¿Quién es Silvia Rueda?

Silvia Rueda en el hall de la facultad de Ingeniería Informática./Damián Torres
Silvia Rueda en el hall de la facultad de Ingeniería Informática. / Damián Torres

No tiene reparos en confesar que un día decidió dedicarse a su hijo y dejar aparcada la investigación. Seis años después ocupa un cargo de responsabilidad y se muestra orgullosa de su decisión

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Silvia Rueda pertenece a ese grupo de mujeres que han venido a feminizar esta sociedad, a hacer entender que no hace falta alzar la voz para ser respetada ni dedicarle 24 horas a su trabajo para alcanzar un puesto de mando. Incluso a que puede estar parada un tiempo y luego volver, aunque el sistema universitario la haya 'castigado' por ello y todavía no sea profesora titular. Quizás le haya servido para cuestionarse lo establecido, porque esta informática tiene muy claro que hay que visibilizar un colectivo, el de las mujeres, que están muy presentes -y activas- en las facultades. Esta semana ha sido reelegida directora de departamento.

-¿Cuál fue su motivación a la hora de presentarse a un cargo directivo en la facultad?

-Siempre me ha gustado la parte de gestión universitaria, y hace tres años un compañero me despertó el gusanillo, me dijo que lo podía hacer bien. Yo había estado dedicada a la crianza de mi hijo, pero en el momento en que comenzó el colegio decidí plantearme nuevos retos. Estuve dándole vueltas y lo hablé con mi pareja, porque al final es mucho tiempo el que le tengo que dedicar. Como él trabaja aquí conmigo fue más fácil que lo entendiera.

-En muchas ocasiones esa necesidad de hacer algo más, de ocuparse de cargos, de responsabilidades, viene de atrás.

-Cuando tenía doce años, yo no estaba de acuerdo con una de las normas que había en mi colegio, que era muy estricto, y organicé una sentada. Yo creo que es algo que llevaba en la sangre.

Rueda reconoce haber tenido «mucha suerte» por haber podido compaginar la vida laboral con los primeros tres años de su hijo.
Rueda reconoce haber tenido «mucha suerte» por haber podido compaginar la vida laboral con los primeros tres años de su hijo. / Damián Torres

-¿Cómo ha sido, en su caso, la compatibilización entre la crianza y la universidad?

-Yo he tenido mucha suerte porque durante los tres primeros años de mi hijo pude dedicarme solo a la parte de docencia y, a riesgo de perder curriculum, dejar aparcada la investigación. Me siento afortunada, así y todo, porque pude elegir. Tuve además mucha ayuda de mi madre, y poco a poco pude ir dedicándole más tiempo al trabajo y menos a Martín. Ese proceso, que debería ser el lógico y natural, la mayoría de las mujeres no lo pueden hacer porque las bajas maternales son totalmente insuficientes.

Una espina clavada

Tener otro hijo

Le queda una espina a Silvia Rueda: «Me hubiera gustado tener otro hijo, pero tomamos la decisión entre mi pareja y yo y ahora soy muy feliz con Martín». A nivel profesional, le quedan muchas cosas por hacer, pero no se plantea grandes metas. Le pregunto por la posibilidad de nuevos cargos. «Sólo me gustaría que cuando me vaya, mis compañeros sientan que les escuché».

-¿Cree que no habría que dejar de lado el disfrute de la maternidad?

-O de la familia, que para mí ha sido muy importante. Mi madre se convirtió en mi gran apoyo porque desde que era pequeña pasamos muchas cosas juntas, mi padre murió muy joven, con 47 años. Me tuvieron muy jóvenes y tuve con ellos una relación muy estrecha, y ese sentimiento de pertenencia a la familia y a los amigos lo llevo muy arraigado.

-¿Que su pareja sea un compañero de trabajo es una ventaja o un inconveniente?

-Para mí no ha sido un problema, al revés, ha facilitado mucho las cosas. Primero, porque no estamos todo el día juntos, nos vemos a mitad de mañana para tomar un café y a veces a comer. Lo bueno es que podemos hablar de todo, porque nos entendemos. E investigamos juntos.

-¿Les cuesta desconectar?

-Teniendo en cuenta que tenemos un niño pequeño y trabajamos juntos, a veces hablar de algo que no sea relacionado con la facultad o nuestro hijo es complicado. Así que intentamos encontrar momentos para estar solos los dos.

Silvia asegura que ser madre le ha cambiado la forma de enfrentarse a la vida.
Silvia asegura que ser madre le ha cambiado la forma de enfrentarse a la vida. / Damián Torres

-Vamos hacia atrás. ¿Por qué ingeniería informática?

-Sabía que me gustaba mucho las matemáticas, también la física, pero quería dedicarme a algo más aplicado. Entonces, si tenías buenas notas, estudiabas 'teleco', pero no terminaba de verlo claro. Jordi, un amigo de mis padres que para mí era como u n tío, me preguntó: «¿por qué no informática?». En aquel entonces la Universidad Politécnica me dio la sensación de ser como un mundo muy grande y yo muy pequeña. Al entrar en el campus de Burjassot me resultó mucho más acogedor, con una sensación de que aquí sí iba a pertenecer.

-¡Y tanto que lo ha hecho!

-Ya no me he ido (ríe). Además, tuve la suerte de formar parte de la primera promoción, lo cual podía tener sus inconvenientes, pero la relación con los profesores fue muy cercana, se creó un vínculo muy fuerte y ellos han sido una parte esencial en mi vida.

-¿Cuáles han sido sus mayores satisfacciones?

-A nivel personal, ser madre, porque me ha cambiado la forma de enfrentarme a la vida, me ha hecho cuestionarme cualquier orden establecido. A nivel profesional, convertirme en profesora, o haber hecho la tesis, que supuso un esfuerzo considerable.

-¿A quién le quitó el tiempo que le dedicó a la tesis?

-A mi exmarido. Eran muchas horas.

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