La rehabilitación del Papa Luna

Juan Bautista Simó, en uno de los actos de Amics del Papa Luna.  / lpVista del castillo de Peñíscola, donde residió 
el Papa Luna.  :: pau bellido
Juan Bautista Simó, en uno de los actos de Amics del Papa Luna. / lpVista del castillo de Peñíscola, donde residió el Papa Luna. :: pau bellido

El Vaticano estudiará la restitución de Benedicto XIII como legítimo pontífice seis siglos después de su fallecimientoLa asociación Amics del Papa Luna presenta la documentación ante la Congregación para la Doctrina de la Fe

La asociación 'Amics del Papa Luna' lleva nueve años estudiando la figura de Benedicto XIII, más conocido como el Papa Luna que ha pasado a la historia como uno de los antipapas. La entidad trata de que la Iglesia rehabilite su figura seiscientos años después de su fallecimiento.

El pasado mes de diciembre la asociación, que agrupa a cerca de 200 asociados, presentó ante el Vaticano una prolija documentación solicitando la recuperación de su figura. El expediente fue entregado en la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal Luis Francisco Ladaria, el pasado 21 de diciembre y fueron admitidos. Según explicó Juan Bautista Simó, presidente de Amics del Papa Luna, el cardenal mostró una «buena impresión» y destacó de la asociación «la vitalidad reveladora de una entidad dotada de fortaleza y convicción».

El Vaticano está abierto así a estudiar lo que la asociación considera un error histórico. Simó destacó que Benedicto XIII fue un Papa plenamente ortodoxo que actuó conforme a su conciencia, Para el presidente de esta entidad se trata de un «mártir que no renunció a su sacrosanta obligación a pesar de la condena y del turbulento Concilio de Constanza».

Este concilio, celebrado en 1413, fue el que puso fin al Cisma de Occidente que se produjo entre 1378 y 1417 cuando tres cardenales se disputaron el papado. Al no aceptar las conclusiones de esta reunión, que eligió como papa a Martín V, Benedicto XIII fue excomulgado.

Todo estos sucesos se produjeron durante la baja Edad Media, cuando la imbricación entre Iglesia y Estado era muy alta. El control del papado se convirtió en un motivo de enfrentamiento entre los principales países europeos.

Simó destaca el cambio de percepción que se ha producido en el Vaticano, que no es nuevo. Ya en 1958 el Papa Roncalli tomó el nombre de Juan XXIII, que es el mismo que el del antipapa que impulsó el Concilio de Constanza y que fue depuesto en esta reunión, en un gesto que desde la asociación interpretan como un reconocimiento a Benedicto XIII.

La asociación gestiona la tradición, estudio y publicación de unas 15.000 de las 25.000 bulas promulgadas por este pontífice que están custodiadas en el Vaticano donde fueron enviadas desde Peñíscola.

Argumentación

Amics del Papa Luna ha presentado una amplia documentación ante el Vaticano. Se basa, sobre todo, en los trabajos el 'Bulario de Benedicto XIII' de Ovidio Cuella o 'El Cisma de Occidente y las vistas de Morelia. Historia y documentos (1378-1429) de José Alanyà, canónigo archivero de la catedral de Tortosa.

El canónigo de Tortosa, por su parte, facilitó un documento en el que argumenta «la reivindicación de Benedicto XIII, su legitimidad en la sucesión de Pedro; la integridad de sus documentos teológicos y especialmente la doctrina sobre la Iglesia y el Primado».

La documentación lleva una introducción de Juan Bautista Simó en la que solicita la revisión histórica de la figura de Benedicto XIII para que le sea restituida «su dignidad moral, académica y cultural derogando su excomunión e incorporarle como legítimo y fiel hijo de la Iglesia».

Su argumentación es muy clara. Se basa en el hecho de que Benedicto XIII fue un firme defensor de la idea de que la autoridad del Pontífice era la más firme garantía para la independencia y unidad de la Iglesia frente a los que se mostraban partidarios del conciliarismo que prevaleció en Constanza. Para el Papa Luna, sólo Dios estaba por encima de la autoridad del sucesor de san Pedro, una postura que se ha consolidado en los últimos siglos, especialmente desde el Concilio Vaticano I. Para Simó, en Constanza prevaleció el interés político más que el eclesial.

Desde la asociación señalan que todos los cargos que se le atribuyeron en Constanza provenían de factores políticos y pretendían presionarle para que renunciara. Además, explican, nunca se cuestionó su legitimidad canónica.

Tuvo destacados partidarios como San Vicente Ferrer que fue su amigo, colaborador y defensor, «aunque en los momentos que más le necesitaba le abandonó», dijo Simó.

Benedicto XIII era aragonés. Su nombre completo era Pedro Martínez de Luna y Pérez de Gotor. Nació en 1328 en Illueca (Huesca) y fue elegido pontífice en el año 1394. Acosado en Aviñón, acabó refugiándose en Peñíscola a partir de 1411. Entonces era una fortaleza de la Orden de Montesa que el Papa Luna incorporó a la Santa Sede. Juan Bautista Simó explica que «debió presentir que era el lugar adecuado donde resistir y mostrar su magnificencia y autoafirmación». Nunca volvió a Roma. Para Simó, «en Peñíscola convertiría su tiara pontificia en una auténtica corona de espinas». Allí escribió «un tratado filosófico-religioso rebosante de espiritualidad» y moriría en 1423 «en pavorosa soledad, pero en permanente y verdadero diálogo con Dios», según explica Simó.

Aún así, el Papa Luna tuvo influencia en su época. Entre su legado se encuentra la fundación de la Universidad de Sant Andrews en Escocia que fue creada desde Peñíscola en el año 1413.