El Príncipe Felipe, último oasis de la investigación

Detalle de material del Centro de Investigación Príncipe Felipe. / jesús signes
Detalle de material del Centro de Investigación Príncipe Felipe. / jesús signes

La institución cuenta con 14 grupos de especialistas que han recuperado este año el nivel salarial tras el ERE de finales de 2011 El centro valenciano remonta como referente mientras en La Fe y Fisabio se suceden las protestas por la precariedad laboral

DANIEL GUINDO

valencia. El Centro de Investigación Príncipe Felipe (CIPF) está volviendo a posicionarse como la joya de la corona de la Comunitat. Después de superar las dificultades propias de la crisis económica -que le costó un ERE en 2011 en el que perdió 114 profesionales y cuyos especialistas sufrieron un recorte salarial- vuelve a remontar de la mano de 14 grupos de investigación y un nuevo plan estratégico y científico. La nueva situación de esta reconocida institución, sin embargo, contrasta con las protestas de los especialistas del Instituto de Investigación Sanitaria (IIS) de La Fe de Valencia y de los profesionales de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunitat (Fisabio) que se vienen sucediendo desde principios de año, y en las que continuamente se denuncia la precariedad laboral que sufre la mayor parte de estos profesionales, traducida en la concatenación de contratos temporales que abocan a estos investigadores a una continua inestabilidad en el empleo.

El caso del Príncipe Felipe es distinto. Desde el comité de empresa concretaron a LAS PROVINCIAS que más de la mitad de la plantilla tiene contrato indefinido. Y el resto, en su mayoría, son temporales con cargo a proyectos de investigación que consiguen los profesionales, o becas que logran los propios predoctorales. «Conocemos la situación en la que se encuentran los compañeros de otras instituciones y apoyamos totalmente sus reivindicaciones. Es imprescindible una mayor implicación de todos nuestros gobernantes en materia de investigación para evitar que nuestros investigadores se vean obligados a salir del país para seguir dedicándose a la ciencia y poder recuperar a los que hace años que tuvieron que irse», agregaron.

Así, a mediados de 2018, la por entonces consellera de Sanidad, Carmen Montón, anunció que se ponía fin a los efectos del ERE de 2011 en el centro -que provocaron, incluso, la eliminación de distintas líneas de investigación sobre cáncer y otras enfermedades- y se restauraron los salarios a los trabajadores afectados. Además, añadieron desde el comité, «se han corregido situaciones anómalas que afectaban a varias personas, en cuanto a su categoría profesional», por lo que han sido colocadas en la que les corresponde. «El siguiente paso en el que estamos trabajando es en eliminar y/o reducir diferencias salariales entre personas que están en la misma categoría», indicaron.

La finalización del ERE, según fuentes del centro, ha sido necesaria para implementar el nuevo Plan Estratégico Científico 2018-2023 y «reforzar la excelencia de la investigación, lo que nos ha permitido incorporar dos nuevos grupos de investigación, los liderados por el doctor Enric Esplugues y el doctor Pietro Fazzari». Esplugues, por un lado, es el responsable del Laboratorio de Inmunología Molecular y Celular, en el que aborda nuevos enfoques terapéuticos para tratar diferentes enfermedades inflamatorias y autoinmunes. Por su parte, el Fazzari es el responsable del Laboratorio de Fisiopatología de los circuitos corticales, donde investigan nuevas dianas terapéuticas para tratar la esquizofrenia, lesiones cerebrales y trastornos neurodegenerativos como el Alzheimer. El objetivo del Plan Estratégico Científico es posicionar el CIPF como centro de excelencia científica. «Por primera vez, el centro tiene un programa de research tracks o desarrollo profesional. Ya tenemos en marcha la iniciativa para lograr el sello de la Comisión Europea HRS4R Human Resources Strategy for Researchers, para aumentar la visibilidad y confianza en el centro y atraer talento», explicaron.

Además, y «con el fin de promover la excelencia científica, la integridad y la internacionalización», en 2018 se nombró como nuevos miembros del Scientific Advisory Board (consejo científica asesor) del CIPF a Sharon Gerecht, directora del Johns Hopkins Institute for Nano Biotechnology (INBT); Michelle Bradbury, directora del Instituto Imaging Research del Sloan Memorial Kettering Cancer Center; Josep Tabernero, director del Instituto de Oncología Vall d'Hebron; Antonio Zornano, responsable del Programa de Medicina Molecular del IRB Barcelona; Leslie Vosshall, directora Kavli Neural Systems Institute; Jens Bruning, director del Max Planck Institute for Metabolism y Adriana Maggi, directora del Centro de Excelencia de Enfermedades Neurodegenerativas de la Universidad de Milán.

Este nuevo consejo mantiene reuniones anuales con los investigadores principales del centro y la dirección para asesorarles en sus líneas de investigación, promover las colaboraciones internacionales y la traslación de los resultados para mejorar las soluciones clínicas.

También se renovó en diciembre el patronato del CIPF, al que se incorporaron los doctores Óscar Marín Parra, Isabel Fariñas, Carmen Ayuso y María A. Blasco, «todos ellos de sobra conocidos por sus importantes aportaciones en investigación biomédica», explicaron. «Los resultados indican que vamos por el buen camino, somos el único centro de investigación valenciano en el 'top ten' del Scimago Ranking de Instituciones Biomédicas, y con la implementación del Plan Estratégico hemos pasado de la novena a la octava posición», incidió la directora del CIPF, Deborah Burks.

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