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Fútbol | Valencia CF

La Champions del año del Centenario

Rodrigo, en el momento de marcar el segundo tanto del Valencia. / AFP

El Valencia no falla y estará en la élite europea por segunda vez consecutiva

Juan Carlos Villena
JUAN CARLOS VILLENAValencia

La temporada del centenario merecía terminar escuchando la melodía de la Champions. Una música que hunde sus raíces en el barroco y en Händel, que se ha convertido en el objeto de deseo del planeta fútbol. La hipnótica imagen de la lona ondeando con el balón de las estrellas es para los aficionados un símbolo de grandeza y para los clubes un respiro económico. El Valencia, por segundo curso consecutivo, selló ayer su matrícula para la Liga de Campeones. En Pucela, en un histórico Zorrilla donde la entidad de Peter Lim logró entrar en la meta tras remontar un maratón en el último kilómetro para hacerse con una cuarta plaza que parecía una quimera no hace mucho pero que se convirtió en realidad con los 38 puntos de oro en la segunda vuelta. Si algo ha demostrado el equipo de Marcelino, y el técnico, es que nunca dejaron de creer. Cuando un vestuario se aísla y se ayuda, pongan ustedes el deporte que quieran en la frase, casi siempre, no hablamos de matemáticas, se consigue el objetivo deportivo en competiciones largas. La Liga premia la regularidad, sí, pero también la constancia. Sabe igual un billete para la Champions con 61 puntos, el más barato desde 2012, que con 77, los que necesitó el Valencia de Nuno para conseguir la plaza en Almería hace cuatro años.

La celebración de los jugadores con el millar de aficionados presentes en Valladolid podría no ser la última de una campaña especial. Imposible no imaginarlo pese a que los valencianistas, antes de que se rompiera el partido, volvieron a evidenciar que han llegado con la gasolina en la reserva y con algunas de sus estrella, póngase sobre la línea de puntos el nombre de Guedes, muy apagadas. Con lo que quede en el depósito, y con la fuerza de un Kondogbia que está listo para la batalla final y que fue recibido como un general tras una herida en una guerra, el Valencia tratará de crear en Sevilla y ante el Barça de Messi una melodía mucho más brillante, con permiso de Händel, que la de la Champions.

Carlos Soler. Canterano y guardián de la Liga de Campeones. La hemeroteca recordará que suyos fueron los dos goles que cambiaron la trama del libro de la Liga en las últimas entregas. Pintó de colores el renglón torcido ante el Alavés para poner el 1-1 y resucitar a un equipo atenazado en Mestalla y ayer, en Pucela, rescató del estado de shock al valencianismo que veía que se le escapaba el billete para la Champions. Un resbalón de Olivas permitió a Santi Mina asistir a Carlos Soler y el canterano, con sangre fría y un recorte seco, marcó un gol que abrió de par en par la puerta de la gloria. Imposible no recordar el resbalón que habilitó a Alcácer en Almería para sellar la Liga de Campeones en 2015. Ya lo explicó Woody Allen en la película Match Point. La vida te puede cambiar con un golpe de cinta. Así de bonita y cruel es.

A los 13 minutos, no podía ser otro número, se paró el corazón de la Valencia futbolera. Por partido doble. Mientras llegaba por el pinganillo, en recuerdo de las míticas tardes de transistores en los campos de fútbol, que Portillo adelantaba al Getafe frente al Villarreal, Toni Villa estrellaba el balón en el poste derecho de Jaume Doménech. Al mismo instante, en el mismo segundo. Un doble susto que se hubiera convertido en puñal si el disparo del jugador del Valladolid se hubiera estrellado en la parte interior del poste y no en la exterior. Marcelino, sentando en una silla para calmar los nervios, recibió la noticia del gol madrileño por medio de Rubén Uría y saltó como un resorte para animar a sus jugadores. El gol había pasado de ser algo conveniente a una necesidad.

Hasta que llegó el tanto de Carlos Soler a los valencianistas aún les costó sufrir. Demasiado teniendo en cuenta que su rival no se jugaba nada más que agradar a una afición que había acudido a Zorrilla con las mismas ganas de fiesta fuera cual fuera el resultado, como se demostró desde el 0-1. Tras las dos primeras aproximaciones de peligro de los visitantes, donde Rodrigo no logró conectar un disparo de espaldas y Yoel le sacó una ocasión a Santi Mina, Verde probó los reflejos de portero de balonmano de Jaume, que desvió con la pierna un tiro envenenado. De nuevo el napolitano, que por cierto suena para el Getafe con lo cual era de los pocos que sí que se estaba jugando algo deportivo en el bando castellano, puso a prueba al portero de Almenara. Por suerte, ya estaba muy cerca el minuto en el que cambió todo gracias al resbalón de Olivas y el gol de Carlos Soler. La tormenta se había disipado... y más desde que se escuchó desde el césped un «¡Villarreal, Villarreal!» desde la grada visitante que celebró el gol de Iborra frente al Getafe. La primera parte comenzó con muerte pero acabó con susto y una alegría contenida puesto que aún restaba mucha tarde de transistores.

El Valencia eligió la mejor forma de evitar el sufrimiento, saltar tras el paso por vestuarios a por el segundo. Es cierto que también llegó después de un despiste defensivo, de Alcaraz, pero el Valladolid ya estaba pensando en que acabara el encuentro y celebrar con su afición la permanencia y con Borja Fernández, que ayer se retiró del fútbol y que se marchó del césped ovacionado por los suyos... y por los jugadores del Valencia. Rodrigo aprovechó el regalo para marcar el segundo. Alzó los brazos al cielo, necesitaba marcar, y lo celebró por todo lo alto. El resto del partido ya no importaba. Sirvió para recibir con honores a Kondogbia y para que Jaume Doménech, con dos grandes paradas, reivindicara su puesto para la final de la Copa no porque 'es lo que toca' sino por meritocracia. Marcelino prefirió sentarse otra vez en la silla, para hacer una panorámica que recordará toda la vida.

0 Real Valladolid

Yoel; Antoñito, Kiko Olivas, Joaquín, Moi; Keko (Ünal, m.73), Borja (Calero, m.82), Alcaraz (Míchel, m.67), Toni Villa; Verde y Cop

2 Valencia CF

Jaume Domenech; Wass, Diakhaby, Paulista, Gayà; Soler, Coquelin (Kondogbia, m.53), Parejo, Guedes; Rodrigo (Gameiro, m.63) y Mina (Ferrán, m.69)

GOLES:
0-1, m.36: Soler. 0-2, m.52: Rodrigo
ÁRBITRO:
De Burgos Bengoetxea (Comité vasco). Mostró cartulina amarilla a Borja (m.26), del Real Valladolid, y a Gayà (m.11), Diakhaby (m.21), Guedes (m.40), del Valencia
INCIDENCIAS:
Partido correspondiente a la última jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio José Zorrilla ante 23.455 espectadores