Un súper libre de plásticos

Un grupo de mujeres ojean los productos naturales de Unpacked Shop, donde están desterrados los plásticos. / josé ramón ladra
Un grupo de mujeres ojean los productos naturales de Unpacked Shop, donde están desterrados los plásticos. / josé ramón ladra

Este tipo de establecimientos son aún un oasis. En Madrid acaba de abrir uno. «Me he inspirado en Alemania, donde tienen cadenas enormes», dice su dueña, una abogada de 26 años

ANTONIO PANIAGUA

Techos altos, paredes blancas y una decoración minimalista. Así es Unpacked Shop, un supermercado de cierto aire zen y con un toque neorrural. Pero lo importante no es su diseño, sino su espíritu. Es un territorio declarado libre de plásticos. Se trata del primer negocio abierto en Madrid que se inspira en el movimiento 'Residuo Cero' y el segundo en España, ya que Barcelona fue la pionera. Da algo de reparo entrar en él con las gafas de sol de pasta, botas de polipiel y bolso de nailon. En este santuario de la comida sana y la vida sostenible se compra de otra manera. Una señora mayor de pelo canoso pasea con una cesta metálica y echa dentro una pastilla de jabón de karité de Senegal y otra de desmaquillante hecho con leche de cabra. Por lo visto el jabón es estupendo para tratar las manchas de la piel. Por si fuera poco mejora la memoria, los eccemas, la dermatitis y las inflamaciones. Al menos eso indica el cartelito colocado debajo del producto. «Que tengáis suerte», le dice otra clienta a la dueña del negocio, María Arias, que debuta como empresaria del comercio con solo 26 años.

En Unpacked Shop las bolsas son de papel reciclable, las botellas de cristal y las pajitas de sorber de metal. Al traspasar el umbral, dos carteles instruyen al neófito en la manera de comprar. Si el consumidor viene con el envase de casa, se dirige al peso, lo coloca en el platillo de la balanza para calcular la tara (lo que se descuenta de la pesada total), rellena el tarro y lo vuelve a poner en la báscula. En caso de carecer de envase, compra una bolsa de tela, un frasco o una botella; pesa el producto y paga. La bolsa de rejilla cuesta 3,55 euros, la grande de algodón 3,50; la campera (en forma de red) 5,50; y los tarros de cristal de un cuarto de galón 1,20. La idea es que esos envases artesanales se puedan reutilizar.

Se despachan vinos, vinagre, miel y aceites a granel, salvo el de oliva. Desde que se produjo la intoxicación masiva por aceite de colza adulterado en 1981 las autoridades prohibieron venderlo sin embotellar.

El cliente viene con su botella de cristal de casa o la compra en la tienda

La dueña de la tienda no se considera una ecologista de pata negra. Le gusta respetar el medio ambiente y pensar que sus hábitos de consumo tienen consecuencias en la naturaleza. «He viajado, y cuando hice la transición hacia un modo de vida más sostenible y empecé a comprar a granel, me di cuenta de que faltaba un sitio así. Me he inspirado en Alemania y EE UU, donde existen franquicias y cadenas enormes», ilustra Arias, que no oculta que vio una «oportunidad de negocio» muy clara. No en vano, María es abogada y ha cursado un máster en Dirección de Empresas.

Carmen, que debe de rozar la setentena, tiene prisa y está algo agobiada porque aún no ha hecho la comida. Aun así, le ha dado tiempo para adquirir algunas cosas. «He comprado almendras tostadas, castañas pilongas y cacahuetes crudos», resume mientras mastica algo. A Carmen no le importa llevar parios paquetes de papel en la mano. «Es lo que hacíamos toda la vida. La tienda la han hecho en un tiempo récord y ha quedado muy bien. Habrá que pasarse de vez en cuando por aquí».

Surtido de especias

El local, que hace dos meses era un bazar chino destartalado, está en el número 28 de la calle Narváez, una vía del Madrid pijo que corre paralela al Retiro. Todo se presenta sin aditivos ni porquerías. Sólo lleva un día abierto, el miércoles se inauguró y pocos son los que se acercan a curiosear. Para quienes gustan de especiar la comida, Unpacked Shop tiene una oferta variada: perejil en hojas, pimienta negra en grano, orégano molido, semillas de guaraná, salvia, estevia, tandori masala, tikka masala...

«Tenemos lo mismo que te puedes encontrar en un supermercado: legumbres, arroces, frutos deshidratados, superalimentos que ahora están muy de moda: maca, espirulina, açaí. En los comercios habituales son carísimos o vienen en paquetes de 100 gramos, lo que disuade a la clientela. Porque a mucha gente no le interesa comprar tanto, y aquí puede llevarse cantidades más pequeñas», explica María, a quien por ahora, como carece de empleados, le ayuda su madre Margarita, nacida en Rusia.

Nuria, de 23 años, y José, de 24, procuran cuidarse y tomar una alimentación saludable. La joven se felicita de que España por fin se acerque al movimiento 'Residuo Cero'. «En otros países esta cultura está muy desarrollada. Está genial que lo traigamos aquí a España porque somos los primeros productores de plástico en cuanto a consumo alimenticio. La tienda está muy bien distribuida, me encanta». José y Nuria se llevan cereales y açaí, a falta de echar un ojo a las legumbres.

- ¿Qué es el açaí, del que todo el mundo habla?

- Es un fruto tropical, un superalimento que tiene muchas propiedades y vitaminas y se usa para hacer batidos.

«Con helado está buenísimo», le apunta alguien. Al navegar por internet uno se encuentra que la vaina de los superalimentos está muy publicitada por ciertas webs que les achacan virtudes prodigiosas. En algunos casos sus bondades parecen ser ciertas y en otros están por demostrar.

Quizá por la madre rusa de María, entre las rarezas de la tienda hay un surtidor de kombucha, como los que se usan para tirar cerveza. El brebaje es un té azucarado y fermentado gracias a una colonia bacteriana. Procede de Manchuria y rusos y japoneses se pirran por ella. «Es un refresco mucho más sano que la Coca-Cola. Acaba de llegar a España. En EE UU hay bares enteros dedicados a dispensar kombucha», destaca la empresaria.

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