¿Quién es Sara Cortés?

Sara Cortés es cofundadora de la Fundación Acavall, que ayuda a niños con diversidad funcional a través de terapias asistidas con animales /Irene Marsilla
Sara Cortés es cofundadora de la Fundación Acavall, que ayuda a niños con diversidad funcional a través de terapias asistidas con animales / Irene Marsilla

Esta doctora en fisioterapia cree a pies juntillas que si salimos ahí fuera podemos cambiar el mundo haciendo pequeñas cosas; ella lo tenía muy claro el día que se embarcó en una fundación para ayudar a pequeños gracias a terapias asistidas con animales

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Hace ya más de una década, cuatro mujeres decidieron unir fuerzas para poner en marcha un proyecto muy especial; nacía la Fundación Acavall, que ayuda a niños con diversidad funcional a través de terapias asistidas con animales. Sara Cortés es una de aquellas emprendedoras a las que, con veintipocos años ya le latía en el corazón algo más que la inquietud de ganarse la vida como fisioterapeuta.

Quedamos con ella en la Fábrica de Huellas, un proyecto nuevo que les ha costado sudor y lágrimas, y donde aprovecha para explicar a unos niños cómo hay que actuar con los gatos para no asustarlos; es que allí uno se puede tomar algo con un grupo de felinos o acompañados de nuestra mascota sin necesidad de quedarse en una terraza. «Que en invierno hace frío y los que tenemos perro también queremos estar calentitos».

-¿Por qué en un momento dado decide emprender un proyecto que tiene tanto de altruista?

-La verdad es que esa pregunta me la he hecho a mí misma un montón de veces, qué me llevó a mí hasta aquí. Soy fisioterapeuta, en aquel momento trabajaba en un centro de mayores y tenía mi propia clínica, pero siempre había querido encontrar la forma de unir mi profesión con el amor a los animales. El primer proyecto no surgió. Al cabo del tiempo me hicieron esta propuesta. Y pensaba: «tengo un trabajo de lunes a viernes, de ocho a tres». Pero yo no era muy feliz, porque al final todo aquello se convertía en una rutina.

-Al mismo tiempo, es difícil, a veces, dejar un trabajo fijo, y más si era lo que te gustaba, tu profesión.

-Yo tenía veintitrés o veinticuatro años en aquel momento, y pensaba que algo más tenía que haber. Esto es algo muy pasional, que te ilusiona, un proyecto de veinticuatro horas 365 días al año. Que te hace aprender, que te obliga a salir de tu zona de confort porque hay que presentar cuentas, presupuestos anuales… continuamente aprendiendo, reinventándote, y eso a mí me da mucha vidilla.

«Los sueños de los niños no pueden estar por detrás de una factura»

-Además del componente de ayuda a los demás, claro.

-Por supuesto. Yo soy de las que piensa que todos podemos hacer algo para cambiar el lugar en el que vivimos. Si salimos ahí fuera y preguntamos a diez personas hay siete realidades que podemos cambiar; que, como dice Galeano, mucha gente pequeña, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo. Y no hace falta salir de Valencia. Me gusta mucho esa filosofía.

-¿Ahora eres más feliz?

-Por supuesto. Y eso que mi día no tiene fin. Cambian también las prioridades. La toma de contacto con la realidad, con niños en situaciones muy complejas, me hace ver que aquello por lo que hoy me estoy quejando no es tan importante. Uno de los momentos más complicados para mí fue aquel en el que conocimos a un niño que tenía como sueño ser caballero. Padecía una enfermedad muy grave, y recuerdo que acordamos una fecha para que viniera al centro. Ese día uno de los animales tuvo un accidente, y yo llamé a la mamá para cancelarlo. Ella me dijo que ya habían ido al hospital para que le medicaran y poder hacer la actividad porque tenía mucho dolor. Le dije: «veníos, lo solucionaremos». Aquel pequeño, que tenía seis años, fue feliz durante un ratito. A los cuatro días falleció. Y en ese momento pensé que los sueños de los niños no pueden estar por detrás de una factura o un problema de agenda. Que estas situaciones son urgentes.

UNA ESPINA CLAVADA

Incomprensión de unos pocos
La espina que le queda dentro a Sara es la de la incomprensión. «Hay mucha gente que no entiende lo que haces, que juzgan sin conocer. Me han llamado loca por estar en este proyecto». Ahora tiene claro que no a todo el mundo le va a gustar, e incluso quien piense que las terapias con animales tienen detrás algo de magia. «Yo, que tengo una mentalidad tan científica».

-¿De dónde te viene ese compromiso social?

-A veces lo hablamos, y siempre decimos que debe ser algún gen diferente. Es cierto que en mi familia siempre hemos sido de compartir lo que tenemos, de ver en qué podemos ayudar, y eso da felicidad. He reflexionado incluso si hay una parte de ego, pero la realidad es que no.

-¿Es una casualidad de que seáis cuatro mujeres?

-No sé si es casualidad, es cierto que entre los profesionales de cuidados siempre hay un porcentaje más alto de mujeres. Lo que sí sé es que detrás de todo esto hay mucho esfuerzo, y que después de años juntas las admiro profundamente.

-¿Hay que ser valiente?

-No sé si valiente. Puede que inconsciente. Me considero una persona muy metódica, pero si piensas mucho no lo haces. Tengo claro, además, que si tienes un sueño es peor que se quede en el cajón que darlo todo por él.

-¿Esto es un sueño?

-Sí. Es un sueño hecho realidad. Y me considero una persona muy afortunada.

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