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El Valencia sonríe a la Champions

Valencia-Alavés. / AFP

Partidazo y tres puntos de oro para los de Marcelino ante un Alavés que no tuvo grandes ocasiones para remontar

Juan Carlos Valldecabres
JUAN CARLOS VALLDECABRESValencia

En serio era preciso esperar a la última hora y media de una temporada de 38 partidos, para saber si se juega o no la Champions? Pues sí. El Valencia, por lo que se ve, quiere llenar de pacientes la consulta de los cardiólogos. Se ha pasado 36 semanas de Liga unas veces sin rumbo fijo y otras con arreones, pero creciendo casi desde la oscuridad y sin entrar ni una sola vez entre los cuatro primeros, y va y lo consigue justo en la peor de las semanas, después del revolcón del Arsenal. Y nadie le puede quitar ningún mérito por ello. Si antes, por ineptitud propia, lo de jugar la Champions era poco menos que una quimera y hasta una osadía pensar que podía alcanzarla; el discurso debe cambiar ahora radicalmente porque se lo ha ganado a pulso. Nadie le va a poder discutir el beneplácito de gozar del privilegio de depender de sí mismo para garantizarse un puesto en la Liga de Campeones. Le basta con hacer el sábado que viene a las ocho de la noche y en Valladolid lo mismo que sea capaz de conseguir el Getafe en su campo con el Villarreal. El gol de Parejo de penalti en Getafe -cuando le decían lo de borracho desde la grada- es una de las causas principales de que los valencianistas ya no tengan que estar pendientes de nadie para cerrar de una manera reluciente la temporada. Como en Mestalla el duelo entre unos y otros quedó 0-0, el golaveraje particular que mantienen blanquinegros y madrileños les sale a favor de los de Marcelino. Por eso ayer en el estadio valencianista se celebró casi con más fuerza cada estocada del Barça al Getafe en el Camp Nou que la remontada propia contra el Alavés. La cosa está más que clara pues.

Y lo mejor de todo es que, encima, el sábado se las verá con un rival que se va a pasar toda la semana de fiesta. El Valladolid ya está salvado y aunque en ocasiones eso puede ofrecer una doble lectura, se hace difícil imaginar un derrumbamiento general del Valencia en Pucela. Ayer mismo estuvo a punto de suceder en Mestalla cuando nada más comenzar la función Ximo Navarro dejó a todos boquiabiertos con el gol visitante. No fue la 'torrija' del Barcelona en el córner de Liverpool pero algo de eso sí que tuvo. El saque de esquina pilló a los valencianistas en su sitio pero sin la tensión necesaria. Fue el peor de los inicios que uno se podía imaginar. Y lo más intrigante fue que ese córner llegó precedido de una rápida contra que tuvo cuatro visitantes corriendo como descosidos y dos defensas tragándose el marrón por una falta de posicionamiento y tensión del resto. El Valencia dio en este arranque síntomas de que iba a ser una tarde bastante pastosa.

Si ya sorprendente fue la presencia de Jaume en el once, el aliciente definitivo fue verse casi de salida con un 0-1 y con un adversario que parecía dar las primeras muestras de encontrarse a gusto sobre el terreno de juego. Tocaba remar y remar -como diría Emery con esa particular erre que le caracteriza- para no dejarse arrastrar por la marea. El problema era encontrar el camino para hacerlo. Es ahí donde empezaron a surgir las primeras dudas. Al Valencia le cuesta en ocasiones saber cuál es verdaderamente el patrón que más le conviene en cada momento. Y si encima a esto le añadimos la parte del cansancio físico -sobre todo- y emocional en algunos casos que arrastran los futbolistas, pues todavía se pone el asunto más cuesta arriba. Se intentaba tantas veces como se podía de la misma manera que se fallaban situaciones, controles y acciones relativamente cómodas. Rodrigo, por ejemplo, es la viva imagen de lo que le ocurre al equipo a veces: tiene calidad e ideas de sobra pero en más de una ocasión él mismo es su peor enemigo.

Quizás se podría aplicar lo que le pasa al internacional a lo que empezó a padecer el equipo. En esa zona de incertidumbre estaba el partido cuando un envío facilón de Paulista hacia Soler terminó con un garrafal fallo de Duarte. El valenciano no perdonó y fue la resolución definitiva al conflicto propio. Marcelino estalló de júbilo y se metió en el campo sin pudor. Empezó el asturiano a participar a su manera de este partido tan peculiar. Fue el Marcelino más popular que se ha conocido en los dos años que está, pidiendo una y otra vez al público con sus gestos el apoyo hacia sus jugadores. Enfadándose, incluso, con la tribuna cuando se oían murmullos de desaprobación tras una pérdida de balón, y hasta soltando expresiones y exabruptos recordando a la gente que «nos estamos jugando la Champions».

Con esos síntomas tan particulares discurrió prácticamente todo el partido, bastante escaso de calidad futbolística aunque a estas alturas y con lo que hay en juego, sea ésta una cuestión que pasa a un segundo nivel. En ese tipo de rangos es cuando destacan, por ejemplo, jugadores como Santi Mina, siempre más pundonor que calidad pero con un punto de extraordinario olfato cuando peor están las cosas. Esta vez Parejo sí puso algo más que horchata en el córner y Mina cabeceó de una manera tan eficaz como espectacular. El Valencia había hecho lo más difícil, darle la vuelta a un marcador sin encontrar una fórmula de juego adecuada para ello. Un error y una acción a balón parado fueron suficiente para apaciguar la tensión mientras se seguía atento a la radio y al teléfono.

Por eso llegó la tercera celebración y eso que nadie había marcado. Bueno sí, pero no aquí sino en Barcelona. «¿Gol? ¿Del Barça?» Marcelino preguntaba a los espectadores de detrás del banquillo y agitaba los brazos. Todo estaba empezando a salir bien. El Alavés fue desapareciendo del campo y con los cambios asentaron la supremacía local. Gameiro hizo el tercero y el Barça el definitivo. Mejor imposible. Sólo queda ahora hacerlo bien en Valladolid.

3 Valencia CF

Jaume Doménech, Piccini, Garay, Gabriel Paulista, Gayà, Carlos Soler, Wass (Diakhaby, m.81), Parejo, Guedes, Santi Mina (Ferran Torres, m.83) y Rodrigo (Gameiro, m.65)

1 Deportivo Alavés

Pacheco, Vigaray, Laguardia, Ximo Navarro, Duarte, Martín (Borja, m.64), Pina (Manu, m.75), Darko, Jony, Rolán (Twumasi, m.75) y Calleri

GOLES:
0-1, m.12: Ximo Navarro. 1-1, m.29: Carlos Soler. 2-1, m.34: Santi Mina. 3-1, m.67: Gameiro
ÁRBITRO:
Cuadra Fernández (comité balear). Amonestó por el Valencia a Garay y Paulista y por el Alavés a Darko, Pina, Borja y Laguardia
INCIDENCIAS:
partido disputado en Mestalla ante 37.744 espectadores