«Corre al hospital que mi hija se muere»

Varias mujeres acompañan y arropan a Romina en su duelo, ayer, a pocos metros de su casa y del lugar del atropello mortal de la pequeña. / juanjo monzó
Varias mujeres acompañan y arropan a Romina en su duelo, ayer, a pocos metros de su casa y del lugar del atropello mortal de la pequeña. / juanjo monzó

El atropello de la niña agrava el drama de un asentamiento en Valencia

J. A. MARRAHÍ

Romina y Ionev viven de la chatarra, de lo que encuentran por las calles, de lo que les dan, de lo que construyen y apañan con lo que otros desechan. Fugitivos de bolsillos vacíos de una Rumanía aún más dura, se vinieron a Valencia con sus dos hijas en busca de oportunidades. Pero la desgracia se engancha a sus pasos como un arbusto punzante y aquí les ha tocado vivir el peor dolor imaginable para unos padres: la pérdida de una niña de dos años, su pequeña Marta, en el atropello con fuga ocurrido el sábado por la mañana en el asentamiento que comparten con compatriotas entre campos de La Punta.

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El único consuelo que les queda ahora es que el autor ya está en manos de la justicia gracias a una investigación brillante. En sólo nueve horas, sin testigos y en un lugar apartado, la Policía Nacional logró identificar al sospechoso, un hombre de 46 años también rumano que conducía una furgoneta.

Una vela brilló en la noche más amarga del poblado chabolista y, ayer, el cielo se puso a llorar. Luto y silencio en La Punta. Romina deambula de aquí para allá, entre el barro y el maldito asfalto donde yacía la niña. Madre rota. Con ropas tan negras como su destino, tez y cabellos. Niños y mujeres la arropan a corta distancia, le susurran palabras del Este. Con mucho cariño, le ayudan a cargar con la mala muerte. Otros rostros asoman entre cortinas donde debería haber puertas. En los ojos de Romina, llanto y rabia. En su boca, una sola súplica: «Justicia, que lo pague».

«¡Así estaba mi niña!», describe Romina mientras se acurruca en el lugar donde la halló

Las desconsolada madre escenificó la escena más dura de su vida: «¡Así estaba mi niña!», clamaba el sábado por la noche mientras se acurrucaba en posición fetal en el punto exacto en el que halló a su pequeña transformada en bulto inmóvil. Nadie vio el atropello, ocurrido por la mañana a las 11.40 horas. Tampoco la furgoneta. «Marta estaba con su madre en su chabola y unos segundos después salió ella y ya la encontró», narra Ángela, otra rumana amiga de la familia. Al padre, Ionev, la desgracia le ha azotado en su país. Precisamente «se había desplazado para unos papeles de los niños».

Lugar en el que fue atropellada la nña rumana de dos años y donde conviven varias familias dedicadas a la recogida de chatarra. / Juanjo Monzó

Aquel para el que Romina pide justicia es el hombre de 46 años que supuestamente atropelló a su niña. Según dicen, no habita en el asentamiento, pero sí solía aparecer «una o dos veces por semana» a descargar algo de chatarra para almacenar en un descampado próximo que, al parecer, varios comparten. «Lo conocemos de vista, de pasarse otras veces a dejar cosas, pero no es de aquí, no vive aquí», asegura otro vecino de Romina. Al ver la desesperación de la madre, niña en brazos, los pocos que no habían salido a por chatarra se volcaron para auxiliarla. «¡Corre, vamos al hospital, que mi hija se muere!», suplicó Romina a uno de los que allí se hallaban. «Ya no daba señales de vida», asegura el hombre, que participó en el traslado. «Íbamos mi primo y yo», describe. Detrás, madre e hija. Se aferraban a un atisbo de esperanza. «Corrimos, nos saltamos semáforos, pero ya no había nada que hacer».

En el Hospital La Fe

Al llegar a Urgencias de La Fe, los médicos les confirmaron lo evidente: la pequeña Marta ya no tenía pulso. Había fallecido. A partir de ese momento, comenzó una investigación policial contrarreloj. Las primeras horas en los atropellos con fuga son fundamentales para evitar que los sospechosos eliminen pruebas en sus vehículos, se deshagan de ellos o cambien el color de la pintura para no ser descubiertos. Pero en nueve horas, el sospechoso estaba ya en los calabozos.

La intención de la familia es trasladar los restos mortales de la pequeña Marta a Rumanía. Para ello «estamos reuniendo dinero entre todos, a ver si llegamos a los 7.000 que creemos que harán falta... Aquí nos apoyamos unos a otros», destaca Ángela. La niña tenía una hermana de 6 años que «estaba de campamento cuando sucedió la desgracia». Ella encarna la esperanza de dos padres «destrozados».

La Policía Nacional mantiene abierta la investigación para esclarecer exactamente cómo sucedieron los hechos. Hoy está prevista la autopsia a la menor en el Instituto de Medicina Legal.

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