Iglesias pone a prueba su liderazgo en Podemos con la segunda investidura

Pablo Iglesias, después de unos intervenciones el día de la investidura fallida de Pedro Sánchez. /Efe
Pablo Iglesias, después de unos intervenciones el día de la investidura fallida de Pedro Sánchez. / Efe

Mantiene la tesis del gobierno de coalición pero ganan espacio los partidarios de un pacto programático con los socialistas

RAMÓN GORRIARÁN y ANDER AZPIROZMadrid

Pablo Iglesias ha salido tocado en lo personal y en lo político de la frustrada investidura de Pedro Sánchez, y ahora tiene por delante dos meses en los que su liderazgo se pondrá a prueba. El secretario general de Podemos se mantiene en su empeño de acordar un gobierno de coalición con los socialistas, pero cada vez son más numerosas las voces dentro de su formación que apuestan por limitar el entendimiento a un acuerdo programático o de legislatura para que Sánchez sea investido e impedir una repetición de las elecciones que puede abrir la puerta a un Gobierno conservador.

 El no a la investidura de Sánchez en marzo de 2016 abrió una crisis en Podemos que enfrentó a Iglesias e Íñigo Errejón. Las consecuencias fueron una purga de los fieles al exnúmero dos del partido y la salida del propio Errejón. Iglesias podría enfrentarse a una situación similar en caso de mantener su bloqueo al candidato socialista, con la diferencia de que ahora Podemos es más débil que hace tres años, cuando soñaba con dar el 'sorpasso' al PSOE. Entonces contaba con cinco millones de votos, sin contar con Izquierda Unida. El 28 de abril, la coalición de Unidas Podemos (Podemos, IU y Equo), se quedó en 3,7 millones de votos y 42 diputados, 30 menos que en la pasada legislatura.

Iglesias se siente humillado por el veto personal impuesto por Sánchez a su entrada en el Consejo de Ministros, pero tampoco ha salido bien parado en el terreno político porque el fracaso ha aflorado las diferencias internas. La potente federación andaluza controlada por la familia anticapitalista, Izquierda Unida y Equo han reclamado sin tapujos un acuerdo «a la portuguesa» con el PSOE. Apoyos parlamentarios externos con una base programática y sin entrar en el Gobierno. La disyuntiva, afirman, no puede ser coalición o ruptura, sobre todo porque la oferta de una vicepresidenta y tres ministerios ya no va a estar sobre la mesa.

Este análisis también es compartido por un sector nada despreciable de las bases de Podemos. El 30% de los votantes en la consulta interna celebrada hace diez días rechazó que el gobierno de coalición sin cortapisas fuera la única alternativa, y apoyó la fórmula del acuerdo programático con puestos intermedios en la administración para dirigentes de Podemos. A medida que se acerque el 23 de septiembre, el número de militantes a favor de investir sin más a Sánchez irá en aumento ante la amenaza de una repetición electoral que podría desembocar en un gobierno de PP y Ciudadanos, apoyado por Vox. Así lo reconocen incluso en la dirección del partido.

La revuelta interna no quita horas de sueño a Iglesias porque es improbable, le inquieta la rotunda oposición de los anticapitalistas a un Gobierno con el PSOE. «No estamos de acuerdo con que haya un pacto de gobierno pero sí con que hay que frenar a la derecha y se puede hacer poniendo los proyectos políticos encima de la mesa», señaló el viernes la presidenta del grupo parlamentario de Adelante Andalucía, Ángela Aguilera.

La irrupción de Garzón

IU es otra fuente de preocupaciones para el líder de Podemos. Las relaciones no pasan por el mejor momento. Se pudo comprobar en las elecciones autonómicas del 26 de mayo, cuando concurrieron con listas separadas en Asturias y Aragón. Pero sobre todo en la dirección de los morados no gustó que Alberto Garzón se inmiscuyera en las últimas horas de la negociación con una mediación con la ministra de Hacienda, María Jesús Montero.

Garzón, que también está en la tesis del pacto «a la portuguesa», saltó a la arena negociadora porque teme una repetición electoral. De llegar a ese escenario, tendría difícil que las bases de IU ratifiquen el acuerdo con los de Iglesias, un entendimiento cada día con más detractores internos. Y de conseguirlo, los seis diputados que tiene ahora IU dentro de Unidas Podemos menguarían por el previsible retroceso electoral de la alianza.

Equo no tiene un gran peso en el conglomerado, cuenta con un solo diputado, pero todo suma. Las bases de la formación ecologista también apoyaron en una consulta interna el apoyo a la investidura con un acuerdo en torno a un programa y sin entrar en el Gobierno.

Luego está el factor Errejón. En una nueva convocatoria electoral el partido del que fuera número dos de Iglesias podría entrar en liza, y su granero de voto es el de Unidas Podemos.

Un escenario complejo para el líder de los morados y que va a poner a prueba su liderazgo, por ahora incólume pese al fracaso de la negociación, pero que puede verse comprometido.