Mónica Duart, empresaria: «El paso del tiempo me da vértigo»

Mónica Duart recibe a Revista de Valencia en su despacho, en Alginet. Al fondo, una mampara de cristal y los empleados. /Txema Rodríguez
Mónica Duart recibe a Revista de Valencia en su despacho, en Alginet. Al fondo, una mampara de cristal y los empleados. / Txema Rodríguez

Asegura que su agenda es «trepidante», fruto de la combinación de la actividad empresarial con esa faceta social que siempre cuida y ahora resulta aún más intensa como Regina dels Jocs Florals

MARÍA JOSÉ CARCHANO

Aparece Mónica Duart vestida a la última -pantalones de cuero, americana de terciopelo bordada, mechas californianas- bajo un cartel con una de las míticas frases de Steve Jobs, siempre tan inspirador - «la única forma de hacer un buen trabajo es amar lo que haces»-, en su oficina de Alginet. Esta mujer, segunda generación de una familia de empresarios, saca una sonrisa de oreja a oreja al hablar precisamente de la ilusión por su trabajo y se le ilumina la cara al referirse a la expansión de Dormitienda. Tras ella, en su despacho, donde un único cristal la separa de sus empleados, la reproducción de un Pollock; alzando la vista, varias fotografías con sus hijos hechas por su marido, y junto a la mesa de reuniones, las de la familia en el aniversario del grupo, donde el padre, con 71 años, todavía ejerce de pleno como presidente.

-Estudia Administración y Dirección de Empresas. Parece que su futuro ya estaba escrito. ¿Cómo recuerda sus inicios?

-Mi padre vio en el extranjero una tendencia a que los fabricantes de colchones montaran su propia cadena de tiendas y abrió el primer establecimiento en 1996. Tres años después me propuso incorporarme. Y entré con muchísimos sueños, con muchísimas ganas. Fue una época muy bonita, porque yo me he creado mi propio equipo, y siempre digo que he sido cocinero antes que fraile, ya que al principio lo hacía todo yo. Fui vendedora de tienda, formadora, seleccionadora de personal... No teníamos sistema informático e hice hasta la cartelería o los folletos de publicidad. Así que para mí la empresa es como un hijo, la llevo muy dentro de mí.

Mónica confiesa que su padre es un referente para ella.
Mónica confiesa que su padre es un referente para ella. / Txema Rodríguez

-¿Cuánto ha absorbido de ese padre empresario?

-Mi padre es un referente para mí, un hombre hecho a sí mismo que empezó muy joven, una persona muy comunicativa que siempre nos trasladó su pasión por lo que hacía. Nosotros desde muy pequeños hemos vivido la empresa; yo me he criado correteando por los pasillos de la fábrica, los trabajadores nos subían a las 'fenwick' y hacíamos carreras de un sitio a otro. En verano mi padre nos traía a la fábrica y ahora yo lo hago con mis hijos. El día de mañana no voy a presionarles para que sigan con la empresa, porque pienso que deben dedicarse a lo que les guste, pero es una forma de que conozcan esta opción.

-Después de su trayectoria, ¿le ha comentado su padre que no se equivocó al elegirla?

-No sé qué piensa, quizás habría que preguntarle a él. La verdad es que nunca hemos hablado de ello, ahora que lo dice… Yo creo que está contento de que hayamos continuado esa tradición suya que para él empezó desde la nada, que siguiéramos con su misma pasión. Ahora que tengo hijos entiendo que es bonito que valoren el trabajo de los padres. Sobre todo porque no es fácil ser empresario. Yo siempre digo que lo soy las 24 horas del día, no llego a casa y me quito ese rol; a veces hay que hacer cosas para el día siguiente, te mandan un correo electrónico a las diez de la noche, incluso en ocasiones no duermo y sigo trabajando.

-Pero los relevos suelen ser difíciles en muchas ocasiones, por ese choque generacional que se produce.

-Es cierto que a veces tenemos formas distintas de ver las cosas y yo soy muy peleona, defiendo mis ideas. Aunque evidentemente si veo que no tengo razón lo reconozco, soy una gran defensora de mis ideales. Tenemos nuestras discusiones, sí, pero estamos de acuerdo en lo esencial, y cada vez más, porque al principio nos quedaba todo por hacer. Estamos muy unidos, con una mirada nos entendemos e incluso nos leemos el pensamiento.

«Tener al lado a un hombre que comparte tus ilusiones es que te toque la lotería»

-Así que no acaban las comidas familiares con discusiones por la empresa…

-Es que no hablamos del trabajo. No sé si de forma silenciosa lo ha fomentado mi padre, pero no recuerdo discutir en la mesa por ese motivo. Yo creo que sabemos separar perfectamente cuándo somos padre e hija.

-¿Su marido la conoció siendo ya empresaria?

-Sí, y me impulsa a seguir creciendo, me da muchas alas, respeta mi trabajo, me apoya en todo... Eso es muy importante, porque cuando eres además empresaria, mujer y madre se complica conciliar vida personal y laboral. Tener a tu lado a un hombre que comparte tus ilusiones y tus proyectos es que te toque la lotería.

-¿Se ha encontrado con dificultades por ese cóctel del que habla, mujer, madre y empresaria?

-Creo que todavía, desgraciadamente, queda mucho por hacer. Es un hecho que resulta más complicado, nos sentimos con mayor responsabilidad respecto a nuestras familias, sacrificamos más, nosotras mismas pensamos que debemos hacerlo y dejamos de acudir a sitios importantes que podrían impulsar nuestro crecimiento profesional. Cuando hay hijos deberíamos compartir esas responsabilidades con nuestras parejas.

-¿Siente que ha renunciado a mucho?

-He tenido dos niños muy seguidos, se llevan catorce meses, y es cierto que me encontré con dos bebés en dos etapas diferentes; mi hija Valeria empezaba a andar y mi hijo Álvaro acababa de nacer. Más que renunciar, yo creo que lo que he hecho es cambiar prioridades, me he dedicado menos tiempo a mí misma en pro de mis hijos, pero ahora que se van haciendo mayores sí estoy recuperando poco a poco algunas cosas. Por ejemplo, viajo más. Es verdad que soy empresaria y me puedo organizar, y cuando hablo de estos temas no pienso tanto en mí como en muchas personas que tienen horarios muy complicados y les resulta difícil compatibilizar. Sobre todo creo que hay que dar a los hijos momentos de calidad. Si estás una hora al día, que sea buena.

La empresaria trata de no arrastrar a casa los problemas laborales.
La empresaria trata de no arrastrar a casa los problemas laborales. / Txema Rodríguez

-¿Qué significa para usted tiempo de calidad?

-Tener una buena actitud y no llevarte los problemas a casa, que a veces no es fácil, porque llegamos estresados, cansados. O de repente entras por la puerta y recibes una llamada de trabajo cuando lo que quieres es achuchar a tus hijos. Es complicado, pero hay que intentarlo.

-¿Usted siente que lo está consiguiendo?

-Creo que sí. Las madres somos muy duras con nosotras mismas, nos exigimos mucho. Tenemos que empezar a desprendernos de esas losas que nos pesan tanto. Yo estoy aprendiendo a relativizar, a disfrutar de ciertos momentos sin sentirme culpable, por ejemplo en una cena con amigas. Cuando nuestros hijos nos demandan un poco menos hay que ir recuperando poco a poco nuestro espacio.

-Me da la impresión de que esa autoexigencia de la que me habla le viene por un carácter perfeccionista.

-Sí, me considero muy perfeccionista. Fíjese, con mi marido no soy nada controladora pero en el trabajo me gusta supervisarlo todo, estar implicada en los procesos y tirarme al barro. No soy la directora general que no sale de su despacho. Sin embargo, antes me costaba mucho delegar y ahora, por cómo soy yo, lo tengo todo muy protocolarizado y confío mucho en mi equipo.

«Estamos muy unidos, no recuerdo discutir en la mesa por trabajo»

-¿Por qué dice que en el caso de su marido no es así?

-Si él se va de cena le digo: «Pásatelo bien, aprovecha el momento, disfruta». Intentar controlar al otro es algo tremendamente negativo, que coarta la libertad de la pareja y que tenemos que erradicar como sea. Lo importante es dar felicidad y tranquilidad a la persona con la que estás. A ver, como todas las parejas tenemos nuestras cosas. Por ejemplo, aunque estamos bastante de acuerdo en cómo educar a nuestros hijos, los niños son habitualmente fuente de fricción en los matrimonios. Pero bueno, son discrepancias y luego llegamos a puntos en común. Es muy importante tener tranquilidad en casa para desarrollar bien tu trabajo.

-¿Qué me diría él si yo le preguntara cómo es Mónica Duart?

-Creo que Álvaro se siente muy apoyado y comprendido por mí. A lo mejor le diría que soy mucho más permisiva con los niños. Él es más estricto y yo más madraza. Siempre digo: «Déjalo, que es pequeñito».

-Tiene, además, una vida social intensa.

-En realidad no lo es tanto como parece desde fuera. A muchas cosas que me invitan no voy por ese motivo, aunque en otras ocasiones sí lo hago porque me apetecen muchísimo o son de trabajo. Es verdad que este año se va a intensificar mi agenda porque soy Regina dels Jocs Florals pero es que para mí supone un honor muy grande y estoy feliz. En realidad intento pasar todo el tiempo que puedo en casa, llegar a una buena hora, ejercer el papel de madre, estar con mis hijos cuando cenan, acostarlos… Aprovechamos mucho las mañanas porque mis hijos son muy madrugadores y nos quedamos jugando en la cama, desayunamos juntos… Son momentos maravillosos porque a esas horas, además, están muy habladores.

Duart reconoce que le gustaría que sus hijos se esforzaran por perseguir sus sueños.
Duart reconoce que le gustaría que sus hijos se esforzaran por perseguir sus sueños. / Txema Rodríguez

-Claro, a las nueve de la noche una ya no puede más...

-Es cierto. La vida no me da para más. Mi marido me pregunta: «Cariño, ¿cómo estás? Cansada, ¿verdad?» Puedo estarlo más o menos, pero cansada, siempre. Mi agenda de trabajo sí es trepidante. Hay veces que la gente de mi propia central tiene que pedir cita a mi secretaria.

-Después de ver su casa, su forma de vestir, su despacho, está claro que además le gusta la moda y, sobre todo, rodearse de cosas bonitas.

-Cierto. Todo es herencia absoluta de mi madre, que aparte de ser una persona guapísima es muy detallista en su vida privada y muy exigente creando esos ambientes exquisitos, agradables. Ella se cambia tres veces al día y yo me compro ropa para no salir. Además, soy muy ama de casa, me encanta cocinar, hago cocidos, arroces al horno… El lunes llegué a las ocho de la tarde y aún me puse a hacer una coca de llanda con mi hija.

«La vida no me da para más. Puedo estarlo más o menos, pero cansada, siempre»

-¿Qué le gustaría que heredaran sus hijos de todo este cóctel de personalidades?

-Me gustaría que pudieran ser capaces de esforzarse para perseguir sus sueños. Ya sé que es como una frase bonita, pero es que resulta tan cierta... Se dediquen a lo que se dediquen, lo importante es que se esfuercen, porque luchar por conseguir tus objetivos y creer en ellos da mucho sentido a la vida.

-¿Y qué valores deberían coger de su padre?

-Mi marido es muy sensato, yo soy más impetuosa. Esa serenidad me encantaría que la heredaran, reconozco que a veces es mejor parar un poquito. Y él también ha luchado por conseguir lo que quería. Se fue a Estados Unidos a estudiar con 17 años, pero es que además siempre ha sido una persona muy deportista, muy sana. Y eso es también un objetivo. A mi hija Valeria le encanta bailar y yo pondré todos los medios, sobre todo morales, para que continúe. Ya ve, tienen formas muy distintas de ser, ella más disciplinada, Alvarete, un alma libre.

-Si cerrara los ojos y pasaran quince años, ¿qué le daría más miedo?

-Uy, no quiero que pasen. La vejez no, pero sí es cierto que he tenido hijos un poco tarde y quiero mantener la energía por ellos. En ese sentido me da vértigo y al mismo tiempo nostalgia el paso del tiempo. Sin embargo, creo que la edad es un número, y más que una época de la vida es un estado del espíritu. Tengo el ejemplo en casa. Mi padre dice que él hasta los cien no se piensa morir.

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