El pacto de Belhot con la fiscalía deja en evidencia al resto de implicados

Joaquín Barceló se acogió a su derecho a no declarar mientras Francisco Grau desvinculó a Zaplana del entramado de empresas

R. V.

Valencia. El pacto suscrito por el abogado uruguayo Fernando Belhot, supuesto testaferro de Eduardo Zaplana, con la Fiscalía Anticorrupción ha dejado en evidencia al resto de implicados en el caso Erial.

Un auto del pasado mes de febrero de la jueza que instruye el proceso fundamenta la mayor parte de las acusaciones contra el expresidente de la Generalitat en la declaración que Belhot realizó por videoconferencia en enero. El abogado uruguayo situó a Zaplana en el centro del entramado de empresas y le atribuyó las principales decisiones en el manejo del dinero.

Fernando Belhot ha suscrito un pacto con la Fiscalía Anticorrupción por el que se ha comprometido a prestar su colaboración con la Justicia y a devolver el dinero conservado en las cuentas. De hecho la magistrada ya ha dictado el auto para pedir el suplicatorio necesario para que se haga la transferencia monetaria.

La abierta colaboración del abogado uruguayo con la Justicia contrasta con el silencio guardado por Joaquín Barceló que en su personación ante la jueza se acogió a su derecho a no declarar. Según la investigación, este íntimo amigo de Zaplana es uno de los intermediarios del exministro para ocultar su vinculación con las cuentas en el extranjero.

También queda en evidencia Francisco Grau, al que Barceló atribuye el papel de artífice del entramado de empresas. En su declaración ante la jueza desvinculó al expresidente de la Generalitat de la supuesta trama. «Si bien Eduardo Zaplana es muy amigo de Joaquín Barceló, no tiene relación con ninguna de las sociedades hasta ahora mencionadas», puntualizó.