Apedrean ocho coches cuando circulaban de noche por la pista de Ademuz

Impacto en la luna de uno de los coches apedreados. / LP
Impacto en la luna de uno de los coches apedreados. / LP

La situación de caos y los frenazos de los conductores afectados estuvieron a punto de causar un accidente múltiple

JAVIER MARTÍNEZ VALENCIA.

El reloj marca las once de la noche. Vicente L. circula con su coche por la carretera CV-35, también conocida como la pista de Ademuz. El tráfico es fluido en sentido hacia Llíria, pero entre los kilómetros 5 y 6 hay varios vehículos parados en el arcén en el término de Paterna. El conductor disminuye la velocidad y guarda la distancia de seguridad suficiente con el turismo que circula delante, pero desconoce por qué paran los coches. Segundos después, Vicente da un volantazo para esquivar una piedra de gran tamaño que alguien ha arrojado a la calzada. Él ha tenido suerte. Los conductores de ocho vehículos que circulan delante y detrás de su turismo no pueden decir lo mismo. Una lluvia de adoquines y cascotes de alguna construcción derribada o arruinada impactan contra los coches.

El apedreamiento es una acción intencionada y vandálica de un grupo de individuos que estaban agazapados detrás de unos arbustos. Algunas de las piedras han fracturado lunas delanteras y han abollado la carrocería de los vehículos. Tras comprobar los daños, varios conductores llaman al 112 y al 091 para alertar de las agresiones que están sufriendo. Otros circulan hasta la salida del centro comercial Heron City para no entorpecer la circulación. Descienden de sus coches y llaman también a la policía con sus teléfonos móviles.

Esta situación de caos en plena autovía se repite cada cierto tiempo en el tramo que recorre el término de Paterna. El pasado sábado por la noche, algunos de los ocupantes de los vehículos dañados se asustaron mucho y vivieron momentos de gran nerviosismo tras el apedreamiento. «Uno de los coches que tenía delante frenó de golpe y yo tuve que hacer lo mismo para no golpearlo», afirma Vicente.

Los adoquines y cascotes impactaron contra los coches cuando circulaban a 100 kilómetros por hora

«Tiraron adoquines y cascotes de gran tamaño desde el lado derecho de la calzada», explica Jesús C., otro de los afectados. Según este conductor, los individuos que arrojaron las piedras estaban ocultos entre los arbustos y «pudieron causar accidentes, incluso matar a alguien», porque algunos de los automóviles alcanzados por los adoquines circulaban a más de 100 kilómetros por hora.

Y no exagera. El 8 de mayo de 1993, el médico Ramón Molina López murió al recibir el impacto de un pedrusco que alguien arrojó desde un puente de la antigua A-7 en la Pobla de Farnals. La víctima era unos de los tres ocupantes de un vehículo que circulaba por la autovía. La piedra de grandes dimensiones fracturó la luna delantera, irrumpió en el habitáculo del coche y golpeó la cabeza de la víctima.

Cerco policial

El pasado sábado por la noche no resultó herida ninguna de las personas que viajaban en los coches, entre las que había dos bebés, pero ocho automóviles sufrieron daños. Tras la primera llamada de auxilio recibida en el 112, varias patrullas de la Policía Local de Paterna y de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil de Valencia acudieron con urgencia a la pista de Ademuz para auxiliar a las víctimas y regular la circulación. La Policía Nacional también montó un operativo de búsqueda de los autores del apedreamiento, pero estos lograron eludir el cerco policial.

Según las investigaciones, los gamberros que lanzaron los adoquines podrían ser miembros de una pandilla de menores que residen en el conflictivo barrio de La Coma. El comportamiento incívico de estos jóvenes responde a un perfil delincuencial que habrían heredado de sus padres. Desde hace 20 años, cada cierto tiempo se repiten los lanzamientos de piedras a coches y trenes en las inmediaciones de la barriada. La policía cree que se trata de una gamberrada generacional con un efecto imitación en el término de Paterna.

Hace un año y medio, la Policía Nacional sorprendió a dos niños de nueve y diez años cuando arrojaban a la autovía bloques de cemento que apenas podían levantar con sus manos. Los hechos ocurrieron en la carretera CV-31 cerca de la Feria de Valencia.

 

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