El viaje inolvidable de... María Gil

Un chiringuito de Ipanema. /LP
Un chiringuito de Ipanema. / LP

Un grupo de ocho amigas de la infancia, cuatro días por delante y una boda a la vista que celebrar. La playa más famosa de Río de Janeiro se convierte en un escenario perfecto para disfrutar del sol, buena comida y temperaturas tropicales

ELENA MELÉNDEZ

«¿Vendrás a la despedida de soltera o a la boda?», le preguntaron a María Gil, argentina residente en España. Ella tuvo que escoger, por tema de fechas y trabajo, acudir a uno de los dos eventos celebrados con motivo del enlace de una de sus mejores amigas de la infancia. No lo dudó. «Elegí la despedida, me pareció que era la ocasión única para disfrutar unos días de su grupo de amigas. A día de hoy no es nada fácil coincidir todas durante tanto tiempo», explica.

El destino escogido fue Río de Janeiro y, en concreto, el barrio de Ipanema, uno de los más conocidos de la ciudad con lujosas tiendas, viviendas de diseño y una concurrida playa que se convierte en el corazón del lugar. «Estar en Río es como habitar en una ciudad dentro de una selva. Por toda la ciudad hay vegetación, árboles llenos de orquídeas y ficus gigantes, se trata de un paisaje tropical exuberante», explica María, cocreadora junto a su hermana Mili del blog gastronómico 'Hinojo'. Para alojarse escogieron un apartamento de alquiler en primera línea de playa con un diseño años setenta que les cautivó desde el primer momento. Los días allí comenzaban en la playa, donde se ubicaban en uno de los chiringuitos dispuestas a disfrutar de una jornada bajo el sol.

Así es Río de Janeiro

Pese a que las temperaturas rondaban los 25 grados, el agua, en opinión de María, estaba helada, así que los baños no pasaron más allá de la rodilla. Sobre la arena comieron maíz o una pieza de queso caliente que se vende en las playas al grito de '¡Queijo coalho! ¡Queijo na brasa!», que anuncian los vendedores ambulantes. «Te lo preparan en una parrilla al momento y lo aderezan con orégano. Tiene un punto salado y no es nada graso, de hecho te lo entregan envuelto por un papel y no gotea», detalla.Las tardes las dedicaban a pasear por Vieira Souto, la avenida donde se ubican numerosos comercios y bonitos edificios. También fueron hasta Leblon, un barrio situado al sur de la ciudad cuyas playas son continuación de las de Ipanema. Allí tomaron una chope o cerveza de barril en un bar muy popular de nombre Jobi y después fueron a tomar tapas a Boteco Belmonte. Por las noches se entregaron a la deliciosa gastronomía local en restaurantes como Zaza Bistro, donde degustaron un sabroso plato de pescado llamado moqueca que a María le recordó mucho a la caldereta. Otra de las cenas tuvo lugar en La Carioca Cevichería, local muy animado y especializado, como su nombre indica, en ceviches.En opinión de María, Río de Janeiro es una ciudad avanzada y moderna, donde parece haber una buena calidad de vida.

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Por ello, precisamente le impresionó mucho ver las escarpadas montañas donde se han construido casas en condiciones lamentables que por la noche le recordaban a la 'ciudad de los muertos' recreada en la película de animación Coco. «Las favelas salpican toda la ciudad, igual ves un complejo de viviendas lujoso y solo a unos metros comienza un barrio de viviendas en un estado muy precario; lo cierto es que es un contraste muy fuerte que te hace darte cuenta de la realidad que se vive en Brasil .Dicho esto, María cree sin embargo que Río «es un destino perfecto para viajar con amigas. Tiene playa, tiene selva, tiendas, buena cocina y un interesante planteamiento arquitectónico. Además, es una ciudad mucho más segura de lo que pensábamos antes de llegar». Ha sido un viaje inolvidable para esta bloguera, que no se arrepintió de elegir despedida de soltera.

Revista de Valencia

 

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