El viaje inolvidable de... Diandra Ruiz

La familia en una cabaña de madera. /LP
La familia en una cabaña de madera. / LP

Estaban en Islandia cuando oyeron hablar de unas islas perdidas ubicadas en Noruega. El trekking, las ballenas y las auroras boreales marcan la aventura de la empresaria con su familia en un edén de nieve

ELENA MELÉNDEZ

Diandra Ruiz, su marido Raúl y su hija Danna, de tan solo dos años de edad, forman un equipo inseparable cuando se trata de desplazarse por el mundo. La pasión por los viajes le viene a Diandra de hace años cuando, tras recorrer Japón, la coste este de Estados Unidos, Hawai, Tailandia y gran parte de Europa, decide empezar a narrar sus vivencias en el blog 'My Family Trip' donde, además, comparte ideas y consejos para viajar con niños, porque ellos también pueden formar parte de una vivencia tan profunda como salir al mundo. «Hay personas que nos preguntan: '¿por qué os lleváis a vuestra hija si aún no se entera?'. Nosotros les respondemos que los que nos enteramos si ella no viene somos nosotros. Sin Danna el viaje nos resultaría incompleto», asegura Diandra Ruiz, administrativa y propietaria de la firma de artículos especializados en viajes Mapamundi, que ya no se imagina viajando sin su familia.

Su historia con las Islas Lofoten empieza durante un viaje a Islandia, cuando escucharon hablar a algunos locales de un paraíso apartado y casi virgen donde prácticamente no llegan viajeros. «Enseguida se despertó nuestra curiosidad. Nos gusta visitar lugares en los que hay monumentos y muchas cosas para ver y lugares, como las Lofoten, donde el entorno natural es en sí mismo el protagonista del viaje», explica. Era finales de febrero cuando volaron hasta Oslo, parada obligada en el camino hacia las Islas Lofoten, en territorio noruego. Allí hicieron escala para viajar hasta Evenes, donde alquilaron un coche y condujeron hasta Andenes, el enclave ubicado más al norte de su viaje, a solo 300 kilómetros del Círculo Polar Ártico.

Así es Islas Lofoten

Para alojarse escogieron unas cabañas típicas de la zona, donde la madera es protagonista y, al día siguiente, se despertaron pronto para llegar a Vesterålen y poder vivir en primera persona un avistamiento de ballenas. «Vimos tres ballenas cachalote, dos jorabadas y un grupo de diez orcas. Da mucha impresión, porque estás casi una hora navegando mar adentro, de repente el barco se detiene y esperas. Estuvimos cuatro horas en alta mar». Una de las particularidades de las Lofoten es que la mayoría de islas están unidas por puentes y que es posible viajar por ellas a través de una carretera que las atraviesa. En Gimsøy pudieron visitar la espectacular iglesia y en Nusfjord vivieron de cerca una jornada del pequeño pueblo pesquero donde la actividad principal es la recogida del bacalao, que conservan en unos secaderos al aire libre.

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Por las noches tuvieron la oportunidad de ver las auroras boreales, una de las experiencias más bonitas que recuerdan. «Aparece una especie de humo verde que se mueve en el cielo y va cogiendo intensidad. Poco a poco el tono vira a morado grisáceo y cuando cambian los colores es como una explosión. Es muy impresionante». Las auroras boreales hay que verlas entre los meses de septiembre y marzo, lo más cerca posible del Polo Norte para disfrutarlas en toda su intensidad. Además hicieron varias excursiones de trekking, entraron a una granja de renos, visitaron el Museo Vikingo de Borg y comieron una sopa de bacalao y patata típica de allí. «Estando en Lofoten tienes una sensación de inmensidad única. Me he sentido libre al no tener nada alrededor, solo naturaleza, nieve y montaña». No en vano, las Islas Lofoten están en proceso de convertirse en un destino de turismo sostenible, que se otorga en aquellos lugares que trabajan de forma continuada en reducir el impacto medioambiental.

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