Las Provincias

Los jardines combustibles

Incendio en unos setos en un chalé de Xàbia.
Incendio en unos setos en un chalé de Xàbia.
  • Expertos en extinción y emergencias alertan del «mito de los cipreses ignífugos» y constatan que palmeras y setos extendieron las llamas

  • El fuego de Benitatxell avanzó dos kilómetros por la vegetación de chalés

Cuando los expertos de Emergencias analizaron el perímetro del incendio forestal de Benitatxell, un detalle llamó podero samente su atención. La zona afectada esboza una cabeza de unicornio. La mayor parte es arbolado y matorral, pero ese cuerno de terreno de casi dos kilómetros de extensión está conformado por hileras de chalés de la urbanización Pinosol de Xàbia. Y llega hasta Capsades.

Raúl Quílez es doctor ingeniero de incendios forestales y uno de los expertos del Consorcio de Bomberos habituales frente a grandes incendios. Además, es miembro de la Fundación Pau Costa que trabaja a nivel internacional en el análisis científico de estos desastres. «Creo que estamos ante el que posiblemente sea el mayor avance de España de un incendio forestal sobre zona urbanizada. Los jardines particulares funcionaban como mechas, propagando al interior de las viviendas el fuego generado por las pavesas del frente principal».

La apreciación es compartida. «Ciertos jardines son combustibles y lo sabemos», coincide una brigada de Bomberos Forestales que trabajó en la extinción. «Palmeras sin podar, cerramientos de brezo y setos de cipreses dieron continuidad al incendio», añaden.

El incendio de La Marina pone de relieve la nula previsión urbanística de chalés construidos junto al monte, sin la mínima franja de seguridad libre de vegetación. Y evidencia la escasa capacidad de autoprotección de algunos propietarios. «Desde la famosa imagen de los cipreses de Alcublas que se salvaron del incendio de Andilla existe el mito de que esta especie es ignífuga, cuando prende tanto o más que un pino. En aquel incendio se salvaron por otros factores como la orografía». En Xàbia, los equipos de extinción se encontratron con depósitos de gas rodeados de cipreses con la ingenua intención de crear barrera ante las llamas. «Los cipreses acabaron quemados y el depósito también», lamenta Quílez.