Las Provincias

LA FELICIDAD DEL FAN

Muchos lo intuíamos, pero ahora la ciencia lo confirma. Los espectadores de series y películas de televisión somos más felices que aquellos que no lo son. Lo ha demostrado un estudio de la Universidad Loyola Andalucía en el que han participado mil personas de entre 18 y 46 años. No es que nuestra condición de fans necesite ninguna justificación que respalde nuestra devoción por ciertos productos audiovisuales de ficción, pero está bien pensar que las horas invertidas frente a la tele tienen consecuencias positivas en nuestra existencia. Me quedo más tranquila sabiendo que aquel domingo que no salí de casa en todo el día viendo los doce capítulos de la segunda temporada de 'Deadwood', uno detrás de otro, desarrollé, según el estudio, «fortalezas humanas asociadas a virtudes como la sabiduría y el coraje».

Tengo mis dudas acerca de si el cariño que les tengo a personajes con una vida moralmente reprobable como Tony Soprano o Walter White me han hecho más sabia o más valiente, pero sé que el tiempo que estuve viendo 'A dos metros bajo tierra', 'Mad Men', 'Fargo', o incluso series que te dejan hecho polvo como 'Black Mirror' o 'Happy Valley', me lo pasé muy muy bien. No creo que esa felicidad sea algo exclusivo de las series, estoy segura que los lectores de novela policiaca, los melómanos que no se pierden un concierto, sea de música barroca o de trash metal, los amantes de la pesca con mosca o los colombaires que disfrutan con la suelta de palomos también son más felices que los que no tienen ninguna de estas aficiones. Además, esas cosas unen. Acabar de conocer a alguien y que sea fan de tu misma serie supone simpatía instantánea. El objeto es lo de menos. Sea 'House of Cards', o Gran Hermano Vip, lo que importa son los momentos de dulce evasión.