Islandia, sin hielo para tanto 'selfie'

Islandia, sin hielo para tanto 'selfie'

El turismo ahoga al país. Su Gobierno estudia límites para «no perder lo que nos hace especiales»

ANTONIO CORBILLÓN

Se imaginan que España recibiera 350 millones de turistas al año? En 2016 nos visitaron la quinta parte de esa cifra y muchos operadores creen que el techo está cerca. O superado. La misma proporción esperan este año en Islandia. Es el país de moda. Situado a medio camino entre Europa y América, a cuatro horas de avión de ambas, unos 2,4 millones de visitantes pisarán este año la tierra de fuego y hielo. Será un 30% más que la temporada anterior y muy por encima de aquel medio millón escaso que se dejó caer por la isla en 2010. Tocan a ocho turistas por habitante (son unos 340.000). Es ya casi la mitad de la presión que soportan los mallorquines, el mayor destino turístico de Europa.

Y, curiosamente, todos acuden atraídos por algo que, a este paso, esta isla desolada y un poco más grande que Portugal ya no les podrá ofrecer. «Era un lugar absolutamente distinto. Uno parecía estar en otro planeta y con una atmósfera limpia. Deshabitada». De sus muchas presencias en aquella tierra, es el primer recuerdo que le viene a la cabeza al cónsul de Islandia en Madrid, Francisco Javier Pérez-Bustamante.

El 'boom' turístico es tal, que las propias autoridades islandesas buscan la manera de ponerle límites. Gracias a él, vencieron al 'crack' bursátil que arrasó la 'economía de casino' que se montaron los bancos del país hasta 2007. Cuando los activos financieros, diez veces mayores que el PIB local, se volatilizaron, Reikiavik entró en los manuales de Macroeconomía. Una bancarrota de libro.

Diez años después, Islandia ha pasado de ser el país más endeudado por habitante a crecer a ritmos casi asiáticos (se espera un 7,6% este año). Y todo gracias al turismo, del que ya recibe el 45% de sus rentas extranjeras. Dejarán este año en los bolsillos de los islandeses casi 5.000 millones de euros. Estos vaivenes de 'montaña rusa' de la economía, algo muy poco nórdico, ha hecho saltar todas las alarmas a sus gobernantes.

En la capital, el 'ladrillazo' tiene a los constructores buscando obreros debajo del hielo. No dan abasto para levantar los 17 nuevos hoteles, alguno con más de 350 camas, que aumentarán en un 50% las 5.000 plazas que ahora ofrece la ciudad (del tamaño de San Sebastián). «El sector ha subido un 16% en el último año, reflejando la progresiva 'airbnbnización' del parque de viviendas», señala desde 'El Faro de Reikiavik', una web para españoles, la catedrática de Derecho Europeo en la Universidad de Islandia María Elvira Méndez.

Se refiere a que los islandeses se han apuntado a la moda de la competencia desleal con los operadores oficiales y ofrecen sus casas o sus granjas en portales de internet. Algunos incluso cobran tres o cuatro euros por usar un baño al turista que tenga un apuro puntual.

Una perla en peligro

«El sector y todos nosotros tenemos que tener cuidado de no ser víctimas de nuestro propio éxito», explicó hace unos días en el portal económico Bloomberg la ministra de Turismo, Thordis Kolbrun Reykfjord Gylfadottir. La joven gestora (tiene 29 años) reconoce que el mayor riesgo es «perder lo que nos hace tan especiales: las perlas únicas de la naturaleza que forman parte de nuestra imagen». Y para que esas perlas sigan brillando, ya ha soltado el globo sonda de crear un impuesto turístico para proteger los parques naturales de su territorio.

La degradación de algunos parajes ya es un hecho y hacerse un 'selfie' con el desierto helado como encuadre empieza a ser una utopía. «Tenemos vendido el 100% para este verano. La gente se ha enganchado a esta increíble mezcla entre Canadá, Australia y el Polo Norte», resume César Martínez, que lleva muchos años ofertando viajes desde Ruta Islandia. Unos 50.000 españoles la visitarán este año. Una cifra 'a ojo' recogida entre sus nueve consulados en España. La embajada más cercana hay que buscarla en París. Pero, al ser parte del espacio Schengen, basta un DNI europeo para empacharse de 'paisajes nucleares'.

En los últimos tiempos se han producido sucesos surrealistas como la muerte de un buceador norteamericano que hacía cola para lanzarse al mar en la grieta Silfra, uno de los grandes atractivos del parque de Thingvellir. El país más pacífico y caro del mundo (Global Peace Index) ha visto subir sus índices de robos e incidencias a cotas impropias de la fría seguridad de siempre. Para justificar las cosas los lugareños aceptan un peligroso encogerse de hombros. Suelen decir que «Islandia ya no es el país que era antes».