¿Quién es Iván Llorca?

Iván Llorca, junto a una de las esculturas de la Ciudad de las Ciencias./Jesús Signes
Iván Llorca, junto a una de las esculturas de la Ciudad de las Ciencias. / Jesús Signes

El Presidente de Guías Oficiales de la Comunitat Valenciana se ha 'institucionalizado' en una vida sin horarios ni fines de semana libres, pero disfruta de una profesión donde su objetivo es mostrar que no hay ciudad fea

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Podría recitar de memoria cuándo, cómo y quién construyó el lugar que nos rodea, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, y cada monumento que hay en Valencia, Alicante, Peñíscola o Morella. Iván Llorca es presidente de la asociación Guías Oficiales de la Comunitat Valenciana, una profesión no siempre reconocida, con poco de rutinaria y, sobre todo, apasionante. Al menos así le sale a Iván cuando habla de un trabajo al que se ha dedicado los últimos veinte años, en una región donde el turismo es motor económico.

-¿Por qué un día decidió que quería ser guía turístico?

-La pregunta tiene tela porque tengo que rememorar casi veinte años. La primera vez que trabajé de guía fue en 1994, entonces estaba en primero de Turismo y recién salido de la mili. Me ofrecieron irme de acompañante en un viaje subvencionado de esquí. No sé por qué, acabé organizando yo los tres autobuses. Y mira que a mí me gusta la fiesta, pero en aquel momento debía ser el más responsable de todos. Era mi primera vez y después de aquel viaje me juré y perjuré que no quería ser guía. Me parecía demasiado fácil. Luego me he dado cuenta de que debe de ser un don, porque se me da bien guiar a personas.

-Y hacerles su viaje mucho más agradable.

-Me daba mucha rabia, cuando trabajaba en la recepción de un hotel, que la gente se fuese diciendo que no le había gustado lo que habían visto, yo, que soy de Alicante. Mi profesión consiste en eso, precisamente, hacer ver lo bueno de cada lugar, porque yo no creo que exista ciudad fea, sino que no la han visto bien. Todas tienen su encanto porque están levantadas por personas. Mire alrededor, es increíble de lo que somos capaces, porque esto está hecho con el dinero de todos los valencianos. Me prometí que el día que trabajara a desgana lo dejaría. No ha ocurrido en veinte años, pero sí le digo que algo influye tener pensamiento positivo.

Una espina clavada

Trabajar a bordo de un crucero

Iván Llorca echa la vista atrás y se da cuenta de que «he hecho mucho, y todavía me queda». Por ejemplo, nunca ha trabajado como guía en un crucero. Y si hablamos de su labor en la asociación, que en su día ayudó a crear entre unos cuantos compañeros, su gran ilusión es que la Comunitat Valenciana «acoja un congreso nacional de guías. O un encuentro europeo. ¿Por qué no?». Iván es de los que piensa que hay que soñar a lo grande.

-Le planteo la parte mala. La de no tener horarios, la de trabajar cuando los demás descansan, porque no es igual cuando uno es joven que en el momento en que tiene una vida más hecha, con familia, por ejemplo.

-No conozco otra cosa, trabajé en turismo siempre. Me hace mucha gracia cuando dicen que los comercios no tienen que abrir los domingos. ¿Y qué pasa con la hostelería? ¿No os acordáis de nosotros? Soy de los que piensan que habría que romper el sistema de trabajar de lunes a viernes y descansar el fin de semana. ¿Cuántos quisieran irse a la playa un martes? Yo lo hago. Aunque la realidad es que no me lo planteo, como decían en la película 'Cadena Perpetua', ya estoy institucionalizado en este tipo de vida. Luego te compensa. Mis hijos a veces lo pasan mal, cuando tengo que ir de viaje a veces se han de quedar con los abuelos. Ahora sí, están más mimados, porque cada vez que vuelvo, aunque no sea su cumpleaños, les traigo un regalo. Al final se acostumbran; es como el que tiene un padre marinero.

-¿Cuánta gente ha conocido en esta vida?

-Debería hacerme otra pregunta: cuanta gente me conoce a mí, porque al final tengo mucha facilidad de olvidar, no momentos ni personas, sino rasgos faciales. Es frecuente que no salude por la calle porque es imposible acordarme de todo el mundo. Sería como pedirme que dijera cuántas veces he entrado al Oceanogràfic; ¿más de trescientas? Fácil. O al castillo de Santa Bárbara: ¿dos mil, tres mil?

-No deja de ser un lugar de trabajo, más bonito que una oficina, eso sí.

-La gente siempre es nueva, el itinerario puede cambiar… mi despacho es la calle, este sol, este clima, y es difícil cansarse de ver esto todos los días por tu ventana. Además, las personas te retroalimentan, porque para ser guía lo que de verdad te tiene que gustar es hacer sonreír a los demás. Y estar un poquito enamorado de tu tierra. Hay una frase que siempre he dicho, y es que los guías son una raza. Hay que tener algo raro aquí en la cabeza para que cuando la gente te aplauda esté por encima de todo.

-¿Qué haría si uno de sus hijos le dijera que quiere ser guía turístico?

-Yo estoy convencido de que mi hija lo va a ser. Y la animaré, no como me hacían a mí, que me lo querían quitar de la cabeza. Me acuerdo que iba a dar charlas en los institutos sobre ser guía y los profesores me decían que era el único que no les desanimaba. Si quiere, tendrá al mejor maestro que pueda tener.

-Y si tiene que elegir, ¿se queda con Alicante?

-He vivido en muchos lugares, incluso en el extranjero, pero lo tengo muy fácil en Alicante y me va a costar que me saquen de ahí.

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