https://static.lasprovincias.es/www/menu/img/valenciacf-desktop.jpg

La primera piedra del femenino

La primera piedra del femenino

«Durante los partidos, sobre todo cuando las cosas iban mal, mirabas a la otra y pensabas: 'Esta tía se va a partir la cara por mí'», comentan Integrantes de la plantilla que debutó en Superliga con el escudo del Valencia recuerdan sus inicios

LOURDES MARTÍ

valencia. «Un día antes del entrenamiento en el Colegio Alemán, nos reunieron y nos dijeron que a partir de ese momento íbamos a formar parte del Valencia, ¡del Valencia!». Han pasado diez años de aquel cónclave, los encargados de transmitir esa información fueron Pedro Malabia padre y su hijo, que ahora recuerdan ese momento. Son las 18 horas. La convocatoria la forman Punxa, María Martí, Nuria Masià, Ana Torrentí, Marta Mateos, Gema Rueda, Casamayor, Carme Ferrer, Amane, Carmen Pitarch, Claudia Barea, Creu Ferrer e Ivana Andrés. Una vez más. Al igual que hace diez años. Pero muy diferente.

Ya no aparecen cargadas con mochilas de los equipajes del Valencia que previamente han tenido que lavar en su casa, tampoco van a subirse a un autobús con un largo trayecto por delante para disputar un partido. «En época de exámenes, había un momento que durante el recorrido decíamos 'silencio, a estudiar' porque teníamos que aprovechar cada minuto». No sólo eso ha cambiado. Ante la citación, que es en Mestalla, una cuestión: «Preguntan que si pueden llevar a los hijos», «Claro». Ellas forman parte del primer Valencia Femenino que este año cumple su décimo aniversario. No están todas pero sí la mayoría. «Lo que habría dado por poder jugar aquí», hablan entre ellas mientras suben la grada. Las conversaciones entre las futbolistas se multiplican. «Como cada una hace su vida, no teníamos mucho contacto, pero por el décimo aniversario creamos un grupo y estamos otra vez retomándolo». Nadie lo diría. Parece que no han dejado de pasar un día de sus vidas juntas: «Eso se explica porque éramos una familia y en realidad nunca dejamos de serlo, compartimos muchas cosas. Lo que más nos unía era que todas luchábamos por un objetivo común».

No están todas las que formaban parte de aquel Valencia, los compromisos lo han impedido. Este grupo de mujeres deportistas podría lamentarse de muchas cosas, del ir y venir a estadios para poder entrenarse, o del hecho de que sólo les pagasen la gasolina. De las prisas saliendo de clase antes de hora para llegar a los entrenamientos. Pero repetirían mil veces la experiencia. «Ivana y yo teníamos el selectivo y llorábamos. Nos jugábamos la vida en ello, nuestro futuro». Eran unas incomprendidas. «Mi madre me decía: pero qué necesidad tienes de jugar a fútbol, si estás estudiando y no vas a poder vivir de eso», comenta una de ellas. «Mis padres me decían que me pagaban las clases de tenis. Yo quería practicar deporte, y este deporte», apunta otra. «¡Pues no me he lesionado yo veces e iba escondiendo el dolor que sentía para que no me dijeran nada»», retruca otra. El resto se pronuncia en la misma línea. «Pero, y ¿por qué continuabais?». Les sorprende la pregunta. Ellas que aman el fútbol no entienden que alguien se lo cuestione: «Era nuestra vida», «¿Cómo iba a dejar a mis compañeras tiradas?» o «Durante los partidos, sobre todo cuando las cosas iban mal, mirabas a la otra y pensabas 'esta tía se va a partir la cara por mí'. No hay mayor satisfacción que esa». Gema define a la perfección el grupo: «Cada una veníamos de un padre y una madre, somos totalmente heterogéneas y sólo el fútbol nos podía unir».

Hay un abismo entre la situación de aquel incipiente Valencia y este. Las diferencias son innumerables. Además de la unión, recuerdan lo duro del momento en el que tuvieron que colgar las botas. Muchas de forma prematura: «Relacionas esa etapa con la de estudiante. A los 25 años no te ves con una mochila, compatibilizándolo con tu negocio propio porque sabes que de esto no puedes vivir». «A los problemas del trabajo se sumaban los del fútbol, si juegas, si no...», completan.

Han pasado 45 minutos y las responsabilidades llaman. Algunas tienen que ver con la maternidad. La conciliación familiar sale a debate: «Creo que ni antes ni ahora son conscientes de que somos mujeres deportistas y que por naturaleza nos podemos quedar embarazadas. En todos los trabajos tienes derecho a la maternidad, ¿por qué en este debería ser diferente?».

Consideran que no son pioneras de nada. «Nosotras no hicimos nada, había muchas más futbolistas antes que nosotras». No pensaban que fuesen a abrir las puertas del fútbol a las nuevas generaciones: «La verdad es que en ese momento no se te pasa por la cabeza aunque a veces sí que decías: 'Si no puedo vivir yo de esto, a ver si dentro de tres generaciones es posible'». En una década todas reconocen el salto de calidad que ha dado el fútbol. Hablan de estructuras que ellas no tenían, por ejemplo. Pero miran más allá: «Esto no puede ser una burbuja que explote. Se debe apostar de verdad, llenar estadios está bien, pero también es importante que mujeres tengamos parcelas de responsabilidad».

Se levantan de las butacas y abandonan la grada a través de uno de los vomitorios. Antes de marcharse, una fotografía más. ¿Vivir este momento del fútbol en un derbi como el que se va a jugar? A ellas les encantaría pero no cambiarían su experiencia «por nada del mundo».

Más