy rápido.

La fatalidad sobrevino sobre las once y media de la mañana, cuando el hombre se encontraba junto a su hijo realizando unas tareas agrícolas en un campo ubicado en la partida Pla Andanes, cerca del camino Viejo de Llíria. El insecto himenóptero pico cerca del cuello a la víctima y el hombre empezó a sentirse mareado. Ante ese primer síntoma fue al coche aparcado cerca del lugar para refrescarse con agua, sin embargo siguieron unas convulsiones y acabó desplomándose.

El hijo telefoneó al 112 y la Agencia de Seguridad y Respuesta a las Emergencias movilizó a los servicios oportunos. Hasta el lugar se desplazó una patrulla con dos agentes de la Policía Local de Bétera y otro equipo del servicio municipal se desplazó al centro de salud en busca de la médico de guardia. Fue ella quien realizó al hombre las primeras maniobras de reanimación.

El hombre, vecino de Moncada, padeció la picadura cerca del cuello y falleció en pocos minutos

Según informaron fuentes próximas al caso, el vecino estaba inconsciente y no respondía. Se vivieron minutos angustiosos y, ante la gravedad de sus síntomas, acudieron también dos ambulancias: un equipo de Soporte Vital Básico y, posteriormente, un SAMU. De nuevo los profesionales de emergencias se volcaron sin éxito con las maniobras de reanimación básicas.

Después de varios intentos infructuosos por recuperar las constantes del agricultor se confirmó la parada cardiaca y el fallecimiento. El caso quedó judicializado y en manos de la Guardia Civil de Bétera, que también se presentó en el lugar. Muy cerca de donde se produjo la picadura, a unos cien metros, hay unas colmenas, con lo que existe la posibilidad de que el insecto procediera de esta zona. De acuerdo con las mismas fuentes, el hijo constató que su padre era alérgico a las picaduras.

Del aguijón a la tumba

Los himenópteros ya han causado varias muertes de personas vinculadas al campo. A principios de septiembre de 2017, un vecino de Burriana de 57 años, trabajador del sindicato de riegos del pueblo, pereció tras recibir picaduras de avispas en el cuello y en la cabeza. Fue mientras realizaba labores de limpieza en unas acequias del pueblo. Al igual que en el caso de Bétera, la reacción adversa de su organismo fue muy rápida. La víctima tenía 57 años y los primeros policías que llegaron al lugar le practicaron maniobras de reanimación. Fue trasladado con vida al Hospital de La Plana, en Vila-real, pero en la UCI su corazón se detuvo para siempre a causa de un shock anafiláctico, la forma más grave en la que puede manifestarse una reacción alérgica.

En junio de 2011, cientos de abejas pusieron fin a la vida de un valenciano de 77 años que manipulaba una colmena en la localidad conquense de San Clemente. En esta ocasión, la víctima había viajado al municipio para pasar unos días con sus familiares. Aficionado a la apicultura, se dirigió hacia unas colmenas situadas en una casa de campo a las afueras. Y allí sobrevino la desgracia a causa del fallo en el cierre del equipo protector. Un tercer antecedente lo encontramos en 2008, en la localidad alicantina de Pilar de la Horadada. Un hombre de 60 años falleció tras picarle una abeja.

Otra muerte repentina motivada por una reacción adversa del organismo fue la de la brasileña Adriana de Oliveira. Tenía 42 años y sufrió la mordedura de un gato que se coló en la cocina de su chalé de Turís. Fue en diciembre del 2016. En esta ocasión, al ataque gatuno siguió una fiebre elevada y, posteriormente, se desplomó en su habitación. En este caso el problema fue una infección, en concreto una «sepsis de origen no filiado a causa de la mordedura» del felino, según el parte de defunción.