Los delirios de una parricida que oye voces de sus hijos muertos

La presunta parricida,junto a dos policías, en una protesta del 15-M en Valencia en 2011./Txema Rodríguez
La presunta parricida,junto a dos policías, en una protesta del 15-M en Valencia en 2011. / Txema Rodríguez

El sumario recoge varias confesiones espontáneas de la joven y sus disculpas por haber matado a los niños en Godella en cumplimiento de una voluntad divina

Javier Martínez
JAVIER MARTÍNEZValencia

La presunta parricida de Godella. María G. M., confesó varias veces de forma espontánea que había matado a sus hijos y alegó extraños motivos relacionados con una supuesta voluntad divina como disculpa, según las declaraciones que recoge el sumario del doble infanticidio. La joven realizó estas manifestaciones en diferentes días mientras era asistida por forenses y psiquiatras tras ser detenida por la Guardia Civil. Durante las entrevistas clínicas que mantuvo en las últimas semanas, María afirmó que le daba mucha pena la muerte de sus hijos, Amiel e Ixchel, pero se excusó con frases como «habían perdido su alma» o «ya no eran mis hijos».

También señaló que se encontraba tranquila en la cárcel porque se había cumplido «la voluntad de Dios» y los niños estaban «en paz». La parricida confesa aseguró al psiquiatra que una supuesta secta de pederastas, que surgió de las SS nazis, perseguía a sus hijos y por ello tuvo que liberar sus almas.

Según los primeros informes forenses y las investigaciones de la Guardia Civil, la joven podría haber sufrido hasta cuatro brotes psicóticos, dos antes de los asesinatos que coinciden con sendas alertas policiales por la desaparición de la madre con uno de sus hijos, uno la noche que mató a golpes a los niños y el cuarto lo habría padecido cuando ya estaba ingresada en el módulo de enfermería de la prisión de Picassent.

En el caso de que los especialistas confirmen esa ruptura de la joven con la realidad por sus explicaciones extravagantes y delirios referentes a un encargo criminal de Dios, María podría ser declarada inimputable. En sus declaraciones ante el magistrado titular del Juzgado de Instrucción número 4 de Paterna, dos amigas de la presunta parricida manifestaron que habían detectado un comportamiento extraño de la joven madre, aunque en ningún momento sospecharon que los niños de cuatro meses y tres años de edad podrían estar en peligro.

Las testigos definieron a Gabriel S.., padre de los menores y pareja de María, como «una persona fría, calculadora y extremadamente manipuladora» hasta el punto de que habría aislado y cambiado el carácter de su compañera sentimental. Según las amigas de la parricida, cuyas declaraciones figuran en el sumario, el joven de origen belga hizo partícipe a su pareja de sus «pensamientos extravagantes y delirios referentes a la existencia de sectas, extraterrestres o fuerzas ocultas».

El juez de Paterna que instruye la causa mantiene en prisión a Gabriel al considerar que existen indicios de la participación del investigado en los hechos criminales. Tras valorar el atestado que resume las investigaciones del Grupo de Homicidios de la Guardia Civil, el magistrado califica de «inverosímil» la versión que dio el padre sobre la desaparición de sus hijos. Gabriel afirmó que no se percató de que María se había llevado a los niños hasta que ella regresó sola a la casa de campo de Godella, «algo que resulta inexplicable» porque Amiel e Ixchel dormían al lado de sus padres en el comedor.

Una actitud pasiva

En el auto de prisión, el juez señala que el padre de los menores adoptó «una actitud pasiva» al no llamar a la policía ni pedir ayuda, aunque había hasta tres teléfonos móviles en las casa, cuando sus hijos desaparecieron y él escuchó frases preocupantes que habría pronunciado María. Gabriel explicó a los investigadores que su pareja le había dicho que oía voces de niños muertos y que los menores «ya estaban en paz con Dios». Como ya informó LAS PROVINCIAS, el padre también manifestó de forma voluntaria que su mujer se había «sumergido en la piscina para reencarnarse en la vida de sus hijos». Estas palabras de Gabriel aparecen también en las diligencias realizadas por la Guardia Civil con los testimonios de los primeros agentes que llegaron a la casa.

Sobre las siete y media de la mañana del 14 de marzo, el joven se despertó y discutió con María cuando vio que los niños no estaban en la casa. Ella salió corriendo y él la persiguió. Ambos iban desnudos. Varios vecinos que presenciaron la preocupante escena llamaron al 112 para alertar de lo que parecía una agresión sexual o un caso de violencia de género. Cuando llegaron los primeros agentes a la parcela, Gabriel estaba dentro de la caseta y tenía rasguños en el rostro. Tras contar diferentes y extravagantes versiones sobre lo ocurrido, Gabriel dijo a los policías locales y guardias civiles que no debían preocuparse. «Están todos muertos», espetó el padre.

Unas 12 horas después, María llevó a los investigadores hasta las dos fosas donde había enterrado a sus hijos. Según las autopsias, los niños murieron tras sufrir fracturas craneales. Uno de ellos podría haber siso golpeado contra el suelo de piedra junto a la piscina y el otro presentaba traumatismos causados con un objeto romo. Sin embargo, la joven manifestó al psiquiatra que asfixió con una almohada a sus hijos y que creía que también les arrojó piedras. Mientras los padres siguen incluidos en el programa de prevención de suicidios en la cárcel, el juez sigue realizando diligencias de investigación para determinar el grado de implicación de cada uno de ellos, como el análisis de los datos obtenidos del ordenador de la pareja y la toma de declaración de varios testigos.

Noemí M., abuela de los niños asesinados en Godella.
Noemí M., abuela de los niños asesinados en Godella. / Juan J. Monzó

Durante una hora y media aproximadamente, la mujer contestó a las preguntas del magistrado para esclarecer los terribles hechos ocurridos en la madrugada del 14 de marzo. Noemí eludió a los periodistas tanto a la entrada como a la salida del juzgado y mantuvo su silencio, como ya lo hizo en los días posteriores a los asesinatos. La abuela de Amiel e Ixchel revivió momentos muy trágicos para ella y su familia, pero colaboró con el juez y le explicó la relación que mantenía con su hija, sus nietos y el padre de los niños.

Unas horas antes del doble infanticidio, la mujer denunció en el juzgado de guardia de Valencia que los niños corrían «cierto peligro» porque los padres de los menores presentaban «un estado psicológico alterado y delirante». Era la enésima voz de alarma que daba Noemí para tratar de evitar que los pequeños sufrieran algún daño, porque también llamó al Teléfono del Menor y pidió ayuda a la Guardia Civil y la Policía Local tras dos brotes psicóticos que sufrió María días antes de los crímenes.