¿Quién es Manuel Juliá?

Manuel Juliá, en la empresa tecnológica donde es directivo./Jesús Signes
Manuel Juliá, en la empresa tecnológica donde es directivo. / Jesús Signes

Es directivo de una empresa de tecnología financiera y ha viajado a más de noventa países; puede arreglar un grifo o un televisor y se dedica en sus años sabáticos a conectar a personas y ayudarlas a través de varias asociaciones

MARÍA JOSÉ CARCHANOValencia

Manuel Juliá es directivo de una empresa de tecnología financiera y lleva traje y corbata, pero también hace meditación y ha viajado muchos años con mochila y tienda de campaña. A su alrededor, programadores de una media de treinta años vestidos con polo y chinos que se suben a un patinete eléctrico para desplazarse desde el epicentro de los negocios en Valencia, la calle Pintor Sorolla. Manuel Juliá, además, se mueve muy bien en el mundo asociativo, participa en varias entidades sin ánimo de lucro y tiene claro que lo suyo es conectar a personas. Aunque sea a medianoche, desde el ordenador de su casa.

-¿Qué formación ha tenido para llegar a ser directivo de una empresa de tecnología financiera?

-No es fácil explicarle. En una cena con excompañeros del Benlliure me recordaban que yo era un empollón, aunque no tengo conciencia de haberlo sido. Sí es cierto que conseguí una matrícula de honor en griego clásico, que yo incluso podía mantener una conversación fluida en una lengua muerta, pero tuve la suerte de que alguien me dijo que aquello no tenía ningún futuro. Cuando a los veinte años tuve uso de razón pensé: «¿en qué profesión puedo ganarme mejor la vida?». Quise hacer Telecomunicaciones, pero como había que estudiarlo fuera de Valencia cogí esa misma rama en FP. Después estudié Graduado Social, y al mismo tiempo trabajaba. Y durante toda mi vida lo he hecho, aunque he tenido entre medias años sabáticos.

-¿Quería seguir haciendo las dos cosas?

-Bueno, mi padre desde los catorce años me dijo que debía trabajar, que solo tenía pagado techo y comida. Empecé como guía de museo porque él era director de restauración en el colegio del Patriarca, un sitio espectacular donde he pasado mucho tiempo de mi vida. Pero, además, he limpiado cafeteras, reparado maquinaria industrial, televisores… Y estoy encantado porque aquello me hizo espabilarme, que aquí ha venido gente de veintitantos años a una entrevista de trabajo acompañado de su madre.

Juliá es de los que disfruta de lo conseguido, en lugar de lamentarse por lo que se queda en el camino.
Juliá es de los que disfruta de lo conseguido, en lugar de lamentarse por lo que se queda en el camino. / Jesús Signes

-Tiene un currículo muy extenso, tanto en formación como en experiencia en multinacionales y tecnológicas.

-Y eso que omito una parte, porque la gente no se lo creería. Prefiero vivir mi vida antes que vivir la de otros, por eso no veo la tele. Me hicieron hace poco la trampa de ver todas las temporadas de 'Juego de Tronos' y lo pasé muy bien, pero yo me siento más a gusto haciendo cosas que tengan varios sentidos a la vez, para mí es una forma de trascender.

-¿Tiene la necesidad de no perder el tiempo?

-No es por eso, este fin de semana, por ejemplo, no he hecho nada. Sencillamente, con los años veo cuándo estoy más activo y lo aprovecho; no me gusta desconectar, solo lo he hecho una vez y no lo he pasado peor en mi vida. Además, me gusta mantenerme formado, lo que no practicas lo pierdes, aunque también le digo que donde más he aprendido es viajando.

Una espina clavada

Objetivos que van cambiando

Manuel Juliá tiene claro que siempre quedan espinas clavadas, pero tampoco soy de los que se autofustigan pensando en lo que ha quedado por el camino. En ese sentido, asegura que los objetivos van cambiando, y que quizás lo que en un momento dado quedó pendiente ahora ya no le interesa. Por ejemplo, podría estar trabajando en Madrid, o en Nueva York, pero prefiere Valencia.

-¿Ha viajado mucho?

-Mi ex era funcionaria y le apasionaba viajar a lugares nada turísticos. Todavía no habíamos vuelto de un lugar, ya estaba planificando el siguiente. He visitado más de noventa países y nos ha ocurrido de todo. Recuerdo, por ejemplo, un viaje a Guatemala donde una mañana la tienda de campaña estaba rodeada de militares. Miré a mi pareja y pasé mucho miedo. Menos mal que no eran paramilitares. Y le podría contar muchas más experiencias extremas.

-Desde luego, no ha perdido el tiempo.

-Si me muriera mañana, sentiría que no he perdido el tiempo. Además, yo cada cierto tiempo reviso mis objetivos, y a largo plazo lo tengo claro. Vivo y trabajo en Valencia porque he planificado jubilarme aquí; pienso que es el mejor lugar para hacerlo. Soy una persona tremendamente egoísta, pero desde un punto de vista positivo, porque si la gente que me rodea vive bien yo vivo bien. Y aquí se vive bien.

-Hablaba antes de trascender…

-Hago meditación, me siento bien cuando lo practico, pero al mismo tiempo tengo la sensación de que pierdo parte de la vida, porque en ese momento estoy alejado de la realidad.

Seguimos hablando, fuera de grabadora, del orden económico mundial, del futuro de la humanidad, de las posibilidades como especie, un tema que le apasiona. «A pesar de todo, soy una persona positiva», asegura el directivo.

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