Paz Zúnica: «Estaba deseando tener tiempo para jugar al tenis»

Paz Zúnica, en el salón de la casa que compró hace años para estar más cerca del club de tenis cuando se jubilara./Damián Torres
Paz Zúnica, en el salón de la casa que compró hace años para estar más cerca del club de tenis cuando se jubilara. / Damián Torres

Se ha convertido en la primera mujer en presidir una entidad deportiva centenaria, pero ya estaba acostumbrada a romper techos de cristal al ser una de las primeras notarias de Valencia

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Le pregunto a Paz Zúnica de dónde proviene su apellido, poco conocido en Valencia. La teoría es que quizás algún escribiente anotó mal uno mucho más corriente, el de Zúñiga, pero hay una anécdota mucho más divertida que se cuenta entre risas en la familia. Confiesa que los Zúnica nacen en un pueblo manchego donde un antepasado tuvo una abundante descendencia, tanto que todos los que ha conocido a lo largo de su vida tienen el mismo abuelo. Tiene esa parte divertida, Paz Zúnica, que combina con una profesionalidad y una capacidad de trabajo fuera de lo común. Lo demostrará durante la entrevista, y también en el hecho de que, una vez jubilada, haya dado un paso al frente en el Club de Tenis y, una vez más, demuestre ser una mujer pionera. Nos cita en su casa, en una calle muy próxima a los Viveros; no es casualidad la localización.

-Usted se acababa de jubilar de su actividad como notario, ¿fue el motivo por el que decidió presentarse a la presidencia del Club de Tenis?

-Más que decidirlo yo, me han llevado al huerto. El año pasado me metieron en el equipo +70, y cuando fui a la competición de clubes en Palma de Mallorca el equipo de jóvenes de cuarenta me comentaron que sería una buena presidenta. Una amiga también me había dicho que debería presentarme. Le contesté que me dejaran tranquila, que me acababa de jubilar. En un momento dado dije que, en todo caso, necesitaba un buen equipo, que si lo conseguían, adelante. Empezaron a correr la voz, la gente venía contándome sus cuitas, y yo cuando veo faena me tiro en plancha. Para mí, mi forma de estar en la vida es de acción; me gusta hacer cosas. Pensé que no me podía negar y ahora estoy ilusionada.

La notaria tiene una larga lista de hobbies, entre los que destaca, por supuesto, el tenis.
La notaria tiene una larga lista de hobbies, entre los que destaca, por supuesto, el tenis. / Damián Torres

-La llegada a la jubilación es un momento crítico para algunas personas. ¿Ha sido su oportunidad de no quedarse quieta?

-No exactamente. Tengo la suerte de disfrutar de muchos hobbies y estaba deseando jubilarme para retomar algunos. De joven canté en el coro y luego en el orfeón universitario, y en cuanto me jubilé hice las pruebas para entrar en el coro del colegio de abogados. Ensayamos dos veces a la semana, hacemos bolos… Además, aprendí a tocar el piano de los diez a los trece años y ahora, cada vez que tengo un rato, estoy deseando practicar. El tenis siempre ha sido el deporte que más me ha gustado y estaba deseando tener tiempo para jugar. De hecho, esta casa la compré con la idea de que durante mi jubilación pudiera estar cerca del club de tenis.

«De pequeña quería ser bombero, me gusta la acción»

-¿En serio?

-(Ríe) ¡Sí! Yo vivía en General Tovar, en la esquina de la calle del Mar y la Glorieta. Era una casa muy bonita pero demasiado grande, así que cuando mis hijos ya no vivían conmigo pensé en venderla y en comprarme otra que estuviera cerca del tenis. En quince días la tenía.

-Con tantas aficiones, ¿estaba contando los días para jubilarse?

-(Ríe) Pues tampoco. He disfrutado mucho la época de notario porque he tenido la suerte de tener un equipo y un compañero extraordinario con el que me llevaba estupendamente. Yo hubiera seguido, de hecho se hablaba de prorrogar la edad de jubilación de los notarios a los setenta y dos como se ha hecho con los jueces. Me daba pena dejar el despacho; después de haber pasado la crisis estaba muy a gusto en mi trabajo pero no tuve alternativa. Cuando empecé a practicar hobbies pensé: «lo cierto es que esto también está muy bien».

-Es un talento, lo de adaptarse a las circunstancias.

-Justo el otro día hablaba de ello; no sé si me voy a adaptar también a estar muerta, porque como me acoplo tan bien a todo… (ríe). La vida tiene tantas oportunidades que lo único que hay que hacer es agarrarlas y disfrutarlas.

Zúnica se reconoce como toda una «nostálgica» y por eso no le gusta mirar fotografías antiguas.
Zúnica se reconoce como toda una «nostálgica» y por eso no le gusta mirar fotografías antiguas. / Damián Torres

-¿Le gusta hacer balance, en un momento de inflexión?

-Soy más bien de no mirar atrás; por ejemplo, no me gusta mirar fotografías antiguas, me ponen muy nostálgica. Sí es cierto que si miro atrás veo que la vida me ha ido llevando, que no tuve, por ejemplo, vocación de corredor de comercio.

-¿Qué quería ser de pequeña?

-Yo de pequeña quería ser bombero, que a mí me gusta la acción. Luego tuve otra época que soñaba con ser maquinista de tren, porque lo de ver mundo me encantaba, y aquello me parecía el no va más. En mi época de adolescente me gustaban mucho las matemáticas y el dibujo y pensé en estudiar Arquitectura. Cuando me llegó el momento todavía no se cursaba en Valencia, y en mi casa me dijeron que eligiera algo que se pudiera estudiar aquí. Hice Económicas y recién acabado tercero de carrera me casé. Yo creo que un poquito influida por las expectativas, porque mi padre era muy de la antigua usanza, y si queríamos estudiar, bien, pero si hablabas de trabajar ya se le torcía el gesto.

-Lo de bombero ya era revolucionario para una mujer, supongo.

-Ahí no me hicieron ni pizca de caso. Yo pedía a los reyes un coche de bomberos, soñaba con uno grande en el que me pudiera meter dentro, pero nunca llegó.

-¿Empezó enseguida a trabajar?

-Los primeros años estuve criando, pero mi marido, notario, me propuso que me preparara para corredor de comercio, que era muy compatible con notarías. Las oposiciones las hice con tres niños, y la segunda carrera, Derecho, con cuatro y trabajando.

-¿Cómo lo hizo?

-No lo sé, pienso que antes las horas eran más largas que ahora, que se me acaban antes.

«Todas las broncas que recuerdo de pequeña eran por llegar tarde a casa, en el Cabanyal me pasaba la vida en la calle»

-Desde luego, debía de aprovechar el tiempo muchísimo.

-Creo que tiene que ver con el simple hecho de querer hacerlo. Menos mal que mi madre era una adelantada y fue mi motor desde el primer día, y tanto a mi hermana como a mí nos dijo que si éramos buenas estudiantes, había que ir a la universidad. Además, nos animó a que fuéramos independientes. Me acuerdo que vivíamos en el Cabanyal y ella fue la que decidió, cuando íbamos a cursar los últimos cursos de Bachiller, trasladarse a Valencia para poder estudiar; nos fuimos a vivir a la calle Salamanca.

-¿Qué recuerdos guarda del Cabanyal?

-En el Cabanyal yo fui feliz. Era como un pueblo, de pequeña me pasaba la vida en la calle y tenía muchísima libertad. Cogía la merienda después del colegio y hasta que se hiciera de noche. No sé a qué edad me pusieron reloj, pero todas las broncas que recuerdo era por llegar tarde a casa. Los veranos nos íbamos todos los días a bañar a las Arenas, mi madre era un enamorada del mar. Luego alquilábamos algo en la montaña, en Estivella, Navajas, Virgen de la Vega…

-¿Ha mantenido el contacto con el Cabanyal?

-No, porque se degradó tanto que me daba pena. Sí que he necesitado mantener el contacto con el mar, y cuando he pedido traslados siempre he buscado un lugar cerca de la costa. Estuve en Huelva, cerca de Matalascañas, en Santander y más tarde en Getxo. Nunca se me hubiera ocurrido vivir en una ciudad del interior.

La notaria asegura que siempre se haj sentido valorada como mujer.
La notaria asegura que siempre se haj sentido valorada como mujer. / Damián Torres

-¿En Madrid, por ejemplo?

-Ahí ni atada (ríe). Los paseos por la playa con mis padres, el puerto, la arena... para mí el descanso siempre ha estado unido al mar.

-Compartió profesión con su marido.

-Me divorcié, pero en cualquier caso siempre tuvimos una buena relación. Es más, siempre me dijo que no iba a tener ningún problema en mi profesión.

-¿Se ha sentido valorada como mujer?

-Me he sentido privilegiada, porque en la segunda mitad del siglo XX no ha sido fácil para una mujer llegar arriba. En teoría se nos abrían las puertas, pero la realidad social no facilitaba que las mujeres pudieran llegar a puestos de responsabilidad, porque para ello era preciso compartir también las tareas familiares y de la casa. En ese sentido, mi ex marido, que ya digo que siempre me valoró muchísimo, no me ayudó en casa. En aquella época casi se consideraba un deshonor sacar al niño con el carrito. Aquell fue un freno, porque no teníamos la misma disponibilidad y nos limitábamos. Fuimos supermujeres, pero no teníamos por qué serlo.

-En su caso, ¿cómo lo consiguió?

-Yo he tenido la suerte de tener muy buena salud y mucha energía, y aún así no sé todo lo que hubiera podido hacer si hubiera tenido más apoyo en casa.

-Usted tiene cuatro hijos. ¿Ha transmitido el discurso?

-Yo creo que a los hijos se les enseña fundamentalmente con el ejemplo, y a cada uno hay que respetarle sus características, su forma de ser. En mi casa, desde luego, ha habido matriarcado porque ellos han estado conmigo siempre. Me siento muy unida a mis hijos, y ellos a mí.

Zúnica se reconoce amante del mar y sólo ha pedido traslados a lugares de costa.
Zúnica se reconoce amante del mar y sólo ha pedido traslados a lugares de costa. / Damián Torres

-¿Le ha salido algún hijo notario?

-No.

-¿Lo lleva como una pena?

-No, porque a mí me gusta que cada uno se dedique a lo que le apetezca. Solo el mayor lo intentó, pero para hacer notarías hay que ser muy buen estudiante, y él no lo era. Solo le pedí que se supiera retirar a tiempo. Lo hizo, y como es mucho más comercial, tiene una inmobiliaria y le va muy bien. Mi hija mayor es veterinaria, la otra estudió Económicas pero se dedica al masaje terapéutico proque es lo que le encanta y el otro es informático. Cada uno ha hecho lo que ha querido, y además no he pretendido que hicieran lo que a mí me gustaba. Ya me pasó con la música, porque me quedé con el deseo de estudiar más, así que a mis hijos los apunté a clases de piano. Todos abandonaban y al cuarto ni lo intenté. Ahora a un nieto le gusta y yo encantada.

«Como notaria sólo he solicitado traslados a lugares donde hubiera mar, nunca a ciudades de interior»

-Es abuela ya. ¿Le gusta ejercer?

-Mañana por la tarde me toca nietos. Es distinto a ser madre, porque yo lo soy una tarde a la semana, no tengo la responsabilidad de criarlos. Los disfruto, pero tampoco soy la abuela consentidora; valoro la disciplina, en algunas cosas soy hasta más firme que sus padres ya que yo no les he podido consentido demasiado porque tenía demasiados frentes abiertos. Pero me encanta estar con ellos, y a ellos les encanta estar conmigo.

-¿Le preocupa la vejez?

-Gracia no me hace, pero no me preocupa porque me veo muy bien. Soy bastante ilusa, pienso que voy a estar bien siempre. Eso sí, me gustaría morirme al acabar un partido de tenis, o bajando de un tranvía. Así de repente.

-Quizás a lo que tememos más es a la incapacidad, al dolor. A no sabernos valer por nosotros mismos.

-Ni lo nombre (ríe). No sé por qué, no lo pienso, no entra dentro de mis planes.

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