¿Quién es Joan Ferré?

Joan Ferré, en el campus de Burjassot donde es catedrático. /Damián Torres
Joan Ferré, en el campus de Burjassot donde es catedrático. / Damián Torres

Este catedrático se aficionó a la contemplación de aves después de «perder más de un año corriendo con un fusil durante el servicio militar». Casi cuarenta años después se ha convertido en un coleccionista de avistamientos y fotografías, y lamenta no haber conseguido enganchar a sus amigos

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Nos vemos en la cafetería del campus de Burjassot, rodeados de jóvenes que aprovechan el sol de febrero que a mediodía ya empieza a calentar. Es el ambiente en el que Joan Ferré se ha sentido a gusto, el de la Facultad, donde el ansia de transmitir conocimientos le ha llenado cada día. La conversación con este bioquímico especializado en bioinsecticidas versa, sin embargo, sobre su mayor afición, la ornitología.

-¿En qué momento empieza a aficionarse por las aves?

-Tuve la mala suerte de que, una vez terminada la carrera, tuve que ir forzado a hacer el servicio militar. Me enviaron a Canarias y perdí más de un año de mi vida corriendo fusil en mano. Pensé que si algo positivo podía sacar de aquella situación era aprovechar que estaba en un puerto franco. Compré una cámara réflex y varios objetivos, y cuando llegué a la península, recién licenciado, me pregunté: «¿qué hago ahora yo con todo este material? Fotos a la naturaleza. ¿Y qué es lo más bonito que se mueve? Los pájaros». Me aficioné, cada día quería saber más, qué especies eran las que veía con los prismáticos, las que fotografiaba.

-¿Cuánto tiempo lleva enganchado a este 'hobby'?

-Empecé en el año 81 y en todo este tiempo mi mujer y yo hemos tenido la oportunidad de viajar por el mundo gracias a las becas como científico. Vivimos en Tennesee y en Pittsburgh, donde hay muchos pájaros que son muy confiados, no como aquí, que los matamos. Pude tomar miles de fotos y aficioné a mi mujer. Y desde entonces, a cualquier congreso al que viajo aprovecho para quedarme un día más y así disfrutar de la fauna ornitológica.

«Me ha costado madurar, me miro al espejo para darme cuenta de mi edad»

-¿Cómo ha ido evolucionando en su afición durante todos estos años?

-Siempre he sido un lobo solitario porque no conocía a nadie que le gustara, de hecho mis amigos se aburrían cuando les hacía aquellos pases de diapositivas y al final no venían a cenar porque se quedaban dormidos (ríe). Hasta que una alumna me contó que a ella también le gustaban las aves, que por qué no me hacía socio de la Sociedad Valenciana de Ornitología. Yo ni siquiera sabía que existía. Y hace cuatro o cinco años que entré en contacto con ellos.

-Y casi enseguida presidente.

-Soy una persona ordenada y, aunque somos bastantes en la sociedad, sólo cinco o seis hacen cosas. Yo me impliqué tanto que al final he acabado de presidente, aunque no lo tuviera claro.

-¿Qué ha encontrado en la contemplación de aves que le ha llenado tanto?

-He sido coleccionista toda la vida: de pequeño cajas de cerillas, luego terrones de azúcar, de más mayor sellos, que vendí para invertirlo en una de monedas. Esto ha sido una salida lógica a ese afán de coleccionismo, más que analizarlo desde un punto de vista científico. De hecho, siempre he querido que fuera una afición, porque creo que puedes perder el interés cuando se convierte en trabajo. Yo lo que consigo con ello es libertad, no estar encerrado entre las cuatro paredes del despacho.

Una espina clavada

-¿Qué le ha aportado el contacto con los alumnos?

-La satisfacción de pasar información, sabiduría y experiencia a los demás. Ya de mayor he sido consciente de la importancia de ser un buen profesor. Además, el estar siempre rodeado de gente joven ha hecho que no me dé cuenta de la edad que tengo; me apunté a un grupo de salsa donde todos eran jóvenes veinteañeros y yo tenía más de sesenta. Bueno, me lo pasaba muy bien... en realidad me siento mucho más joven de lo que soy, y la gente me lo dice, que no lo aparento. A veces me tengo que mirar al espejo para decirme a mí mismo que ya soy mayor, que tengo 64 años. Me ha costado madurar y eso ahora es bueno.

-Por su edad podría estar ya pensando en la jubilación. ¿Se lo plantea?

-Sí, porque todos mis amigos ya se han jubilado, pero no porque tenga ganas. Está ahí, como una sombra, que de aquí dos proyectos más del Ministerio ya no estaré. Veo el final de mi carrera, llegará un momento en que cumpliré setenta años y ahí ya será obligatorio jubilarme. En ese sentido, estoy en contra de la actual legislación, que te convierte en una persona invisible a partir de esa edad, independientemente de tus aptitudes y tus condiciones.

-¿Mira atrás?

-Estoy muy satisfecho con la vida que he llevado, soy una persona muy positiva y veo las cosas de color de rosa más que negras.