Condenados a dos años de cárcel por el secuestro exprés de cuatro palomos deportivos

Condenados a dos años de cárcel por el secuestro exprés de cuatro palomos deportivos

Estos palomos pugnan en los campeonatos por llevarse la hembra al palomar

J.V. MUÑOZ-LACUNAToledo

Un padre y su hijo han sido condenados este jueves a dos años de prisión y al pago de una indemnización de 2.000 euros por haber protagonizado el secuestro exprés de cuatro palomos deportivos por los que pidieron un rescate de 500 euros.

Ha sido el Juzgado de lo Penal número 3 de Albacete el que ha juzgado este surrealista caso de altos vuelos que no dará con los secuestradores en la cárcel porque carecían hasta ahora de antecedentes penales. Los hechos ocurrieron el 23 de marzo de 2016. Ese día, los ahora condenados treparon por una terraza exterior de una vivienda de Casas de Juan Núñez (Albacete) y secuestraron a los cuatro palomos de competición que se encontraban plácidamente en sus respectivas jaulas. Cada uno de estos animales estaba valorado en 1.300 euros pero los secuestradores avícolas decidieron pedir un rescate de sólo 500 euros.

Secuestradores y víctima acordaron verse al día siguiente pero los delincuentes se encontraron con la sorpresa de que el propietario de los palomos había acudido a la cita acompañado de la Policía. Durante el juicio, padre e hijo han reconocido los hechos y han aceptado la pena, inferior a los 3 años de cárcel que solicitaba la Fiscalía, por un delito de robo con fuerza en vivienda habitada.

El Raya, mítico palomo

Uno de los palomos que sufrió en sus carnes y plumaje el secuestro exprés fue 'El Raya', ave jubilada de la competición que, sin embargo, disfrutaba tranquilamente de su retiro tras una carrera deportiva llena de éxitos. Los demás se hallaban en plena compaña deportiva, por lo que vieron mermado su rendimiento.

En concreto, la especialidad del palomo deportivo tiene mucho que ver con el arte del cortejo entre los animales de esta especie. Los palomos que se sueltan en la prueba deben saber enamorar a una paloma, de tal forma que gana quien se lleva la hembra al huerto –o al palomar- ante la frustración de los demás machos que esperarán otra mejor oportunidad y rivales más débiles.

 

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