Otra gota fría entre barrancos abandonados y obras pendientes

Serpis. Una ciclista pasea junto al cauce del río invadido por las cañas en el término municipal de Gandia. / j. monzó
Serpis. Una ciclista pasea junto al cauce del río invadido por las cañas en el término municipal de Gandia. / j. monzó

La Generalitat contabiliza hoy 299 pueblos de la Comunitat con riesgo de inundación

Juan Antonio Marrahí
JUAN ANTONIO MARRAHÍValencia

La historia se repite. El paso de un temporal volvió, a principios de la semana pasada, a recordar el gran peligro al que está expuesta la Comunitat por las fuertes lluvias: playas dañadas, rescates en la Marina, achiques en casas y comercios... Un año más la región afronta la época de gotas frías entre denuncias políticas por cauces repletos de cañas y planes redactados desde hace años, pero sin materializarse: las necesarias obras para dotar a nuestro territorio de una protección real y efectiva que reduzca zonas inundables y encauce las posibles grandes avenidas por las trombas.

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La Generalitat contabiliza hoy 299 pueblos de la Comunitat con riesgo de inundación. En casi medio centenar de ellos, ese peligro se califica como grave, según Emergencias. Históricamente, las críticas por la falta de cautelas en los cauces o las obras pendientes han llegado desde los ayuntamientos de muchos pueblos por los que pasan ríos o barrancos.

Los propios socios del gobierno autonómico elevan su voz contra el gobierno central, con competencias en las cuencas. El portavoz de Compromís en el Senado, Carles Mulet, lamentó esta semana: «Las confederaciones prohíben en los ayuntamientos tener iniciativa mientras no hacen nada». Para Mulet, «al acercarse septiembre y los episodios de fuertes lluvias se vuelve a poner en riesgo a población y bienes por el estado lamentable de conservación de ríos y barrancos».

La CHJ se defiende: «La vegetación reduce la velocidad del agua y lamina las avenidas»

Critica que las confederaciones «han dejado sin hacer las grandes actuaciones en materia de limpieza y conservación» de los cauces. El senador tilda de «injusto» que los ayuntamientos valencianos «sean los afectados por la escasa previsión y falta de limpieza de cañas».

Obras de 500 millones

Las críticas llegan también porque el Plan de Gestión de Riesgo de Inundación (PGRI) aún no se ha materializado. Concebido por el Gobierno en 2016, propone para la región obras cruciales por valor de 500 millones. Son intervenciones como las presas de Montesa, Sellent y Vilamarxant, acondicionamientos en el río Turia, el plan general de inundaciones del Júcar, motas de defensa... En definitiva, construcciones y grandes infraestructuras para reducir riesgos en las zonas de peligro.

Ante estas acusaciones, la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) se defiende. Su posición se resume así: ni tiene porque ocuparse de todo, ni todo lo que preocupa conlleva realmente un riesgo, sino más bien al contrario.

Según fuentes del organismo fluvial, las cañas, que tanto sueño quitan por si taponan y causan desbordamientos, son «una especie invasora y su control y erradicación es muy difícil». En todo caso, ahonda la CHJ, «el control de especies invasoras en general es una competencia de la comunidad autónoma».

Sant Joan. En este barranco de Dénia se acumula gran cantidad de maleza y vegetación que puede ser peligrosa en caso de gota fría o de incendio.
Sant Joan. En este barranco de Dénia se acumula gran cantidad de maleza y vegetación que puede ser peligrosa en caso de gota fría o de incendio. / Tino Calvo

¿Debería acaso Compromís dirigir sus críticas a la Generalitat o a los ayuntamientos? La confederación recuerda que un decreto del Consell de 2009 para el control de especies exóticas invasoras asigna esta competencia a la Conselleria de Medio Ambiente. Y añade que las actuaciones en cauces públicos en zonas urbanas «corresponden a los ayuntamientos». La confederación, «contrariamente a lo que afirma el senador autoriza a ayuntamientos y particulares para estas tareas de acondicionamiento con permisos que se tramitan en dos meses salvo si afectan a espacios protegicos».

En todo caso, resalta la CHJ, «los ríos y barrancos no son ni han de ser canales. La existencia de vegetación en ellos es natural y contribuye a mejorar la calidad de las aguas, reducir la velocidad y laminar las avenidas, proteger márgenes y aumentar la biodiversidad acuática».

En cuanto a las grandes obras contra riadas, su horizonte es difuso. «Aún son objeto de un estudio coste-beneficio que determine su viabilidad». Después aún se tendrá que estudiar la forma de financiarlas. Y de nuevo conflicto en las competencias: «De las obras del PGRI, el Estado tendrá que hacerse cargo de las que se declaren de interés general y el resto, las administraciones competentes en urbanismo, ordenación del territorio o protección civil», razona la CHJ.

Río Júcar. A su paso por Alzira, el río se estrecha debido a las cañas.
Río Júcar. A su paso por Alzira, el río se estrecha debido a las cañas. / J. Monzó

Viajamos por la región para conocer qué preocupa a vecinos y ayuntamientos. En Alzira, el barranco de la Casella recibe el agua de varios cauces. Con lluvias fuertes no soporta el torrente de agua y se desborda. «Es un problema de urbanismo desde que se desvió el río y pagamos los errores», lamenta el concejal de Medio Ambiente, Pep Carreres. Otro punto crítico es el barranco de la Murta. Desemboca en carretera de Alzira a Albalat, que debe ser cortada con cada aguacero.

En Carcaixent, el peligro está en el barranco de Barxeta. Además de contar con puntos muy estrechos, está invadido de maleza. «Con los recursos que tenemos no podemos limpiarlo, se necesita gran maquinaria», explica la edil Paula Lozano. Piden que la CHJ intervenga.

Presas, motas y otras grandes obras están aún pendientes de un estudio de coste y beneficio

En Gavarda, una intervención de envergadura de operarios de Medio Ambiente ha traído algo de tranquilidad a los vecinos. Se ha retirado vegetación del Júcar. «Lo que nosotros habíamos quitado en cuatro años, ellos lo hicieron en una semana con maquinaria», destacó el alcalde, Vicent Mompó. La falta de recursos es, en muchos puntos, el principal escollo.

Llegamos a la Safor. El mayor peligro está en Tavernes de la Valldigna. El río Vaca pasa cerca del casco urbano. En octubre y noviembre estuvo a punto de desbordarse y el agua anegó campos cercanos al cauce. La fuerza del agua arrastró miles de cañas que formaron un tapón junto a la N-332. Allí los operarios trabajan contrarreloj para evitar que esto suceda. Es una obra municipal con permiso de la CHJ, a la que Tavernes ha pedido, además, que arregle el margen del río en algunos tramos.

Las exigencias llegan también desde Gandia. El director general del Medio Natural, Daniel Muñoz, aseguró que la denuncia «es constante y también la de propietarios con terrenos o viviendas cercanas a los puntos de riesgo». Considera «injusto tener que intervenir en una zona que es competencia de este organismo». De nuevo conflicto por las responsabilidades.

Casi 300 pueblos de la región presentan riesgo de inundación y en 50 el peligro es grave

En la Safor urgen el proyecto de canalización del río Vaca a su paso por Tavernes planificado desde 2001. En Oliva, el pueblo anhela desde 2009 una presa de laminación. Se paralizó cuando se detectaron problemas en los terrenos donde se iba a construir.

Mientras, en la Marina, el Coll de Pous presenta suciedad acumulada en su recorrido, entre basura y ramas de arboles. Las cañas se acumulan en varias zonas del cauce del Girona. La CHJ ha firmado un convenio con Beniarbeig, Ondara y El Verger para mejorar el lecho y que luego los ayuntamientos se encarguen del mantenimiento. Las máquinas trabajan ya en el tramo del primer municipio, pero en los otros dos las tareas están programadas para septiembre. Si llegara una gota fría, la fuerza del agua arrastraría esa vegetación.

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