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Mestalla, harto de un Valencia indolente que se clasifica por inercia

Valencia-Ebro. / EFE

Los de Marcelino logran la clasificación pese al tedioso partido que disputaron ante el Ebro. No fue hasta el minuto 58 cuando marcó Batshuayi

Juan Carlos Villena
JUAN CARLOS VILLENAValencia

El partido irrelevante que pronosticó Mateu Alemany el sábado en Madrid como previa del envite entre el Valencia y el Ebro se convirtió en un 'espoiler' en toda regla. Es más, se quedó corto. El trámite derivó en un tostón por la falta de intensidad en el césped y esa sensación, de la que sólo se salvaron los canteranos, acabó desquiciando a una grada que volvió a demostrar su militancia poblando las gradas con una entrada más que decente teniendo en cuenta el rival y el horario en un día laborable. La indolencia de jugadores como Gameiro o Batshuayi encendió a una afición que se fue calentando tanto que incluso pitó, algo insólito, a Parejo entrando de refresco. El capitán del Valencia tuvo que pasar el mal rato de saltar a la moqueta de Mestalla en el minuto 68 con 1-0, la eliminatoria para entonces debería haber estado enterrada, y con el público ya desquiciado por una tarde de fútbol que, ni de lejos, iba a dejar ni una victoria holgada ni buenas sensaciones para todos los que saltaron al partido en busca de alguna reivindicación.

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La clasificación para octavos con un partido tan pobre, Jaume sacó dos manos que hubieran llevado la eliminatoria a la prórroga en caso de no haber estado tan atinado, debe asimilarse a aquellos exámenes del profesor bonachón que te ponía un cinco por haberte presentado y escribir tu nombre en el folio. No dio para más un partido en el que los únicos que quisieron aprovechar la oportunidad fueron Kangin Lee, de largo el mejor del Valencia, Lato, que asistió en el gol a Batshuayi, y Ferran Torres, que no dejó de intentarlo y que fabricó la mejor jugada del encuentro ya en el descuento, con un desmarque tras caño para rematar duro obligando a Salva a sacar los puños. El resto, nada de nada.

Especialmente sangrante fue el partido de Batshuayi. Al belga no le salvó ni el gol del honor (el tercero con su actual camiseta). Ironías del destino, unos segundos antes de marcar se estaba llevando la bronca de Marcelino García Toral por no ofrecer ningún desmarque a sus compañeros con balón. Rebobinando un minuto, los abucheos fueron de Mestalla, los enésimos para él, por negarle el lanzamiento de una falta a Kangin Lee y mandar su disparo a la parte alta del Gol Xicotet. Un partido para olvidar del que la hemeroteca sólo recordará que el Valencia se clasificó para los octavos de final de la Copa del Rey.

La banda sonora de la primera parte tuvo sus picos de música de viento tras un paradón de Jaume, que tuvo que volar para sacar con el guante izquierdo un misil de Gerrit desde 29 metros a la media hora de juego, y con la indolencia de Batshuayi unos minutos después, que no fue a presionar un balón que hubiera podido poner en apuros a Salva. El pasotismo del belga en el arranque del encuentro, no pidió un desmarque en las pocas jugadas donde el Valencia contó con alguna transición ofensiva, fue la postal precisa del partido antes del descanso. La única parada al paso por vestuarios fue la del portero del equipo de Champions. El del decimosexto clasificado del Grupo III de Segunda B tan sólo tuvo que enseñar los puños una vez para despejar un centro, puesto que los cuatro lanzamientos que realizó el Valencia en la primera parte no encontraron los tres palos en el GPS.

Quien más había disfrutado hasta entonces fue Manolo González. No era para menos. El técnico de O Courel, que compaginó hasta hace nada el fútbol con su profesión de conductor de autobús de línea, aprovechó la oportunidad de dirigir a un equipo en un campo mítico como Mestalla para saltar sin complejos al partido. Los que nunca tuvo él como jugador hasta que una triada con 21 años truncó la carrera de un prometedor chaval que emigró a Barcelona junto a sus padres. El Ebro llegó a tutear por momentos a un Valencia donde tan sólo se salvó el arrojo de Lee. El surcoreano se llevó dos golpes, en la nariz y el muslo, por disputar cada balón. Él no conjugó la palabra indolencia.

Sin reacción

Lo peor estaba por llegar y, de nuevo, Mateu Alemany lo intuyó. El rostro serio con el que el director general volvió a su asiento tras el descanso contrastó con el más relajado del presidente Anil Murthy o Kim Koh. Cada uno lleva la procesión como puede. La segunda parte comenzó con pitos a Gameiro y un Ebro que, lejos de amilanarse, dio un paso al frente buscando la posesión. Con pocos recursos, cierto, pero aprovechando que, ni mucho menos, el Valencia saltó a la segunda parte espoleado por su gris primer tiempo. El encefalograma del encuentro siguió plano y tan sólo ofreció el primer pico por un disparo de Ferran Torres que despejó Salva. Habían tenido que pasar 51 minutos para presenciar el primer tiro del Valencia entre los tres palos. Por entonces, Marcelino ya comenzaba a ponerse nervioso en la banda. No fue tampoco la tarde de Kondogbia, incapaz de dar una mejor versión que la mostrada en los últimos partidos de Liga y Champions frente al centro del campo del Ebro. Incomprensible.

1 Valencia CF

Jaume Doménech, Pccinu, Vezo, Diakhaby, Lato, Ferran, Racic (Parejo, m. 69), Kondogbia, Kang In (Álex Blanco, m.77), Batshuayi y Gameiro (Cheryshev, m.64)

0 CD Ebro

Salva, Teo Tirado, Lucas Ferrone, Michele, Jon Ander, Gerrit, Dani Martínez (Javi Calabazas, m.61) Tirado, Sandro, Raúl González (Rodrigo, m.71), Sergio Cortés (Mainz, m.77) y Víctor Garcia

GOLES:
1-0, m.58: Batshuayi
ÁRBITRO:
Prieto Iglesias (comité navarro). Amonestó al visitante Gerrit
INCIDENCIAS:
Partido de vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, disputado en Mestalla ante 23.300 espectadores

Con la grada ávida de aplaudir la entrega, el homenaje más cálido se lo llevaron los jugadores que fueron sustituidos en el conjunto aragonés. Para ellos fueron los aplausos más cariñosos de la tarde. Toda una declaración de intenciones para premiar el deseo sobre el césped. La última, la más cerrada, fue para Kangin Lee. El que más lo peleó. En ese instante, Parejo ya estaba sobre el césped con cara de pocos amigos, dándole vueltas a los pitos que le acababan de tributar. El partido irrelevante se convirtió en un tostón insufrible. Para olvidar

 

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