Las Provincias

José Torres Hurtado, el alcalde más duradero

José Torres Hurtado posa en el ayuntamiento tras una entrevista con Ideal.
José Torres Hurtado posa en el ayuntamiento tras una entrevista con Ideal. / Alfredo Aguilar
  • Perfil de José Torres Hurtado publicado en Ideal el 14 de junio de 2015 tras ser investido alcalde de Granada por cuarta vez, batiendo el récord de Antonio Jara, que estuvo doce años al frente de la alcaldía

José Torres Hurtado (Píñar, 1946) ya es la persona que más tiempo ha ejercido como alcalde de Granada desde que España abrazó de nuevo la democracia. Con su cuarta reeleción ha pulverizado el récord del socialista Antonio Jara, que fue regidor de la ciudad de la Alhambra entre 1979 y 1991, es decir, doce años. También es el político que más veces ha ganado los comicios municipales en la capital, lo ha conseguido cuatro veces. Además, en tres ocasiones lo hizo por mayoría absoluta, una marca que tampoco nadie antes había logrado.

Pero los tiempos han cambiado y Torres Hurtado se enfrenta ahora a su reto más difícil en la política local: gobernar con once concejales, esto es, sabiendo que la oposición, conformada por 16 ediles, puede vetar sus proyectos y sacar adelante otros alternativos. En los doce años anteriores, no tuvo necesidad de preocuparse por tender puentes, pero ahora no le queda otra. Sea como fuere, eso pertenece al futuro. Ahora es el momento de zambullirse en el largo pasado de un hombre que lleva 37 años metido en política, 33 de ellos desempeñando algún cargo público, desde senador del Reino, hasta consejero de la Radio Televisión Andaluza o delegado del Gobierno central en Andalucía.

Ingeniero técnico agrícola de profesión, unos estudios que cursó en Madrid, fue en 1978, en la convulsa España de la Transición, cuando tomó contactó con la política por primera vez, aunque de manera indirecta: fue elegido vicepresidente de la Cámara Agraria Provincial, un puesto que le sirvió para conocer el funcionamiento de las administraciones públicas. Ya en 1982, en los tiempos del cambio que abanderaron Felipe González y el PSOE, el desaparecido Gabriel 'Kiki' Díaz Berbel, que también llegaría a ser alcalde de Granada, le tentó para enrolarse en las filas de Alianza Popular (AP), el partido que lideró Manuel Fraga Iribarne y acabaría diluyéndose en el actual PP, y él aceptó el ofrecimiento. Fue el número dos de AP por Granada y consiguió un escaño en el Congreso de los Diputados. Cuatro años más tarde pasó al Senado y, posteriormente, ingresó en el Parlamento de Andalucía. Por aquel entonces, año 1994, hablaba así de su ideología: "No me molesta que me digan que soy de derechas, porque son las ideas que hoy están triunfando en el mundo; el que quiera ofenderme diciéndome eso es mejor que piense en otra cosa", declaró en una entrevista con Ideal.

Los días de plomo

En su siguiente cometido, el de delegado del Gobierno central en Andalucía, vivió sus particulares días de plomo. Estando en ese cargo, la organización terrorista ETA asesinó en Granada a Luis Portero, el fiscal-jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, y Torres Hurtado se vio envuelto en una polémica sobre la seguridad del jurista. Portero había reclamado una escolta permanente, pero no se le concedió. En este sentido, el ministerio público abrió una investigación que fue archivada pese al disgusto de buena parte de la carrera fiscal.

En 2003, y tras un breve paso por el consejo de administración de la RTVA, Torres Hurtado se convirtió, por primera vez, en alcalde de Granada. Y con mayoría absoluta. Lo mismo ocurrió en los siguientes comicios municipales... y también en los siguientes. En este 2015, la racha se quebró y no ha podido revalidar sus logros. A pesar de ganar las elecciones, se quedó muy lejos de las aplastantes victorias de años anteriores y tendrá que gobernar en minoría.

En lo personal, Torres Hurtado sufrió un infarto de cerebelo en junio de 2014, un percance que le obligó a alejarse de la vida pública durante casi tres meses. Inevitablemente, surgieron las especulaciones sobre su futuro político, pero el insistió en que quería continuar. Y ahí sigue.