El reparto de poder pone en peligro hasta última hora el pacto del nuevo Consell

Miembros de la comisión negociadora, ayer/damián torres
Miembros de la comisión negociadora, ayer / damián torres

Puig afronta hoy su segunda investidura con una desconfianza total entre los socios y sin un acuerdo suscrito

- BURGUERA y MARTA HORTELANOValencia

El proceso de negociación del nuevo Consell se ha convertido en una de esas películas de suspense en la que se suceden falsos finales uno detrás de otro. Cuando parece que se acaba la historia, un nuevo muerto y otra sorpresa. De este modo, el presidente de la Generalitat en funciones, Ximo Puig, debe ser investido hoy en Les Corts en un ambiente de total desconfianza e incomprensión entre las terna de formaciones que negocian el pacto de Gobierno. Compromís elevó mucho el tono de la crispación el lunes. Podemos eligió el día de ayer para levantarse de la mesa de la negociación. El PSPV intentó mantener un discurso moderado, pero la consternación entre sus negociadores fue aumentando a medida que se agotaban las horas para cerrar un pacto ligado a la investidura de Puig. El reparto del poder dentro de la Generalitat, las competencias que cada una de las tres formaciones va a asumir, crispó el debate al máximo hasta romper todas las previsiones de los socialistas, que durante semanas lo han dado todo por hecho.

El presidente había convocado el lunes a la vicepresidenta Oltra para hablar del seminario de julio del futuro Consell. La líder de Compromís, sin embargo, consideraba que las negociaciones estaban sin cerrar, y tras reunirse con Puig exigió a su equipo en la mesa de debate a tres bandas que no aflojase. Los socialistas interpretaron como un gesto de gran descortesía que los miembros del Gobierno valenciano designados por Compromís no acudiesen la noche del lunes a la cena de despedida del Consell.

Durante la mañana de ayer se retomaron las negociaciones, esta vez en la sede del PSPV. Mientras, en Les Corts, se celebraba una Junta de Síndics tras la cual se reflejó perfectamente el estado de ánimo del tripartito a esa hora. Martínez Dalmau, dirigente podemista, consideró algo imperativo que Puig se investido hoy y apeló al sentido de responsabilidad. Fuentes podemistas indicaron, también que, si era evidente que el pacto del Botánico de 2015 quería reflejar renovación y frescura, en esta ocasión la crispación impide repetir esas sensaciones y se debe transmitir, al menos, solvencia. Dalmau, además, advirtió de que «los intereses partidistas» no podían solapar «el interés general» de que se ponga en marcha cuanto antes el Gobierno autonómico valenciano.

Por su parte, Aitana Mas, la portavoz adjunta de Compromís, aseguró que su coalición no aceptaría más «humillaciones» y que no descartaban ningún escenario a la hora de votar hoy a Puig, o no.

La socialista Carmen Martínez quiso quitar hierro al asunto y aseguró que los tonos de crispación obedecían al «cansancio» y a la «liturgia de la negociación». La portavoz adjunta del PSPV en Les Corts no se quiso ni plantear la posibilidad de que su líder no sea investido hoy, un planteamiento que, sin embargo, ganó fuerza a lo largo del día a medida de que el reparto de las competencias, del poder dentro del Consell, no se resolvía. Tras el minuto de silencio realizado frente al Palau por el asesinato de Beatriz, la mujer fallecida a causa de la violencia machista, Puig se llevó aparte a Oltra para hablar a solas unos minutos.

A pesar de los llamamientos a «la responsabilidad» de Dalmau, en la sede del PSPV, eran sus propios compañeros de Podemos los que se levantaron de la mesa negociadora al comprobar que Compromís había endurecido sus posiciones y que el PSPV dejaba hacer a la coalición de Oltra. Las competencias relacionadas con la energía y el cambio climático se convirtieron en el punto de ruptura. Con el fin de retomar las conversaciones, a los podemistas se les ofreció que asumiesen esas áreas pero dentro de consellerias lideradas por Compromís, lo que desde el partido morado se interpretó como un modo de invitarles a no formar parte del Consell y sirvió para que Podemos asegurase que su 'sí' a Puig no es seguro.

Retrasar la investidura 24 horas

Hoy, tras el discurso de Puig, el presidente de Les Corts, el nacionalista de Compromís Enric Morera, podrá decretar un receso que podría prolongarse hasta 24 horas. O no. Si fuera así y se dieran un día más de tiempo, algo insólito, los acuerdos podrían seguir renegociándose hasta mañana y, tras las intervenciones de cada grupo parlamentario, se votaría. En caso de que el candidato del PSPV no logre la mayoría, dos días más tarde, el sábado, se repetiría la votación.

Ximo Puig, en el Comité Nacional de su partido celebrado ayer tarde, subrayó que era necesario no dejar de insistir que los socialistas han ganado las elecciones. Todas las partes sabían en ese momento que las cosas estaban sin resolver a escasas doce horas del discurso del investidura del candidato a renovar la Presidencia de la Generalitat. El mensaje de la victoria socialista es el que, insistentemente, el veterano Ciprià Císcar lanza al resto de los negociadores cada vez que toma la palabra durante las reuniones para negociar tanto el contenido del pacto de Gobierno como la arquitectura del nuevo Consell. El líder socialista, según personas presentes en el comité, señaló que Podemos debe aclarar su posición, si quiere participar en el Consell o no, mientras que lamentó que «algunos» (en referencia a Compromís) le reprochan con insistencia el adelanto electoral, un anticipo de las elecciones al que Puig atribuye la continuidad de la izquierda al frente de la Generalitat.

Podría darse la paradoja de que el anticipo electoral decretado por el dirigente socialista, algo histórico, tenga como contestación por parte de la líder de Compromís la amenaza de posponer la investidura de Puig, algo también histórico.