Puig, presidente tras una investidura que muestra las grietas del tripartito

Ximo Puig, en les Corts./Jesús Signes
Ximo Puig, en les Corts. / Jesús Signes

Oltra reprocha a los socialistas deslealtad en el trato a Compromís y Podemos lamenta que falta un «proyecto real»

Burguera
BURGUERAValencia

Ximo Puig ha sido investido este jueves poco antes de las 18.30 horas. Entre los socios del futuro Consell, los dirigentes de PSPV, Compromís y Unides Podem (la coalición entre podemistas y Esquerra Unida), se respiró con alivio y hastío. La votación se produjo tras seis horas de debate en el que se evidenció que las heridas abiertas no se han cerrado. Cada uno mantiene su posición, la misma que ha provocado que las negociaciones para firmar un programa de Gobierno hayan caminado por el borde del precipicio hasta provocar la preocupación de Ximo Puig, Mónica Oltra y Rubén Martínez Dalmau sobre si la relación entre ellos no quedaría seriamente dañada por el enfrentamiento generado.

El debate del día después al discurso del presidente fue subiendo de temperatura durante la mañana hasta alcanzar casi un punto de ebullición con Oltra. En primer lugar, salió a la tribuna Isabel Bonig, quien mantuvo el tono moderado y serio empleado en la campaña electoral, una apuesta por liderar la oposición desde un perfil institucional. Bonig realizó a Puig duros reproches por su querencia a aceptar propuestas de vinculadas al nacionalismo y la izquierda más radical. Cuando llegó el turno de Toni Cantó, el debate se crispó. El portavoz de Ciudadanos eligió un tono brusco pero hilado. Las formas del dirigente de Cs eran de buen orador, lo que nadie, ni entre los botánicos ni entre sus rivales de la derecha, se discutió. Otra cosa fue el fondo, que molestó especialmente a Puig, quien se lo reprochó. Precisamente, esa réplica dura, la más dura, del presidente de la Generalitat, reforzó la figura de Cantó, que quizá no hizo un discurso contra el tripartito sino a su favor, hacia el electorado del centro derecha. A pesar de que las previsiones de Les Corts, y del propio Puig el miércoles, eran de no extender demasiado el debate, finalmente, la sesión no fue intensiva por la mañana sino que se partió y continuó por la tarde. Pero antes de que se reanudase la sesión vespertina le llegó el turno a Oltra.

La incorporación de Mata al Consell cobra fuerza para que genere consensos entre los socios

La vicepresidenta y el futuro vicepresidente podemista evidencian su falta de sintonía

La vicepresidenta tomó la palabra desde los escaños de Compromís. Defendió la necesidad de pactar, justificó que las negociaciones se hayan dilatado y se arrogó la implantación del mestizaje en el Consell que ahora se renovará con la misma fórmula. Oltra fue punzante, ofreció un argumentario tenso, que reflejó el enfrentamiento que se inició cuando en marzo Puig adelantó las elecciones contra el criterio de Compromís y apoyado por Podemos, a quienes Oltra no lanzó ni un guiño. A pesar de su lamento, el pasado lunes, de la falta de generosidad del resto de socios, ella también realizó un balance de la pasada legislatura sin concesiones. Hablo muy bien de lo hecho por Compromís. Marcó distancias con los socialistas en materias como la colaboración público privada, la tasa turística o la política comercial, y para finalizar, advirtió al PSPV de que estará vigilante en torno a las reivindicaciones al Gobierno central que preside el socialista Pedro Sánchez sobre el nuevo modelo de financiación. Para rematar, realizó un alegato de la necesidad de ser leal. Ahí estaba la carga de profundidad contra sus socios. Diciendo sin decir, aseguró que la lealtad es «cerrar filas siempre», cubrir las espaldas, callar y ayudar y extender las alianzas a los municipios, y mencionó los coqueteos de los socialistas con Cs y PP en Oliva y Sueca. Para acabar, señaló que la lealtad es «decirse las cosas importantes mirándose a los ojos», algo que reprocha desde hace meses a Puig respecto al adelanto electoral. Martínez Dalmau, futuro vicepresidente junto a Oltra, se erigió en el heredero del 15-M, lamentó que el Consell haya abandonado a las comarcas del sur y echó en falta un «proyecto real» para la Comunitat. La sintonía que durante años, en mayor o menor medida, ha presidido la relación entre podemistas y Compromís, estaba ayer en paradero desconocido. El debate previo a la votación que erigió a Puig en presidente lo cerró Manolo Mata, portavoz del PSPV en la que quizá sea su última intervención como tal en Les Corts. Su nombre cobra fuerza para incorporarse al futuro Gobierno como conseller de Obras Públicas. Su capacidad de negociación ha vuelto a sobresalir estos días. En esta legislatura, que todos los socios del Botánico convivirán en el Consell, Puig necesitará un facilitador, alguien que sepa manejar los resortes que ha pulsado desde la Cámara en la pasada legislatura. El nombre de Mata está sobre una mesa, la del futuro Consell, donde se tendrán que sentar socios no bien avenidos.

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