Biodiversidad Marina

Posidonia, un ecosistema milenario en regresión

Los expertos la comparan las praderas de posidonia con los bosques tropicales porque concentran una gran biodiversidad de especies. /PABLO CHACÓN
Los expertos la comparan las praderas de posidonia con los bosques tropicales porque concentran una gran biodiversidad de especies. / PABLO CHACÓN
La extensión de las praderas de esta especie endémica del mar Mediterráneo se ha reducido entre un 13% y un 38% en el último medio siglo
PABLO CHACÓN.

Las praderas de posidonia oceánica son el ecosistema más complejo e importante del mar Mediterráneo. Al contrario de lo que la mayor parte de la gente piensa, la posidonia no es un alga sino una planta fanerógama, de la que brotan flores y frutos. Esta especie endémica de las aguas mediterráneas se encuentra en hasta una profundidad de 30 metros, ya que necesita luz solar para poder realizar la fotosíntesis. La existencia de esta especie es una evidencia de la calidad del agua y de su fauna, comportándose como un gran bioindicador. Representa una importante área de cría, da refugio y alimento a diferentes especies de interés medioambiental, previene la erosión de las playas, constituye uno de los recursos pesqueros más importantes del Mediterráneo y supone un elemento importante dentro de la prevención del cambio climático, ya que las praderas son grandes captadores de CO2.

«Las praderas de posidonia las encontramos en lo que llamamos zona costera litoral. Es la selva del mar, donde se concentra la mayor biodiversidad y mayor producción pesquera asociada al fondo y a la columna de agua», comenta César Bordehore, biólogo y profesor asociado del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante (UA) y coordinador de la Estación Científica Montgó.

En numerosas regiones del litoral valenciano, estas praderas se encuentran en una situación muy delicada. La contaminación, las alteraciones de la hidrodinámica de las aguas, la regeneración de playas, el turismo, la disminución en la transparencia de las aguas, las construcciones en el litoral, la pesca de arrastre y la presencia de especies invasoras han alterado su hábitat. «Numerosas embarcaciones de recreo fondean encima de las praderas y no retiran el ancla con cuidado sino que arrastran el ancla, arando el suelo marino, lo que destroza muchísimo el suelo marino. Durante miles de fondeos en un verano, en una bahía de Xàbia, por ejemplo, las embarcaciones acaban haciendo un destrozo importante», advierte Bordehore. Los ejemplares de esta especie tienen un crecimiento excepcionalmente lento, por lo que el daño es muy significativo. «Un palmo de posidonia tarda diez años en crecer y un metro de altura de sedimento de rizoma tarda en crearse más o menos 1.000 años» explica el biólogo, quien destaca que «es muy complicado que se recupere si ese impacto sigue produciéndose». Además, al regenerar las playas sin limpiar las arenas, «los sedimentos que acompañan a la arena generan fango en el fondo de mar, que provoca una capa anóxica -sedimentos sin oxígeno-, que perjudica a los rizomas de posidonia y se produce un efecto en cascada».

Fertilización del mar

Otro de los factores que está poniendo en peligro a este ecosistema es lo que se conoce como la fertilización del mar, es decir, el aporte de fertilizantes de origen agrícola al mar. «La eutrofización -el aumento excesivo de microorganismos- por fertilizantes de la agricultura provoca una alteración de la cadena trófica que, en muchas ocasiones, produce que haya más organismos sésiles -que viven adheridos al sustrato de hojas y rizomas- y que evitan que la planta realice bien la fotosíntesis», señala César Bordehore. «Este impacto es igual o más grave que el anterior, ya que este exceso de microorganismos, cuando mueren y van al sedimento, generan un enriquecimiento en las capas superficiales, creando una capa anóxica, que producen ácido sulfídrico que acaba matando a la posidonia», resalta el profesor de la UA, quien asegura que su departamento ha pedido un proyecto europeo Life para determinar las causas del declive constante de la posidonia oceánica a causa de la fertilización del mar.

Pérdida de densidad

Como consecuencia de estos factores, la extensión de la posidonia oceánica se ha reducido entre un 13% y un 38% en el último medio siglo y las áreas restantes han reducido su densidad en un 50% en los últimos 20 años, según ha concluido un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que ha evaluado el estado de las praderas en el Mediterráneo occidental desde que hay registros y cuyos resultados se publicaron en la revista ‘Biological Conservation’.

La investigadora del CSIC Núria Marbà, del Institut Mediterrani d’Estudis Avançats, advierte que, «debido a la disminución de las praderas, la cantidad de CO2 que este ecosistema captura actualmente probablemente es entre el 62% y el 87% del que secuestraba antes de 1960». Lo que significa que el Mediterráneo ha perdido densidad de posidonia oceánica a una tasa de casi un 7% al año. Los beneficios que prestan las praderas al ecosistema también se habrían reducido. «El aumento de la calidad del agua, la protección costera, la adaptación a la subida del nivel del mar, la reducción de la acidificación del océano, también se habrían reducido un 50% durante los últimos 20 años», añade Marbà.

Las causas de esta regresión son diversas. El 67% del declive se ha atribuido a impactos causados por el ser humano, el 30% se debe a eutrofización costera y el 39% a presiones múltiples, según este trabajo, que ha evaluado el estado -estable, en expansión o en regresión- generalizado de las praderas de posidonia oceánica en el Mediterráneo desde que existen medidas de extensión -1842-, cobertura y densidad de biomasa. «Hemos obtenido datos de 519 praderas, el 97% de ellas en la costa europea del Mediterráneo occidental», señala Marbà, que destaca la necesidad de implementar medidas de gestión y conservación para mitigar el deterioro costero combinando acciones locales y globales.

Un metro de altura de sedimento de rizoma de posidonia tarda en crearse alrededor de 1.000 años.
Un metro de altura de sedimento de rizoma de posidonia tarda en crearse alrededor de 1.000 años. / P. C.

Menos vertidos para minimizar las medusas

La Estación Científica Montgó-Dénia es un centro de investigación ambiental y marina donde se realizan actividades de investigación, desarrollo e innovación, formación, asesoramiento, concienciación y sensibilización. El centro ha participado en proyectos de investigación sobre las causas de las proliferaciones de medusas y sus efectos a nivel medioambiental, socioeconómico y de salud pública como Life Cubomed, que ha estudiado durante seis años las proliferaciones de medusas en las costas del Mediterráneo español.

El proyecto ha obtenido información para la minimización de picaduras de medusas y para mejorar el tratamiento pospicadura o medidas de gestión del ecosistema para reducir las poblaciones de estos animales allá donde su abundancia sea superior a lo normal. En este último punto, se ha descubierto la importancia de reducir los vertidos de fertilizantes al mar, ya que éstos provocan en determinados puntos un incremento de medusas.

Además, se está preparando un nuevo Life, con la participación de diversas universidades y administraciones, encaminado a mejorar la calidad de las aguas subterráneas y minimizar los vertidos de fertilizantes nitrogenados y otras sustancias contaminantes. Estos vertidos difusos no solo provocan un impacto significativo sino que también generan costes adicionales al agricultor, ya que ese fertilizante no ha sido utilizado por la planta, y también un incremento del coste de potabilización que tienen que asumir los ayuntamientos y los usuarios del agua potable.

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