Felipe Garín, la casita entre reyes

Felipe Garín, frente al ajedrez en el que suele jugar en su casa./Jesús Signes
Felipe Garín, frente al ajedrez en el que suele jugar en su casa. / Jesús Signes

El ajedrez es una pasión que transmitió a sus nietos, para quienes ha construido una casa de muñecas que considera su «obra maestra». Se trata del tesoro de este hombre que tiene 4.000 libros en casa y ha viajado por todo el mundo

José Molins
JOSÉ MOLINSValencia

Su casa rebosa arte, cultura y experiencias, fruto de sus múltiples viajes por el mundo. Los libros, cuadros y figuras decorativas lo ocupan casi todo, pero dos objetos destacan por encima del resto. Un precioso ajedrez tallado sobre mármol que se trajo de la India y una maravillosa casita de muñecas a la que no le falta detalle. Ambas cosas ocupan la vida de Felipe Garín fuera de su ámbito de trabajo. «Soy un buen aficionado al ajedrez, desde que me enseñó mi abuelo de pequeño, he procurado leer libros para aprender jugadas. Aunque no soy muy bueno, he participado en algún torneo en el pueblo», señala. Y ahora le toca a él ser quien enseñe cómo se hacen los movimientos de las fichas. «Estoy enseñando a mis nietos, disfruto jugando con ellos, aunque he tenido que cambiar las piezas de cristal por otras de madera porque las rompían». Le gusta ejercitar la memoria en el tablero, «es un juego racional, no hay casualidades, muy ordenado, en cuanto te descuidas te han atacado por otro sitio», destaca.

Garín confiesa que sus nietos tienen un papel preferente en su vida.
Garín confiesa que sus nietos tienen un papel preferente en su vida. / Jesús Signes

Sus nietos tienen un papel preferencial en su vida. Ellos son los reyes, y no los que hay sobre el tablero de ajedrez. En especial la reina, a la que Felipe le ha hecho «su obra maestra» de bricolaje. Villa Bárbara. Una casita de muñecas con el nombre de su nieta a la que no le falta detalle. «Me costó seis meses hacerla, eran fascículos que venían cada 15 días, con su instalación eléctrica, con todo. Por las noches cuando venía de trabajar o por la mañana temprano la iba construyendo, dos o tres horas cada día. Es un puzzle gigantesco, si no pones una pieza donde toca, la de al lado no queda bien. Tiene barandillas, columnas, persianas, ventanas, tejado… de todo. Las tejas son de imitación de pizarra, es como una casa de Suiza o Andorra, de nieve», relata orgulloso. «Mi nieta viene mucho y le encanta, aunque no deja que su hermano pequeño se la toque para que no estropee nada. Se conserva perfecta».

Museos

Historiador, investigador y académico de arte, ha dirigido más de cuatrocientas exposiciones y fue director del Museo de Bellas Artes de Valencia y de El Prado de Madrir.

Su pasión por las maquetas no se queda ahí, ya que le fascinan los trenes eléctricos. «Leo todos los libros que puedo sobre trenes antiguos, máquinas de todos los tipos, tengo uno que me han ido regalando, de vía más ancha, que podría ocupar una habitación entera. Me interesa como juego, pero me encantaría hacer un trayecto en el Transiberiano. En Estambul estuve viendo la estación del Orient Express».

La casita de muñecas que construyó durante seis meses.
La casita de muñecas que construyó durante seis meses. / Jesús Signes

Seguidor del Levante UD, se declara «muy granota», va al fútbol con sus hijos y está disfrutando del Mundial estos días; además le gusta andar por la ciudad, observando la arquitectura y la gente de cada barrio de Valencia. Aunque ha tenido que descansar en los últimos meses, después de que le diagnosticaran una leucemia contra la que está luchando. Por eso se refugia aún más en la lectura, «una obsesión» desde siempre para él. «No me importa pasarme tres horas leyendo. Me gusta mucho la historia, así entiendes mejor el arte y los grandes problemas del hombre en todas las épocas». Asegura que tiene más de 4.000 libros en su casa, «los que más uso y puedo necesitar, sé dónde están casi todos». Donó a la Biblioteca valenciana 14.000 ejemplares, entre los que estaban los de la colección de su padre, quien admite que le influyó de forma esencial en su «forma de ser y de pensar». Ha estado en decenas de países, y aunque fuera por trabajo «siempre sacaba un día para mí y ver cosas de cada ciudad».

Más de Revista de Valencia

Fotos

Vídeos