Sanidad pide a los médicos no recetar nolotil a los turistas británicos tras registrar reacciones adversas graves

La agranulocitosis puede llegar a causar la muerte

SUSANA ZAMORAMadrid

Lleva un año removiendo cielo y tierra para demostrar que sus sospechas eran ciertas. Después de morir por una sepsis (infección grave) uno de los pacientes a los que asistía como traductora en el Hospital de Denia, Cristina García del Campo reparó en todos los casos que había conocido en los últimos meses con esa misma enfermedad. «Aquello no me pareció normal», asevera. Durante semanas estuvo con la mosca detrás de la oreja, hasta que decidió revisar los historiales médicos de los pacientes con los que había trabajado, en su mayoría de origen británico y del norte de Europa. Comprobó que todos habían sido tratados con Nolotil, un analgésico de uso común, recomendado cuando hay dolor agudo y como antipirético cuando otras alternativas no son eficaces.

En España se comercializa desde hace 50 años y su uso se ha duplicado en esta pasada década, aunque el crecimiento más acusado se ha producido en los últimos cinco años, pasando de los 14,6 millones de envases consumidos en 2013 a los 22,8 millones en 2017. «¿Estarían relacionadas aquellas sepsis con la ingesta del Nolotil?», se preguntó Cristina. Pensó por un momento que podía ver fantasmas donde no los había, que nadie le haría caso, «pero no podía quedarme de brazos cruzados». Lo puso en conocimiento de la dirección del Hospital de Denia, a la que le hizo llegar este mensaje: «Creo que tenemos un problema de salud pública», espetó. A partir de ahí, su vida ya no fue la misma. Empezó a indagar por su cuenta, a escribir en redes sociales a grupos de expatriados británicos preguntándoles si habían sufrido alguna reacción adversa al consumir metamizol (principio activo del Nolotil) y la sorpresa fue mayúscula.

«Me llegaron un centenar de casos y me constan 21 muertes», asegura a este periódico. Precisamente, medios británicos informaron este pasado fin de semana de que una decena de ciudadanos del Reino Unido habían fallecido tras tomar en España metamizol. Con aquella información se dirigió a la Agencia Española del Medicamento (Aemps). Se reunió con sus responsables este pasado verano y la reacción no se ha hecho esperar.

Respuesta de Sanidad

Sus advertencias han sido escuchadas por el Ministerio de Sanidad, que ha lanzado un serio aviso sobre los riesgos de sufrir uno de los efectos secundarios más graves del metamizol, conocido como agranulocitosis, y ha instado a los profesionales sanitarios a que no lo usen en pacientes «en los que no sea posible realizar controles (población flotante)». Esta recomendación supone a todos los efectos que no prescriban Nolotil a los turistas, dado que no se les puede hacer un seguimiento que evite males mayores en el caso de que experimentasen síntomas de agranulocitosis. También señala su mayor riesgo en pacientes de edad avanzada e insta a tomarlo únicamente bajo prescripción médica.

«Este trastorno se produce cuando la composición química de algún medicamento entra en contacto con los glóbulos blancos normales e, incluso, con los precursores de los glóbulos blancos de la médula ósea y provoca que el propio sistema inmunológico los destruya. Es como una especie de alergia contra los leucocitos. De forma brusca, los valores normales pueden caer a cero en 24 horas, y eso puede provocar infecciones graves con posibilidad de muerte», explica Isidro Jarque, hematólogo en el Hospital La Fe (Valencia) y miembro de la Sociedad Española de Hematología y Hemoterapia. Asegura que desde hace muchos años se sabe que el Nolotil es una de las causas más importantes de la agranulocitosis. «Es el que más se usa y de los que más se asocian a esta complicación, pero no es el único», recalca.

En cuanto a su pronóstico, actualmente no debe ser un problema si se detecta a tiempo, ya que hay medicamentos que recuperan el nivel de leucocitos rápidamente. «Normalmente, se trata con un factor estimulante de colonias granulocíticas, que acortan mucho el tiempo de recuperación. También puede conllevar el uso de antibióticos e, incluso, la hospitalización si la infección es grave, pero si no hay complicaciones, en una semana el paciente puede estar en su casa», advierte Jarque.

La Aemps reconoce haber revisado la situación en España tras conocer la notificación reciente al Sistema Español de Farmacovigilancia de casos de agranulocitosis, particularmente de origen británico. En este sentido, Cristina García ve recompensado el esfuerzo realizado este último año, en el que se ha dejado la piel. «Parece que me han echado diez años encima», reconoce esta traductora médica que incluso escribió al Gobierno británico para conocer la razón por la que no se vendía Nolotil en el Reino Unido. «Creí que podía haber alguna relación, que tuvieran alguna evidencia de la propensión de los ingleses a sufrir la agranulocitosis, pero me confirmaron que nunca lo habían vendido por los efectos secundarios que, en general, tiene este medicamento».

No es el único país que lo veta; en Suecia está prohibido para uso humano desde 1974 y, en EE UU, desde 1977. Una prohibición a la que se han sumado países como Japón, Australia, Irán y parte de la Unión Europea, donde tiene un uso veterinario. Sin embargo, en Alemania (país de origen), España, Rusia, Brasil e Israel, entre otra naciones, es uno de los fármacos más prescritos para aliviar el dolor y bajar la fiebre.

¿Predisposición genética?

Desde la Agencia Española del Medicamento mantienen que aunque se ha discutido desde hace años sobre una mayor susceptibilidad para la agranulocitosis en la población del norte de Europa y se han estudiado ciertos factores genéticos, «con la información disponible no se puede confirmar ni descartar un riesgo mayor en poblaciones con características étnicas específicas». Jarque admite que pueda haber una predisposición genética a sufrir la agranulocitosis, «pero, como en las intolerancias, no basta con tener esa predisposición para sufrirla; hace falta que el paciente entre en contacto con el medicamento. Por eso hay que evitar la automedicación, porque puede tener efectos secundarios inesperados». Cristina García del Campo ha visto satisfechas las expectativas con las que inició su investigación hace un año. Asegura que el Hospital de Denia desarrolla actualmente un estudio para conocer la incidencia del metamizol en la población extranjera. «Será uno de los mayores que se han hecho hasta ahora», apunta la traductora después de haber conocido otros. Es el caso del que se hizo hace una década en el Hospital Costa del Sol de Marbella (Málaga). «Comprobaron que la agranulocitosis por metamizol es un efecto adverso que se da con mayor frecuencia en los británicos», afirma Cristina.

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