Salvador Navarro: «He sido mal estudiante, sólo hice un año de FP, pero eso no me ha parado»

Salvador Navarro habla de la careta que cada mañana se pone para superar su carácter introvertido /Jesús Signes
Salvador Navarro habla de la careta que cada mañana se pone para superar su carácter introvertido / Jesús Signes

Atribuye a un carácter disciplinado, «más japonés que germánico», el éxito en la vida; también a un sentido del trabajo que compensó el no haber ido a la universidad. Pertenecer a una familia humilde le ha dejado como huella la sencillez. «No quiero más dinero, poder ya tengo, y no lo uso»

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Traje impecable, corte clásico, media sonrisa. Salvador Navarro da el perfil del líder empresarialque una espera encontrarse en el impresionante despacho circular de la CEV; desde su sillón ve al fondo, colgados en paredes paneladas, los retratos de quienes le precedieron en el cargo: Rafael Ferrando, José Vicente González, Pedro Agramunt. Más tarde hará referencia a ellos, y no precisamente de forma positiva.

Durante la sesión fotográfica se muestra algo envarado, no es fácil ponerse delante de las cámaras para una persona que después confesará su carácter tímido. Quizás por este motivo no es fácil encontrar referencias personales a él, ni siquiera en las redes sociales: en Twitter hay un agujero negro desde finales de julio hasta principios de septiembre, y apenas alguna foto de su nieta al nacer y, en cambio, muchas imágenes de atriles y mesas de conferencias. Sin embargo, de entrada, él elige acortar la distancia física y psicológica que da la mesa de despacho para hacer la entrevista.

-Le confieso mi nerviosismo cada vez que tengo que sentarme delante de un empresario, siempre tan pendientes de ofrecer una imagen seria y formal. Acostumbrados a hablar de números, pero no de emociones.

-Es verdad, es la imagen que siempre ofrecemos. Yo soy excesivamente introvertido, pero por las mañanas me pongo la careta de tirar para adelante. Que se me entienda bien, no hablo de falsedad, la necesito porque de otra forma no podría enfrentarme a algo que, además, tengo claro que es temporal. Porque también sé perfectamente cuáles son mis prioridades: en mi vida privada soy el más familiar. Ayer, por ejemplo, tenía algo en agenda pero no era demasiado importante, así que lo dejé y me fui a ver a mi nieta, porque no la veía desde hacía dos días. Mañana -por el pasado miércoles- estoy en Madrid, el jueves y el viernes en Alicante, así que esta tarde iré a verla porque hasta el fin de semana no podré.

Parece tener claro a qué tipo de entrevista se enfrenta y lo acepta con gusto; quizás se haya dado cuenta de que humanizar a las personas que están tras un cargo como el de presidente de la Confederación Empresarial Valenciana no es malo. Y sus respuestas no decepcionan: se abre en canal.

«He estado en un sindicato, he participado en una manifestación atacando a la patronal del transporte, pero con los años me he hecho más conservador»

-Si quiere, podemos empezar por esta casa. Desde luego, deben gustarle a usted los retos, porque si ha habido una etapa complicada para la patronal ha sido ésta.

-Sí. Creo que, en condiciones normales, si la CEV se hubiera mantenido como una entidad provincial, posiblemente no hubiera seguido. También tengo que reconocer que los retos me permiten gestionar mi personalidad y me obligan a abrirme, y en este caso concreto ha sido duro. Ha habido momentos en que he estado desayunando en Castellón con un empresario para convencerle del proyecto y a la una tenía una reunión en Alicante. Y este territorio, si algo tiene, es que es largo. Pero es verdad que si algo tengo es que soy muy cabezón. Bueno, yo le llamo constante. Me considero además una persona muy perseverante y supongo que bastante trabajador. Porque en los retos tienes que bregar.

El líder de la patronal habla del orgullo que siempre ha inspirado a su familia. «No puedo defraudarles»
El líder de la patronal habla del orgullo que siempre ha inspirado a su familia. «No puedo defraudarles» / Jesús Signes

-Vamos al principio. ¿De dónde le viene ese carácter?

-Mi padre ha sido camionero toda la vida, de hecho, en los armarios del pasillo de casa hay un Pegaso desmontado a trozos. Con ocho o nueve años me iba los viernes por la tarde con él en su furgoneta de reparto, y ayudaba a cargar y descargar en empresas que ya no están, como Hoyos, o Cotanda. Asistía a clases a San José de Calasanz y era mal estudiante, siempre llevaba cinco o seis suspensos. Cuando acabé octavo quería hacer Electricidad en FP, pero no había plazas y me metí en Administrativo en Juan XXIII en Burjassot. No sé por qué, porque había chicas, dejaban fumar o había más libertad, el caso es que de la noche a la mañana empecé a sacar sobresalientes y matrículas de honor.

-Quizás había encontrado lo que le gustaba.

-Sí, pero al año mi padre me dijo que donde él trabajaba buscaban un chico que archivara albaranes. Yo siempre había dicho que algún día me metería allí y me cogieron. Las cosas eran distintas entonces, me acuerdo que se sentaba el gerente y enfrente los trabajadores. Cuando se iba nos poníamos a jugar a fútbol con una bola de papel.

-¿Y cómo de ser un chico que archivaba pasó a convertirse en empresario?

-En aquella empresa las hijas del fundador no tenían espíritu empresarial y aterriza el marido de una de ellas, Pedro Coca -ahora ocupa la presidencia de Propeller Club-. Empezamos a la par y cuando él asume la gerencia me va dando más responsabilidades: auxiliar administrativo, jefe de administración, director. Mientras, me iba fusilando libros, sobre todo los de Deusto.

-Una persona autodidacta.

-Recuerdo ir a la escuela Rubio, y en aquella época conocí a la que hoy es mi mujer. De hecho, me pelaba las clases porque ella estudiaba en Barreira e iba a recogerla. Pero es que yo si se estropeaba una máquina la arreglaba, me he atrevido con todo. En un momento dado hay un problema con la sociedad y asumimos una parte. Recuerdo que en aquel momento yo tenía algo de dinero para comprar una parcela en L'Eliana. Lo rumié mucho, y al final puse el dinero en la empresa. Era el año 94.

-Se convirtió en empresario, ahora lidera la patronal. ¿Nunca se ha sentido acomplejado por el hecho de no tener un título universitario?

-Nunca. El no tener los conocimientos no me ha parado. Si quería aprender algo lo hacía por mi cuenta, e incluso me atreví con programación. No quiero decir con ello que no sea importante la universidad: el problema es que creo que no está adaptada a los tiempos. La crítica también va para el mundo de la empresa, porque solo la universidad lidera la innovación, los cambios.

«Me considero buena persona pero no olvido; la venganza es un plato que se sirve frío. Soy escorpio y me lo tatué en el antebrazo en un viaje a Japón».

-Al mismo tiempo transcurre su vida personal.

-Cuando yo me hago empresario ya me he casado con mi mujer. Tengo una hija de treinta y seis años, con mi mujer treinta y siete de casados. Sí, es lo que piensa, nos casamos de penalti (ríe). Que ahora todo esto se lleva muy bien, ¿eh?

-En aquel momento no debió de ser fácil.

-Nosotros íbamos en ciclomotor, una Derbi Variant que todavía conservo, ella ya de seis meses, y decíamos: «esto será lo que parece…» Claro, tuvimos que decirlo. Primero a mis padres, al día siguiente me planté en casa de los suyos. Mi suegra llorando, recuerdo a mi suegro echándome la bronca en el salón mientras yo miraba fijamente el Espasa Calpe que tenía enfrente. Nos casamos. Ahora nos reímos, pero entonces no hacía mucha gracia. No teníamos dinero y estuvimos dos años viviendo en casa de mis suegros. Es que yo tenía dieciocho años, mi mujer dos menos.

Salvador Navarro tiene una vena familiar que le ha llevado a aplazar trabajo como líder de la patronal para acompañar a su nieta a la guardería
Salvador Navarro tiene una vena familiar que le ha llevado a aplazar trabajo como líder de la patronal para acompañar a su nieta a la guardería / Jesús Signes

-Supongo que ahora ve que el enfado era lógico, aunque solo fuera desde la perspectiva de lo jóvenes que eran.

-Sí, aparte porque no sé si hay muchos casos de éxito en un matrimonio que empieza así. Yo estoy feliz con ella, y le pongo un ejemplo: en agosto hemos estado los dos veinte días en Escocia y no discutimos ni con el GPS. Ha llegado un momento en que solo con una mirada pienso… la he cagado. Es cierto que la nieta, además, te cambia muchísimo.

-¿Por qué?

-Hace unos meses mi hija tuvo un problema de espalda y no se podía mover. Durante ese tiempo nos hemos estado turnando mi yerno y yo, que viaja mucho porque es 'coaching' para llevar a mi nieta a la guardería. Y he aplazado cosas para poder hacerlo.

-¿No ha tenido ningún problema en ese sentido?

-Por supuesto que no. Es que no podemos tener un doble discurso moral de conciliación.

-¿Sabe lo importante que es que lo haga usted, hombre, líder empresarial, y ya no reivindicando el papel de padre, sino incluso el de abuelo?

-En el papel de padre he visto crecer a mi hija poco. Recuerdo estar ella en la ofrenda y yo trabajando. Pero también los fines de semana Cuando salía de mi casa mi hija dormía, cuando volvía también. He decidido que con mi nieta no me va a pasar, aunque sí es cierto que en un momento dado rectifiqué y aprovechábamos los campeonatos de balonmano de mi hija para acompañarla. Ahí cogía mis vacaciones.

-De todas formas, ahora está más normalizado el discurso. Entonces era lo normal, desaparecer de casa para ganarse la vida.

-Piense que vengo de una familia humilde, en mi casa no había poder adquisitivo. Yo siempre pedía un escalextric en Reyes y jamás me lo trajeron, y cuando eres niño no lo entiendes. De mayor me lo compré. Pero ni siquiera ahora tengo chalé. O dos coches. Mi estructura de gasto es pequeña porque lo tengo todo invertido en mi empresa.

-¿Ha valorado mucho de dónde venía?

-Sí. Desde pequeño. Mi padre y yo nos quedábamos a veces solos en Valencia y él cocinaba y yo fregaba. Ni siquiera ahora tenemos lavavajillas. Y porcentualmente friego yo más que mi mujer y no se me caen los anillos. No tenemos chacha, los sábados, si no está la nieta, nos dedicamos a limpiar. A mí me relaja la cocina. Pero es que a mí los dobles discursos…

-¿Le gusta cocinar?

-Sí. De hecho, mi suegro todos los domingos se encargaba de hacer la paella. Cuando murió hace dos años mi mujer me dijo: «no te pongas tú que si no tendrás siempre la obligación». Ya llevo veintitrés o veinticuatro y ésta última ha salido bastante buena. Es que yo me lanzo, que el sentido del ridículo, pues hasta cierto punto.

-Y miedo tampoco tiene mucho, sobre todo si tenemos en cuenta de que no dice que no a nada.

-No tengo miedo, pero necesito mantener el control. De alguna manera me aseguro yo mismo de que va a salir, y eso se consigue trabajando. Es que hoy en día estamos creando monstruos, una sociedad en la que el Estado tiene que asumir todo. Los funcionarios, por ejemplo, tienen que ver recompensado su esfuerzo de alguna manera, como el resto.

Sobre la mesa del despacho algunas fotografías familiares, que le mantienen con los pies en el suelo
Sobre la mesa del despacho algunas fotografías familiares, que le mantienen con los pies en el suelo / Jesús Signes

-Los empresarios son personas conservadoras, pero usted no viene de una familia con posibles.

-Quizás con los años me he hecho más conservador, pero yo he estado en un sindicato, en una manifestación del transporte atacando a la patronal. Y hay días que soy de derechas, pero igual mañana me veo más de izquierdas. Lo que tengo claro es que a mí los partidos políticos no me engañan, que no puede ser que entiendan el mundo como que estás con ellos o contra ellos. Yo en elecciones he usado el voto de castigo.

-¿Se ha sentido un 'rara avis' en ese sentido?

-Es cierto que los empresarios somos conservadores por naturaleza, nos gusta la tranquilidad, pero no somos de derechas o de izquierdas. ¿Hay que bajar impuestos? Sí, pero también mantener esta sociedad. Tuvimos mucho miedo cuando entró este Consell pero el paso de los años ha demostrado que una de las personas que da más tranquilidad es el presidente. Pero si tenemos que estar en contra, como con la tasa del azúcar o el SDDR, lo estamos. Y al lado, con la financiación autonómica o el déficit de infraestructuras. Creo que Compromís es el único que podría defendernos en Madrid y todavía no lo ha hecho.

-¿Qué diría si le propusieran entrar en política?

-(Contesta rápidamente) No.

-Pero su carrera como líder empresarial no acaba aquí.

-A ver. Cincuenta y cinco años, sin hipoteca, nieta, una hija única. Mis empresas funcionan bien, casi mejor que ni vaya porque yo tengo un estilo y la gente que está en el día a día tiene otro. Pero este ritmo de vida… ¿Por qué me tengo que complicar la vida? Soy una persona muy sencilla, mi moto y poco más.

-¿Ha podido ver su padre su trayectoria?

-Él va a almorzar con los amigos y le dicen: «tu hijo va a ser presidente de la CEOE». Y él contesta: «¿ah, sí? A mí no me ha dicho nada». Otro de mis fans era mi suegro, que donde yo salía lo recortaba y se lo guardaba. Por eso mismo tengo un componente moral que me impide no fallar a la gente que ha estado apoyándome, sobre todo mi familia. Y creo que les defraudaría si entrara en política.

Habla Salvador Navarro de la honestidad, de la transparencia, de que el sistema de los partidos es demasiado rígido, pero también tiene para la clase empresarial, que ha seguido directrices sin mirar más allá. Y recuerda un momento complicado para él, cuando dijo no a la ampliación del Palacio de Congresos. «Se demostró tres años después que no hacía falta». Rememora la llamada a Rita Barberá: «atendió su hermana, puso el grito en el cielo…». Cree además que fue positivo porque creó cohesión entre empresarios. «A partir de esa CEV somos más fuertes y más sólidos».

-Pero el camino no ha sido fácil.

-Soy disciplinado, más que germánico, japonés. Porque estuve el año pasado en Japón -enseña un tatuaje de signos en la parte interna del antebrazo derecho-. Me iba a hacer un dibujito de un escorpión pero no me gustaba. Que, por cierto, qué gente más complicada, son más raros que un perro verde, que había tiendas para alquilarte un animalito y acariciarlo media hora. Pero son disciplinados, métricos, aseados…

-Nadie daba nada por este proyecto. ¿En esos momentos dormía por las noches?

-Supongo que habré pasado malas noches pero tengo la capacidad de desconectar. De hecho, mi mujer ha sido secretaria mía en la empresa y nunca hablábamos de trabajo en casa.

-Dicen que los escorpios no olvidan fácilmente.

-La venganza es un plato que se sirve frío. A lo mejor mi mujer le puede dar más detalles. No olvido.

-Ahora, también dicen que son buena gente.

-Yo me considero buena gente. Además, nací el 20 de noviembre. Ismael -se refiere a Ismael Sáez, secretario general de UGT-PV-, dice que, como Franco, Durruti -una de las figuras más relevantes del anarquismo español- también murió ese día, y así compensamos.

-¿Piensa mucho en el futuro?

-El de aquí -mira a su alrededor- sí lo pienso. A lo mejor el mío no tanto.

-¿No le da vértigo cuando mira hacia atrás y ve todo lo que ha hecho?

-No, todo lo contrario, porque creo que estaba haciendo lo que tenía que hacer, defendiendo intereses generales. Aunque seguramente todo esto tiene un componente importante de ego.

-Y de ambición.

-Sí, pero limitada. No quiero más dinero, no quiero poder, ya tengo. ¿Lo uso? En mi opinión, no. ¿Ha habido gente en esos retratos que ha abusado del poder para sus intereses propios? Seguramente.

-¿Sabe que el día que deje este cargo un porcentaje importante de personas quizás dejen de saludarle.

-No me importa. Le pongo un ejemplo: el fin de semana lo que menos hago es salir. El sábado estuvimos todo el día en casa mi mujer y yo. Lo único que hicimos fue bajar a comprar a Mercadona. Nada más. Voy al centro a dar una vuelta y me cruzo con varias personas. Cuando esto acabe, si no me saludan, no pasa nada. Mi vida es mi vida privada, mi casa es un búnker.

-¿Le queda algo por hacer que se haya guardado para cuando deje el cargo?

-Tengo una cosa clavada en el corazón, que es el idioma. Voy a clases de inglés, pero me cuesta muchísimo. Cuando deje esto igual me matriculo en la universidad, pero no por tener un título, sino por mantener la cabeza ocupada.

-No me olvido de preguntarle de la moto, ¿eh?

-Me propuse que a los cuarenta me iba a sacar el carné de la moto. Estaba en la peor etapa del grupo de empresas, yendo y viniendo de Barcelona. Eso sí, cuando aprobé me compré una BMW, mi único capricho. Y nuestro primer viaje fue a Suiza, en el año 2008. Desde entonces llevo 240.000 kilómetros. La última salida fue a Escocia este verano, y ahora ya estoy preparando el del próximo verano, que será seguramente a Polonia. La moto me da paz y sosiego, me relaja muchísimo.

Abre el ordenador y se pone las gafas para enseñarme un mapa de Europa y las rutas que ya ha hecho. «Lo de la vista y el pelo lo llevo mal, pero lo voy asumiendo», dice, con ese punto irónico con el que adereza su conversación. Continuamos hablando y hablando. De su vena niñera, que siempre ha estado rodeado de sobrinos, ahijados. De la bromista también. «A mi suegro le vaciaba el yogur que se llevaba a trabajar». Lo siento, Salva, lo tenía que contar.

Más de Revista de Valencia

 

Fotos

Vídeos